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EDICIÓN | Febrero 2015

Delicia natural

Helados artesanales Diavoletto
Delicia natural

Sus cremosos helados con trozos de frutas tienen cerca de cuarenta años de trayectoria y sus dueños, a la cabeza del negocio hace más de veinticinco, se han encargado de mantener el sabor original de una receta que guarda un secreto. Es la historia del manjar de los serenenses y el recorrido de una empresa que ha crecido con tesón.

por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.

Cuenta un relato medieval que Diavoletto era un joven travieso que llegó hasta un pueblo de la provincia de Vincenzo, Italia. Los habitantes de esta comarca estaban tristes, porque Rocco, el pastelero, era un gordo cascarrabias que a nadie convidaba sus exquisiteces. Diavoletto se convirtió en su ayudante y mientras Rocco dormía, él fabricaba deliciosos pasteles, tortas y manjares. La producción aumentó y el pastelero, aconsejado por el joven, se vio en la obligación de abrir las puertas de su pastelería. Los elogios y la alegría del pueblo comenzó a traspasar las fronteras, pues todos querían probar estas delicias. En símbolo de gratitud, Rocco y los pobladores, bautizaron a la tienda como Diavoletto….

Y la historia no concluye aquí. Hace más de cuarenta años, Diavoletto llegó hasta La Serena con la idea de alegrar los corazones y sorprender los paladares, con sus más exquisitas y dulces creaciones.

A principio de los setenta, tres emigrantes italianos se instalan, por primera vez, con la heladería Diavoletto. Dos años después, la venden a Claudio Castillo, hermano de Alberto, con propiedad, recetas y nombre incluido.

Una década más tarde, Alberto Castillo (empresario minero) y su mujer, Silvia Echeverría, toman la decisión de comprar la heladería y crean una nueva sucursal en Copiapó. Desde entonces, ambos se han ocupado de dar continuidad a una tradición serenense con origen italiano.

Probar los helados de Diavoletto se ha convertido en un acto imperdible para quien visita La Serena y, para quienes habitamos en la ciudad en una tentación irresistible.

¿A qué se debe la trayectoria de Diavoletto?
A: Utilizamos un tipo de máquina que ya no se encuentra en el mercado. Es lo mismo que hacía el maestro artesanal cuando batía con el palo de madera. Nosotros hacemos un helado sólido, es decir, un litro pesa casi un kilo, en cambio, los otros helados tienen un peso real de quinientos gramos. La diferencia está en que esta máquina no inyecta aire, por lo tanto, no aumentamos el volumen del helado de manera artificial y conservamos su calidad.

¿Los productos e insumos también son naturales?
A: Todo es natural. Usamos leche pasteurizada que, además, la volvemos a pasteurizar con una máquina especial que tenemos para ello. Esto lo hacemos por mayor seguridad.

¿Han mantenido entonces, la maquinaria antigua?
S: Así es. Nuestras máquinas para fabricar los helados son casi una reliquia, porque hoy, solo existen las que inyectan aire. Nosotros hemos mantenido la calidad de nuestros productos, desde su origen. A: Tenemos dos fabricadoras de crema, que es la base de nuestros helados. Luego, se mezcla con la fruta.

¿Aplicar trozos de fruta es el sello clásico de Diavoletto?
S: La fruta de estación es nuestra característica y el Diavoletto es el helado madre, que lleva trozos enteros de frutilla y crema. Para esto usamos frutilla hidropónica. El helado con trozos de papaya, también es muy reconocido y cotizado.

¿Mantienen fruta de temporada durante todo el año?
A: Sí, porque la congelamos, es el caso de la chirimoya o frutilla. Toda la fruta se lava muy bien, se desinfecta y luego se guarda.

HELADOS ¡TODO EL AÑO!

Silvia disfruta la cocina y se involucra en todos los quehaceres. Alberto se encarga de la administración y de las compras. Son padres de dos hijos y abuelos chochos de un nieto, el pequeño Vicente. Ambos se han esforzado por mantener la particularidad de Diavoletto. “Nosotros ofrecemos el helado fresco. Todos los días del año se fabrican y las máquinas no se detienen. No guardamos en stock, porque el helado pierde su sabor original”, afirma Alberto.

