La arena política fue, por treinta y dos años, un terreno conocido para este hombre de voz profunda y conversación amena. Durante todos estos años, desarrolló en forma paralela un trabajo académico potente, que hoy copa gran parte de su ajetreada agenda. Antes de dejar la Cámara Alta ya había publicado algunos libros y tenía una importante vinculación a nivel internacional, un cambio progresivo que hoy le entrega grandes satisfacciones y le permite concentrarse en nuevas líneas de investigación y enfoques de proyección para la industria minera.
por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Sale en bicicleta por las mañanas, con el computador en la mochila, dispuesto a empezar su jornada laboral frente al mar. Mientras pedalea, fluyen las ideas, repasa los nuevos marcos teóricos y visualiza cómo sería nuestra zona si de verdad asumiéramos nuestro potencial. Carlos Cantero disfruta cada minuto de esta nueva etapa de su vida, donde dejó atrás la política y se dedicó de lleno a su actividad académica y la consultoría, espacio donde declara sentirse pleno y con total libertad de acción para aportar al desarrollo de su querido Desierto de Atacama.
Hoy está concentrado en distintas e interesantes líneas de investigación, como la gestión del conocimiento y un nuevo enfoque para la industria minera, que apueste por una mirada inclusiva, que acorte las brechas y disminuya las asimetrías impuestas por un modelo que califica como egoísta, centralista y obsoleto.
Comenta que se encuentra trasvasijando todo su conocimiento y experiencia para entregarla a las nuevas generaciones, a través de una especie de mentoring. Todo este saber también lo entrega ad honorem al servicio público, integrando la Comisión Presidencial para la Descentralización de Chile, de la mandataria Michelle Bachelet. Además, colabora con la alcaldesa, Karen Rojo, como miembro del directorio de la Corporación de Desarrollo Social de Antofagasta, lo que se suma a una cargada agenda de asesorías, congresos e investigaciones que apuntan a generar un pensamiento disruptivo que acerque la región al desarrollo y equidad social.
¿Cómo ha sido este paso de la esfera política a lo académico?
Toda mi carrera política la consideré una etapa de aprendizaje y de preparación. Partí como alcalde y en ese cargo me titulé de geógrafo. Luego, cuando fui diputado, saqué mi máster en sociología. Como senador seguí estudiando y realicé mi doctorado en dos universidades españolas. El Diplomado en Estudios Avanzados que es la habilitación para poder ser candidato a doctor, lo hice en la Universidad de Granada y luego la tesis doctoral con viajes de idas y venidas la hice en la UNED, la segunda universidad más relevante en España. Siempre me preparé para este momento en el que saldría de la figuración política para pasar a un rol distinto.
¿Cómo definiría su paso por la política?
Soy un agradecido de la ciudadanía que me honró con su confianza por tantos años. Me he alejado orgulloso, con una trayectoria ejemplar. Mi ejercicio político fue de gran transversalidad, siempre dispuesto a colaborar con diversos sectores. En los últimos cuatro años empecé a preparar una etapa de salida, anunciando que estaba cansado, que quería tomar un receso, que quería desplegarme en lo académico y la consultoría.
¿Cómo lleva toda la experiencia de la política en esta nueva etapa?
Esta es una etapa de traspaso de toda la experiencia que acumulé a otra generación (liderazgo), a actores de la empresa (consultoría) y la sociedad civil ayudando en distintos roles (ideas). Trabajo en el mundo de las ideas, pero, además, estoy en el mundo de las redes, entre las que destacan España, Finlandia y Suecia. He tenido una intensa y rica agenda académica intelectual con actores del mundo global, con mis idas y las venidas de mis amigos europeos.
LÍNEA DE PENSAMIENTO
Hoy cuenta con variadas publicaciones, una amplia red de contactos con actores de Finlandia, Suecia y otros rincones del mundo.
Además, preside la Corporación Desierto de Atacama, que tiene como objeto promover la ciencia y la cultura en la Región de Antofagasta.
