Palabra extraordinaria, llena de simbolismos éticos, poéticos, religiosos, políticos, la lista puede ser muy larga, sin embargo, no deja de ser un tema, constante y latente en el cotidiano. Somos espectadores en directo, tomamos palco y perdiendo la capacidad de asombrarnos, vemos cómo la verdad se esconde.
Nada fácil si entendemos que esta dependerá de la realidad o el punto de vista, educación, religión de quien la proclama. Nada fácil, concepto absolutamente abstracto. Así podemos referirnos a las verdades acomodadas, como el financiamiento de determinadas campañas políticas. Casos en que, incluso se innovó con un sinónimo, ¡verdad igual a error! ¿Curioso no? “Cuando el dinero habla, la verdad calla”. ¡Casi una máxima!
Hay otras verdades que no obstante son conocidas o a las menos sospechadas, nunca son develadas, lo que atenta contra la libertad, el derecho de conocimiento y expresión. También atenta contra nuestra capacidad de ser más humanos. De esa manera, el silencio de la verdad nos comienza a abrazar sigilosamente hasta convertirse en un misterio.
Misterios que, posteriormente, son contados por algún cronista en hojas mezcladas de ficción.
Dentro de todos estos enredos y mentiras, verdades ocultas o errores, me pregunto si conoceremos algún día lo que ocurrió con los estudiantes mexicanos ¿o simplemente pensaremos que sus cenizas navegan en algún río? Si conoceremos lo ocurrido a Jorge Matute justo ahora que aparecen más antecedentes ¿o estos nuevamente serán archivados? Si conoceremos lo ocurrido con el fiscal Nisman o, tal como dijo la presidenta de Argentina, ¿creeremos que fue un suicidio a pesar de que sus manos estaban libres de pólvora?
Verdad, yo te abrazo gritando, no quiero silencios que me otorguen.