¿Me imagino que los helados tienen su secreto?
S: ¡Por supuesto! Pero eso no se cuenta (risas)

¿Y cómo aplican la receta italiana?
A: La base italiana la usamos en dos tipos de helados: yogur y tarta de queso. Después, le agregamos los otros productos de nuestra elaboración.

¿Cuántos sabores de helados tienen?
A: Tenemos más de cincuenta fórmulas para hacer diferentes tipos de helados, pero nos enfocamos en veinticuatro sabores… en los más tradicionales.

¿Y los que más se venden?
S: El helado con trozos de frutilla y el de papaya llevan la delantera. Los otros son el de manjar nuez, lúcuma, chirimoya, crocante, canela, frambuesa, alcayota nuez y milhojas. En Navidad vendemos bastante el helado de pan de pascua y el de cola de mono.

¿Les ha resultado innovar con otros sabores?
S: Hemos innovado en sabores… se venden igual, pero no con la misma velocidad de los otros. Finalmente, la gente se acostumbra y siempre pide lo mismo.

CLIENTES FIELES

Con el tiempo, Alberto y Silvia ampliaron la heladería con un salón de té. Deambularon por varios locales de la ciudad, hasta que hace tres años pudieron comprar la propiedad donde está el negocio, en pleno centro de La Serena. “Una gran amiga nuestra, la “Cuca”, dueña del conocido restaurante de parrilladas en Santiago, nos motivó a comprar esta casa, incluso fue ella quien nos prestó el dinero, mientras tramitábamos el crédito con el banco. Es una gran tranquilidad sentir que después de tantos años, hoy contamos con nuestro propio negocio”, comenta Silvia.

¿Pero los clientes, los siguen a donde estén?
S: Durante catorce años, una pareja de abuelitos venía a almorzar todos los días a nuestro local. Ellos, lamentablemente, fallecieron y los extrañamos mucho. Esto demuestra la fidelidad de nuestros clientes. Hay turistas que nos visitan todos los veranos… es que son muchos años de clientela y ya son parte del negocio.

¿Y el equipo de trabajo, también se ha mantenido?
S: Catorce personas trabajan con nosotros y la mayoría, son mis hermanos. Por eso digo que es un trabajo familiar y varios de ellos están con nosotros desde que partimos. De eso somos muy agradecidos.

¿También dieron la posibilidad de trabajo a una joven con Síndrome de Down?
A: La Claudita es hija de un amigo y está con nosotros hace más de veinte años. Estaba con depresión, muy triste y Silvia la invitó a trabajar a la heladería, ¡le cambió la vida! S: Ella entrega las cartas y ayuda en todo lo que puede. Es súper trabajadora y se desenvuelve muy bien.

¿El recorrido de Diavoletto ha sido de arduo trabajo y esfuerzo?
S: ¡Mucho sacrificio! Además, soy trabajólica y me gusta estar en todo. Con el tiempo hemos aprendido a darnos un descanso. Después de que a Alberto lo operaron del corazón y nació mi nieto, cambiamos la rutina. No abrimos los domingos y tampoco trabajamos los feriados. A: Este trabajo nos ha dado grandes satisfacciones. Trabajar independiente es un privilegio, pero también requiere mucha perseverancia.

¿Tienen otras aspiraciones, respecto al negocio?
S: Yo sufro de fibromialgia y este trabajo me mantiene activa, si no estuviera aquí mis dolores serían más profundos ¡No podría vivir sin este negocio! A futuro me gustaría que mis hijos y mi nieto, Vicente, a quien le gusta ayudarme en la cocina, continúen con esta tradición. A: ¡Este negocio ha sido nuestra vida! Me habría gustado expandirme a otras ciudades, pero después pienso en todo lo que significa y me quedo tranquilo.

 

“La fruta de estación es nuestra característica y el Diavoletto es el helado madre, que lleva trozos enteros de frutilla y crema”, Silvia Echeverría.

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