Dentro de su investigación figura la industria minera, ¿en qué consisten estos estudios?
Una de las líneas de pensamiento que estoy desarrollando es entender lo que pasa en la industria minera y lo que estoy trabajando es el modelo de desarrollo de la minería. Estoy convencido que el modelo del cluster está caduco, no da cuenta de la realidad y problemáticas actuales. Es un concepto que Michael Porter propuso en los años ochenta, eminentemente empresarial en función de la “concentración geográfica de empresas y agentes relacionados que compiten en el mismo sector de operaciones, generando economías de escala”, concepción que no tiene nada que ver con la realidad y la sociedad que vive nuestra zona y el mundo treinta y cuatro años después.
¿Cuál es la tendencia actual?
Hoy se habla de los ecosistemas industriales o de innovación, enfoque sistémico relacional basado en la complejidad, que rompe la linealidad y el sentido centralista que tiene el concepto de cluster y su carácter auto referente desde la industria. Espacios geográficos industriales que se sobreponen responsablemente al ecosistema natural, que destacan por la gestión y generación de conocimiento, consolidación de tecnologías y ciudadania activa, participativa y comprometida, como concurrentes relevantes. En este nuevo modelo, hasta el más humilde de los miembros del ecosistema puede tener una gran relevancia si se dan las condiciones y en consecuencia, hay un concepto de regiones inteligentes, que aprenden socialmente y en forma colaborativa y distribuida.
¿Esto tiene que ver con la capacidad de las personas de innovar y participar dentro de la industria y su entorno?
Eso tiene que ver con la revolución de las tecnologías de información y las nuevas formas de comunicación que hacen que el centro cambie hacia donde se están gestando los procesos, hacia donde está el conocimiento. Además, la asimetría que existía entre una empresa minera y un grupo de ciudadanos hoy se rompió, la comunidad está empoderada, puede tener alta convocatoria, poner en jaque al sistema y lograr reacciones que, incluso, involucren institucionalidad.
¿Cuáles son las características de este nuevo modelo?
Hemos visto cómo nace una nueva forma de vincularse y relacionarse entre los actores que componen lo que llamamos un “ecosistema de innovación compleja”, que en el caso de industria minera es mucho más complicado de lo que creemos, más sensible de lo que imaginamos, que posee mucho más actores en el sector. Se requiere cambios en la mirada de la industria minera hacia un modelo de desarrollo más inclusivo.
Planificar un proyecto minero implica la mirada de largo plazo, pero ¿qué pasa cuando en ese período se suscitan estos cambios de paradigma que usted señala?
Los proyectos mineros muestran gran capacidad y competencias ingenieriles, pero, al mismo tiempo, gran ineptitud en competencias sociales. No se está decodificando adecuadamente el cambio de paradigma en la sociedad. Otro problema es que vivimos en una cultura extremadamente centralista, alienígena (de alienados), marcado por decisores foráneos a esta zona y ajenos a nuestra realidad, que no tienen ningún interés en entender la idiosincrasia regional. La gente lo que quiere es empezar a sentirse más respetada, considerada, con mayores espacios de participación. Se está produciendo un agotamiento de las relaciones basadas en responsabilidad social empresarial mediocre. La gente quiere compromiso real.
¿Cómo se puede trabajar en torno a un mayor compromiso?
Hay buenos ejemplos de RSE; uno de ellos es la inciativa de una empresa que ha poblado el borde costero de canchas deportivas de alto estándar mundial, abiertas a toda la población. Pareciera que ese es el camino y no estar pagando favores ni haciendo tráfico de influencias, sino que aportes que demuestren compromiso con la región, con su gente y con un espacio de tiempo mucho más prolongado que el horizonte de una gerencia o un proyecto.
¿Una visión de mayor plazo también se asocia a una responsabilidad social que apueste por la instalación de competencias y que promueva la innovación?
