Los alrededores de Santiago esconden quinchos para todos los gustos que, en común, comparten el asado: aquella vieja tradición de reunirse en torno a las brasas, el vino y la amistad. Recorrimos lugares y sacamos ideas para estos días al aire libre.
por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló B.
LA palabra quincho tiene origen quechua y significa barrera o cerco construido en paja. Con el tiempo se extendió la denominación a techos realizados con ese material y hoy, en todo Latinoamérica, se usa para nombrar una construcción, que más allá de sus singularidades, tiene como objetivo congregar personas alrededor de un asado.
Pero parece ser más que eso. Para el arquitecto Jorge Simpson (www. brasas.cl) ha habido una evolución. “Se trata de lugares de descanso y distracción, de encuentro familiar, sin el ruido y el estrés de Santiago, y que deben tener una íntima relación con el entorno.” Y por eso mismo abundan en grandes jardines, fundos y parcelas de agrado.
CAMPESTRE
Al sur de Santiago, en Alto Jahuel, el sol imperante da una tregua gracias a los árboles y las grandes extensiones de cultivos. La sensación es de estar muy lejos de la capital, a pesar de los pocos minutos que separan esta localidad de la ajetreada vida urbana.
En el Haras Santa Loreto crían caballos pura sangre de carrera en un ambiente perfecto para que padrillos, yeguas y potrillos tengan todos los cuidados necesarios. Pero es también un lugar de encuentro, de compartir. Y dos espectaculares quinchos cumplen ese objetivo.
El primero, cercano a la casa patronal, es de un volumen alto, largo y cerrado que consta de dos grandes mesas de comedor, una sala de estar alrededor de una chimenea y un gran bar. Abundan en su decoración las referencias a los caballos y el campo.
Un gran ventanal lo une al área exterior donde destaca un fogón rodeado por un semicírculo en piedras bajo un gran sauce, ideal para hacer un cordero al palo. Distintos ambientes en un solo lugar.
En la parte alta del fundo encargaron al arquitecto otro espacio. “Me pidieron hacer un lugar donde se encontraran personas con una misma pasión: la hípica. Donde pudieran compartir, conversar y reunirse la gente del campo y la ciudad”, explica.
¿Cómo lo resolviste?
Ubicamos el quincho en un sector alto desde donde se ve gran parte del valle. Está entre las pesebreras y tiene una vista privilegiada al picadero. La idea es que se pueda observar todo el cuidado que se le da a los caballos.
Consiste en una terraza techada con un volumen de respaldo donde se ubican la parrilla y una banca en obra para rematar contra el cerro. Tiene materiales sencillos de demolición, todos de bajo mantenimiento, ya que queda a la intemperie, e invita, alrededor de una gran mesa de madera nativa, a contemplar el paisaje.
FUNCIONAL
Al otro lado de la Región Metropolitana, en Lo Pinto, Pedro Rojas y Sandra Venegas pensaron en levantar un quincho para su parcela. Inmediatamente vino a ellos la idea de una sala de estar, familiar y acogedora.
Tiraron líneas en un papel con la distribución que les gustaría y de la mano de un contratista lograron este espacio de setenta y cinco metros cuadrados, integrado a la casa y a pasos de la piscina y el jardín.
El sello principal es haber prescindido de la mesa de comedor. Le dieron protagonismo a un gran mesón de bar que separa la parrilla del resto del quincho y que permite que los comensales participen de los quehaceres de la cocina.
Quisieron tener muchas alternativas, porque “no siempre hacemos asados”, dice Sandra, y agregaron a la parrilla una plancha a gas, una cocina y un horno, además de todos los artefactos domésticos como lavavajillas y refrigerador.
A las espaldas de este espacio central hay muebles de sala mirando hacia un plasma que se mimetiza con el fondo y queda discretamente en segundo plano, y una mesa de pool. “La idea era tener todas las entretenciones juntas y que además funcionara como estar familiar”.
De techo alto, terminaciones cuidadas y buen manejo de la luz, lograron un quincho tan funcional y práctico, como acogedor.
ORIENTAL
Paula Charme ha estado una decena de veces en la India. Apasionada de este país y del oriente en general, le ha dado a su casa en Chicureo una personalidad que habla en cada momento de su amor por el yoga, sus viajes y sus contactos con aquellos destinos lejanos.
Con el objetivo de incorporar un quincho en su extenso jardín, encargó a la diseñadora Mirella Melo(melomirella@yahoo.com) un espacio que contuviera a su familia y amigos cómodamente. El resultado fue un lugar con varios ambientes divididos por pequeños desniveles. “Cada uno de ellos tiene una finalidad distinta, pero manteniendo siempre la interconexión”, explica Mirella.
El quincho tiene un sector con una chimenea con “un toque marroquí”, diseñada con un arco ogee en su apertura y asientos en obra que suben y se convierte en un mesón; también un espacio para albergar el sector de la parrilla, que cuenta con asadores a gas y carbón, además de un horno de barro, un disco y todo lo necesario para no entrar a la casa.
Tanto una jaula de pájaros como un árbol, que ya estaban en el lugar, fueron incorporados al diseño y así se compensó “el peso y la textura de la piedra otorgando un espacio más cálido y natural”.
Todo coronado con espectaculares lámparas que Paula ha cargado en sus maletas desde India, Marruecos y Turquía. Un toque lleno de belleza e historias de viaje, que también, como un buen vino, se comparten bajo la acogedora protección de un quincho.
El sello principal es haber prescindido de la mesa de comedor. Le dieron protagonismo a un gran mesón de bar que separa la parrilla del resto del quincho y que permite que los comensales participen de los quehaceres de la cocina.