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EDICIÓN | Febrero 2015

Alta precisión

Manuel Sánchez Maturana, tiro al blanco
Alta precisión

Por diecinueve años consecutivos ha sido campeón nacional en su especialidad y, el año pasado, obtuvo medalla de oro en los Juegos Sudamericanos de Santiago. Con una postura crítica ante la falta de apoyo que recibe su deporte, no pierde las esperanzas de que, en un futuro, las cosas mejoren. Mientras, vuelca su experiencia en formar nuevos campeones para Chile.

por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.

El tiro al blanco no es un deporte masivo y, menos, conocido. Es un verdadero arte competitivo que implica equilibrar la respiración, concentración y la relajación para alcanzar, a través de un arma, el blanco y con ello, los ansiados 10,9 puntos, exigidos en los certámenes internacionales. Es una actividad psicomotriz de actuación en solitario, pero en la cual se interactúa junto a otros deportistas de manera simultánea.

La especialidad de Manuel Sánchez (56) son las armas libres. Para ser más específicos, 10m Pistola Aire y 50m Pistola Libre, con la cual salió campeón de los Juegos Sudamericanos 2014.

Un deporte de alta precisión que se desarrolla en un polígono, donde cada jugador se prueba a sí mismo y compite por ser el mejor. A nivel nacional, quienes lo practican no superan las veinticinco personas por su elevado costo y porque resulta casi imposible vivir de él. A esto se suma, como indica el deportista, que en Chile el apoyo a la disciplina no está a la altura de los grandes competidores.

Manuel no es una persona que pase inadvertida Es un hombre de particular imagen. De mediana estatura. Luce una larga cabellera canosa y su diente de oro llama la atención cada vez que muerde la presea y se alista para disparar. Es sencillo, carismático y de trato amable. Es un hombre perseverante que ha sabido de dulce y agraz en la vida, que se ha parado con la frente en alto, sobrellevando grandes dolores, como también gratas vivencias y emociones.

OJO BIÓNICO

Su pasión por la disciplina se remonta a su niñez. Nacido en el patrimonial campamento de Sewell, en la cordillera de la Región de

Rancagua, este hijo de minero descubrió por casualidad su pasión por las balas. Recuerda que sus únicas entretenciones eran jugar con la nieve. Un buen día, a sus siete años, su padre le regaló un rifle a postones para Navidad, que en tamaño era más grande que él.

¿Qué hace un niño con un rifle?
Mi padre me conocía muy bien. Sabía que yo era inquieto, pero también perseverante. En Sewell nevaba casi todo el año, así que este regalo era magnífico. Mis primeros disparos los hice a los focos de los postes de la luz. Mi padre no creía que yo lo hubiese hecho, pero después fueron a decirle que tenía que responder por los daños ocasionados, ahí recién creyó. Mi segundo intento, fue disparar a las piernas de las niñas que salían del liceo y que pasaban por el frente de mi casa. Desde la ventana yo apuntaba y les daba con mi arma. Hasta ahí llegó mi libertad para usar el rifle. Siento que esos episodios me marcaron, reflejan mis inicios y mi gusto por la puntería.

¿Cuál fue el castigo?
Me quitaron el rifle y no volví a usar uno hasta los diecisiete años.

¿Qué fue de tu vida durante ese tiempo?
Quise ser cura y me internaron en San Francisco de Mostazal, pero cuando me quedaban como dos años para recibirme, desistí. Luego, di la Prueba de Actitud Académica y me vine a La Serena a estudiar Pedagogía en Artes Plásticas.

¿Cómo fue tu reencuentro con la puntería?
Vivía en Coquimbo, en la casa de una tía. Una tarde, cuando me fui a los juegos Diana que quedaban en el sector El Llano, me encontré con un juego de tiro al blanco. Desde que me habían regalado el rifle y luego quitado, nunca más había vuelto a disparar. Estaba rodeado de primos más pequeños ¡Cada tarro era un premio!, así que imagínese el alboroto. Los pequeños que estaban ahí me decían el “ojo biónico”.

De repente, apareció un señor y me dijo: “¡veo que te gusta disparar!, ¿quieres hacerlo de verdad?”. Al día siguiente me pasó a buscar a las ocho de la mañana, y me llevó al polígono de tiro en La Cantera de Coquimbo.

MÚSICA PARA LOS OÍDOS

Desde aquel día, la historia del deportista se comienza a forjar como una disciplina. En aquel escenario, mostró su mejor repertorio con el rifle. Sin experiencia alguna, entre nerviosismo, escuchó las instrucciones y se lanzó a dar en el blanco. Era un diamante en bruto, una piedra preciosa que no tardaron en pulir.