En eso precisamente consiste un ecosistema de innovación o industrial. Esa es otra línea en la que estoy trabajando, donde sostengo que estamos anclados en un pensamiento mediocre, alienígena, siguiendo pensamientos de la década de los ochenta, con instituciones regionales que son esclavas de ese pensamiento y castradas en su proyección. Creo que hace falta pensamiento disruptivo. A nivel nacional estamos anclados al centralismo y en la minería hay miopía economicista. Considero que es un error estratégico seguir anclados a la utopía de encadenar (hacia delante) la industria minera hacia la transformación del cobre. Veo difícil que nos transformemos en productores de cañería, porque competir con los asiáticos resulta realmente titánico. Sostengo que por la vía de los hechos, lo que se está produciendo en el norte de Chile es un encadenamiento de la industria minera hacia atrás.
¿En qué consiste la estrategia del encadenamiento hacia atrás?
Hasta ahora han sido estériles nuestros deseos de encadenar hacia delante. No me opongo a que se siga intentando. Solo pretendo llamar la atención en el sentido que la mayor generación de riqueza y valor agregado derivados del proceso industrial minero, lo estamos desarrollando en procesos del encadenamiento hacia atrás. A modo de ejemplo, por la biotecnología somos líderes mundiales en cultivo de bacterias que procesan cobre; hemos empezado a tomar el liderazgo de energías renovables no convencionales; estamos innovando con agua de mar en los procesos minero-industriales; empresarios de la industria metalmecánica de nuestra región generan productos de tolvas de camiones que compiten con éxito en mercados a nivel global; hemos venido incorporando una lógica de capital humano muy relevante, las universidades están empezando a tener programas de magíster y doctorado en torno al complejo industrial-minero y eso me hace sentir muy esperanzado del futuro.
¿Qué falta para introducir más elementos disruptivos que promuevan un desarrollo en la industria con un impacto positivo en la comunidad?
Tenemos un gran desafío y una inmensa oportunidad, pero lo que se requiere es pensamiento, gestionar el conocimiento. Me pregunto dónde está el trabajo de redes, cómo fortalecemos las competencias sociales, para conversar y escucharnos, la vinculación con los países líderes para hacer estos cambios, lo que se llama network o redes de inteligencia, pero no le damos importancia a estas necesidades y es en eso en lo que estoy trabajando, en lo que he llamado el Modelo de Desarrollo del Desierto de Atacama.
¿Cómo se aporta a generar estos cambios?
Con ideas ancladas sobre emociones funcionales al desarrollo, que contagian todo el ecosistema y provocan los cambios. Tenemos pocas ideas porque hay pocos espacios de conversación que permitan gestar pensamiento. Nuestra comunidad nacional, producto de un modelo de desarrollo egoísta, vive en una emocionalidad disfuncional: la desconfianza. A nivel del norte, no tenemos un centro de pensamiento en serio, el centralismo secuestra nuestras potencalidades. Santiago nos mira como una encomienda. No hay conciencia que esta es la región que está a un paso de saltar a los estándares de país desarrollado; por eso digo, estamos muy lejos de Santiago, allá no sospechan de esta realidad, ni viven las asimetrías que se observan en esta región.
“Lo que tenemos que hacer es compartir ideas, abrir espacios para la conversación, saldremos adelante creando reflexión, trayendo ideas y confrontándolas, generando una emoción que cambie desde la desconfianza hacia la confianza. Estoy comprometido en contagiar las ideas, apoyar la emergencia de nuevos liderazgos, construir emociones funcionales al desarrollo, promover la comprensión de los paradigmas emergentes en esta nueva sociedad, caracterizada por la convergencia tecnológica, el nuevo valor de la diversidad que promueve un nuevo pluralismo, más comprometido, horizontal y colaborativo”.
“Hemos venido incorporando una lógica de capital humano muy relevante, las universidades están empezando a tener programas de magíster y doctorados en torno al complejo industrial-minero y eso me hace sentir muy esperanzado del futuro”.