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EDICIÓN | Enero 2015

Apostando por la empresa B

Juan Pablo Larenas, director ejecutivo de Sistema B Internacional
Apostando por la empresa B

Lo suyo apunta al triple resultado. Aquí el dinero no es la meta. Llama a las empresas a comprometerse con un propósito social y medioambiental y a demostrar que en la economía actual se puede redefinir el sentido del éxito para vivir en una sociedad con mayor bienestar y menor desigualdad. Sin duda, estamos ante un visionario.

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló B.

Fue hace dos años que un grupo de emprendedores latinoamericanos —con clara inquietud social y medioambiental— viajó a EE.UU. para conocer a los fundadores de Empresas B en el mundo. Gonzalo Muñoz, Pedro Tarak, María Emilia Correa y Juan Pablo Larenas tenían la convicción de que el concepto B resonaría fuerte en Sudamérica y así fue.

De regreso fundaron en Chile Sistema B, una organización regional, que ya cuenta con oficinas en siete países y que trabaja muy conectada con su símil americano; aunque levanta su propio capital. La idea era que el concepto de Empresa B fuera el mismo en Chile, EE.UU. o Vietnam; que el proceso de certificación fuera idéntico y que el cambio de estatutos incorporara el mismo lenguaje, pero adaptado a la realidad local.

Una Empresa B es, por definición, aquella que hace permanentemente un análisis de triple resultado, pues no solo toma en cuenta los indicadores financieros, sino también los sociales y medioambientales. “Una empresa genuinamente B no acepta ciertos contratos que no están relacionados con su propósito; tiene sistemas de desvinculación más humanos, contrata a sus trabajadores y no evade impuestos, no especula, tiene relaciones éticas con los competidores y se basa, finalmente, en la colaboración y no solo en la competencia”, explica Juan Pablo Larenas, director ejecutivo de Sistema B internacional.

Para cumplir con el vasto y exigente listado anterior, la Empresa B hace un rayado de cancha súper concreto; aquí no se trata de adherir un catálogo de buenas intenciones. Por una parte la empresa pacta que su compromiso central sea maximizar un propósito social, y no solo las utilidades de sus accionistas. Por otro lado, debe ser transparente y demostrar que si bien genera impactos positivos, también puede generar algunos negativos. Por eso para ser “B” hay que estar certificado y generar un cambio en los estatutos.

El PROCESO

Velando por el cumplimiento de lo anterior, Sistema B ya ha certificado en Sudamérica a ciento sesenta empresas, setenta y dos de ellas en Chile, y esperan llegar a trescientas cincuenta de aquí a fin de año. “Hoy en día nosotros somos el cuello de botella. Hay muchas más compañías interesadas, que nuestra capacidad de certificar. Se trata de un proceso lento, con mucha revisión de documentos y auditoría”, comenta Larenas.

¿Por qué es tan importante la certificación?
La certificación te ayuda a gestionar la mejora de la empresa de manera permanente. Evalúa todas sus dimensiones, no únicamente el atributo en el que se destaca, sino también sus prácticas laborales, medioambientales, los estándares de transparencia, el gobierno corporativo, el modelo de negocios, saca una foto de la situación actual de la empresa y plantea una brecha respecto a cómo está y cómo podría llegar a ser.

Al cabo de dos años esa empresa debe recertificarse y si no ha hecho las mejoras durante el período, queda fuera del proceso. En Chile hay más de quinientas empresas que han completado la evaluación B pero el noventa por ciento de ellas no ha logrado el estándar para certificarse.

¿Llegan empresas a certificarse porque piensan que es una práctica bien vista?
No creo que haya ninguno que se certifique como Empresa B solo por convicción, a todos les hace sentido por un tema de beneficios asociados también, el tema es que los beneficios no son inmediatos y te puedes frustrar en el camino.

EL ROL

Para Juan Pablo Larenas, el gran propósito de la organización no pasa por sumar más y más empresas B, sino por demostrar que en la economía se puede redefinir el sentido del éxito para vivir en una sociedad con mayor bienestar y menor desigualdad, donde sin duda la empresa juega un rol clave, pero insuficiente, si no se cuenta con inversionistas B, académicos B, trabajadores B y políticos B que apoyen la causa.

“Dentro de los objetivos que nos hemos fijado esta el de resolver el tema del exceso de demanda, que es sin duda “un problema feliz”, pero que igual nos genera roces con algunas empresas pues no damos abasto. Queremos también que nuestro grupo sea súper diversificado y que haya espacio para grandes y pequeños”, señala.

Sistema B ofrece un pool de servicios destinado a las compañías y al momento de la certificación hacen una serie de talleres al interior de la empresa para explicarles a los trabajadores qué significa ser Empresa B y definir un plan de mejoras en conjunto. Son espacios en los que se reúne desde el gerente general hasta la secretaria y definen en equipo cuáles son las aspiraciones que tienen.

¿Cuál es la respuesta que has visto por parte de los trabajadores?
La decisión de ser Empresa B proviene de los dueños, ya que tienen que hacer cambios de estatutos. Pasaba que los dueños se sentían súper orgullosos, pero los trabajadores no tenían idea de lo que pasaba. En estos talleres es el fundador quien le explica a sus trabajadores por qué se transformaron en Empresa B y el mensaje es bien claro: quieren ser mejores, pero eso no solo depende del liderazgo, sino del compromiso de todos.

Larenas asegura que de inmediato hay un impacto en el clima laboral y que al poco andar se genera un sentido de pertenencia en la empresa. Sistema B está haciendo su aporte al interior de la empresa, y además cumpliendo un rol como grupo de presión, como entidad técnica, para entusiasmar al Estado a que empiece a incorporar criterios sociales y medioambientes en sus políticas públicas.

“El próximo paso es tener una ley, un estatuto jurídico que contemple una quinta opción que se llame empresa con propósito social o ambiental. Queremos que la empresa B florezca y necesitamos que haya políticas públicas, inversionistas, instrumentos de fomento del Estado, que el día de mañana CORFO no solo entregue los subsidios por la capacidad de innovar, sino por el impacto social o ambiental que genere una empresa”.

Recientemente Sistema B, junto a la Fundación Avina, Socialab, El Definido, Co-Lab de la Universidad Católica y la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, reunieron a cincuenta organizaciones y crearon “101 Soluciones”, una plataforma para diseñar políticas públicas para empresas sociales y de las ocho medidas propuestas ya tres se incorporaron en la agenda de productividad, competitividad e innovación. “Incluir estos temas en la agenda es entender que Chile va a ser más productivo si los incorpora. Falta comprometer mucho más al Estado, que sientan que empresas de este tipo construyen bienes públicos, que pueden ser los mejores aliados, el día de mañana podemos, incluso, demostrar que Empresas B pueden reportar reducción de gastos”, dice.

¿Cuáles son los desafíos para este 2015?
Demostrar con mayor evidencia cuáles son los impactos positivos que generan las empresas B, a nivel de pobreza, desigualdad, inclusión laboral y degradación ambiental. Seguir sumando empresas referentes, que nuestra comunidad crezca y finalmente tener la ley en Chile.

 

Recientemente reunieron a cincuenta organizaciones y crearon “101 Soluciones”, una plataforma para diseñar políticas públicas para empresas sociales y de las ocho medidas propuestas ya tres se incorporaron en la agenda de productividad, competitividad e innovación.

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