La sentencia de arriba fue el título que Bobby Keys timbró en su autobiografía. Quizás su nombre no diga demasiado. Pero en el mundo del rock, la figura de este tejano de setenta años fallecido en diciembre, encarna a uno de los más salvajes músicos de sesión y acompañamiento de todos los tiempos.
Especialista en saxo, es el responsable tras el bombástico arreglo de Brown sugar, uno de tantos clásicos de The Rolling Stones. Y aunque colaboró con leyendas como Eric Clapton, John Lennon, George Harrison y Joe Cocker, fue junto a la banda británica donde alcanzó sus mayores glorias.
Bobby Keys nació en Texas el 18 de diciembre de 1943, el mismo día que el guitarrista de los Stones, Keith Richards, quien no solo se sintió hermanado siempre por ese detalle, sino por las debilidades compartidas: las drogas y los desmadres. Richards admiraba, además, que Bobby había militado en The Crickets, la banda liderada por uno de los padres del rock & roll, Buddy Holly. A su vez Bobby, cuando conoció a los Stones en 1964, sintió que su mundo cambiaba. “El panorama musical en EE.UU., todos aquellos ídolos de las adolescentes con sus pelos perfectamente cortados y esa pinta de niños buenos (…) ¡todo eso se fue a la mierda cuando aparecieron estos tipos!”.
Entre 1969 y 1973 Bobby Keys no solo tocó en algunos de los mejores álbumes de The Rolling Stones, contando Sticky fingers y Exit on main street, sino que participó de las giras correspondientes, consideradas las más salvajes. Mientras Keith Richards era su compinche, Mick Jagger apenas lo masticaba y logró despedirlo tras ausentarse de varios conciertos. Solo en 1982 pudo volver con ellos, cuando su ritmo de carrete había descendido. De todas formas, los excesos le pasaron la cuenta. Murió de cirrosis.