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EDICIÓN | Febrero 2015

Los escenarios del Festival de Viña del Mar

Rodrigo Pereira González, estudiante de Magíster en Gestión Pedagógica y Curricular, UNA B. Licenciado en Educación y Profesor de Historia y Geografía. Investigador Archivo Histórico
Los escenarios del Festival de Viña del Mar

Como cada mes de febrero, desde 1960 hasta hoy, en nuestra ciudad se lleva a cabo el Festival de la Canción de Viña del Mar. La Quinta Vergara ha sido el espacio en el cual se ha albergado por más de cincuenta años el certamen; no obstante, durante la década de los sesenta los cambios estructurales permitieron la consolidación de una tradición de la ciudad

En 1960 nace el festival como un complemento a la Feria de Viña del Mar, la que ya tenía algunos años como panorama del verano para los visitantes y habitantes de la ciudad. A un costado del Palacio Vergara se instaló una improvisada tarima cubierta de cholguán al aire libre, en la que entre el 21 y el 28 de febrero se presentaron más de noventa canciones competidoras, las que tenían por tema central la ciudad de Viña del Mar. Los jardines de la Quinta Vergara sirvieron como improvisadas galerías, además de las sillas que muchos asistentes llevaban para apreciar el espectáculo.

El éxito que supuso aquel primer festival y el buen recibimiento que tuvo la convocatoria a un nuevo certamen, permitieron forjar un segundo Festival de la Canción de Viña del Mar. De la modesta tarima de cholguán que hizo la labor de albergar las canciones de la competencia de 1960, se pasó a una estructura metálica con ángulos Dexion, forrada en cholguán. Se trataba de un escenario provisorio, el cual fue donado a la municipalidad por una firma comercial, instalándose en una pequeña plaza de juegos infantiles que existía en las inmediaciones del actual anfiteatro de la Quinta Vergara. El escenario provisorio estuvo presente entre los años 1961 a 1963, por donde pasaron cientos de canciones en competencia, consolidando a la vez grandes artistas populares y folklóricos, además de importantes animadores, como Ricardo García y Raúl Mattas. En 1963 se empieza a potenciar el festival, destinándose mayores recursos a la competencia y la promoción del mismo. Además de las sillas plegables y jardines donde se emplazó el escenario, la ladera del cerro sirvió como una improvisada galería, especialmente la noche de premiación y clausura del año 1963, cuando los asistentes de vermut no se retiraron y la Quinta Vergara colapsó en su capacidad.

A petición del alcalde Gustavo Lorca Rojas, se inicia, en el año 1963, el proyecto de construcción de un anfiteatro en las inmediaciones de la Quinta Vergara, a cargo del arquitecto Hernando López. El colosal anfiteatro contaba con un escenario de mayor envergadura, camarines para artistas y, por primera vez, contaría con graderías fijas para la mayor parte del público asistente. Durante casi cuatro décadas, este escenario se convirtió en un ícono de la ciudad y recordado por todos, pues la denominada “Concha Acústica” vio pasar sobre sus tablas a grandes artistas y animadores. Y por qué no decirlo, las transmisiones televisivas, con el pasar de los años, terminaron de consolidar el fenómeno de las noches de febrero de Viña del Mar.

 

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