¿Cómo recuerdas aquel día?
Me dieron las instrucciones principales. Me recosté en el suelo, boca abajo. Solo escuchaba que me decían que controlara la respiración. Cuando llegó mi turno, empecé a disparar. Eran once balas y le di a diez. Como desconocía el juego, pensé que había perdido. Nadie creía que era la primera vez que disparaba en un polígono. Desde ahí no pare más. Yo escuchaba como fusiles militares, eso era como música para mis oídos.

¿Qué sucede en ti cuando practicas el tiro al blanco?
Es saber ganarse a sí mismo. El entorno no importa. Eres tú y el rifle para alcanzar la puntuación máxima. Debes aprender a concentrarte y respirar.

¿Cómo te ayudas para dar en el blanco?
En mi caso, me ayudó la natación, judo, box, karate, voleibol y básquetbol. También estudié un año yoga para bajar mis pulsaciones, luchar contra las ansiedades y lidiar con los problemas cotidianos que uno pueda tener.

DEJAR UN LEGADO

En la vida de Manuel, cada día es un entrenamiento. Debieron pasar años para asumir que si quería ser campeón en su disciplina debía dedicarse ciento por ciento a ella. No fue fácil la decisión. Tras graduarse de profesor, en 1983, con título en mano, debió regresar a la Región del Libertador para ejercer en tres colegios de Rancagua hasta 1990, pues había una esposa e hijos que mantener.

La distancia con su familia, que permanecía en Coquimbo, lo hizo retornar al puerto e innovar en el rubro de la construcción. Reconoce que su familia ha sido su pilar fundamental en la toma de decisiones.

Durante todos estos años, Manuel se las arreglaba entre el trabajo y las competencias. Recuerda cómo un día pasó de la gloria a convertirse en un cesante. “Tras volver, con el segundo lugar en los Odesur de Medellín 2010, me echaron de la constructora en la que trabajaba. De hecho, fue mi propia señora la que me lo notificó, porque ella también trabajaba ahí”.

¿Ahora vives del tiro al blanco?
Vivo en parte gracias a las medallas obtenidas. En Chile es difícil, falta apoyo. En Sudamérica los países potencia de este deporte son: Brasil, Venezuela, Colombia y luego Chile, gracias a mí, que he sido ocho veces campeón sudamericano y récor en mi especialidad. A nivel europeo, lideran los japoneses, alemanes y rusos.

¿En qué momento llegas a ser profesional?
Me queda mucho para llegar a ser profesional porque no tengo todos los medios físicos y económicos para lograrlo. Por ejemplo, no puedo gastar en un arma que me sale casi dos millones de pesos. Es un deporte caro, de elite. Sin embargo, no pierdo las esperanzas y vuelco mi experiencia en entrenar y formar a nuevas generaciones. Yo ya soy un longevo y quiero dejar un legado.

Como profesor ha ayudado mucho a los estudiantes. “Los preparo para que alcancen el equilibrio entre la respiración, la relajación y la concentración. A varios los hemos incentivado a practicar este deporte y lo hacen felices, pero cuando dan la PSU, los perdemos porque se van a estudiar. Algunos lo retoman, una vez que ya son profesionales”.

“HÉROE DEL DEPORTE”

A los premios ya mencionados se suman las veinticinco medallas obtenidas a nivel mundial, ocho medallas de oro en Sudamérica y el haber llegado hasta cuarta posición en los panamericanos.

Pero sin lugar a dudas, el momento de mayor esplendor de Manuel Sánchez fue el premio otorgado por el diario La Tercera como “Héroe del Deporte”, escogido por votación. “Viajé a Santiago a la ceremonia de premiación sin saber que había ganado. Vi la votación hasta que iba tercero, pero después dejé de seguirla. Me avisaron que no podía irme, que tenía que esperar. Recién ahí sospeché algo”, comenta el deportista chileno más longevo en alcanzar una medalla de oro en el certamen subcontinental; también ha ganado por cuatro años el Premio del Círculo de Periodistas de Chile.

En el Club de Tiro Manuel Rodríguez, de La Serena, sigue entrenando, a costa de esfuerzo y sacrificio, proyectando su carrera a seis o siete años más. Su vida es el tiro al blanco. Las armas, sus herramientas para sortear los más diversos obstáculos, y los disparos, las sinfonías que lo llenan de vida.

 

“… no pierdo las esperanzas y vuelco mi experiencia en entrenar y formar a nuevas generaciones. Yo ya soy un longevo y quiero dejar un legado”.

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