Se pasea entre Chile y Europa con tanta naturalidad como las colecciones que crea: conceptuales, puras y simples. Todo en blanco, porque aunque ama los colores, considera que es el telón perfecto para apreciar las formas que extrae de la naturaleza.
por María Jesús Sáinz N. / fotografia Andrea Barceló / agradecimientos a Josefina Eyzaguirre
La belleza la ha acompañado desde siempre y es evidente apenas abre la puerta del taller que comparte con otra artista en una pequeña casa en Avenida Italia. Ignacia es alta, esbelta y tiene un aspecto elegante, tal como se espera de alguien que por años fue modelo de la agencia Elite. Pero el encanto propio nunca ha sido su pasión. Lo que la mueve es la perfección que encuentra en la naturaleza. “Toda mi infancia veraneé en una casa de playa que estaba pegada a un bosque. Desde muy chica he sido observadora de pequeños detalles; la gama de los colores de las flores, las formas de las piedras, o la manera como interaccionan las hojas”.
¿Esa es tu inspiración para crear?
Completamente. Mi creación va un poco en extraer ciertos destellos de belleza que puedes descubrir en la naturaleza, que a todos nos impresionan de una u otra forma, y traducirlos a un concepto, una tendencia o una materialidad.
LA ESCUELA EUROPEA
Creció viendo cómo su mamá, Andrea Fontanet, hacía cerámica gres. Nunca pensó dedicarse a eso, pues lo asociaba más al ámbito de la artesanía o la escultura. Decidió, en cambio, estudiar diseño en la Universidad Católica, y, cuando cursaba su cuarto año, hacer un intercambio en la escuela de arquitectura de la Royal Danish Academy of Fine Arts.
En Copenhague descubrió que la creación de cerámicas era una especialidad universitaria. “Me hizo clic ver todas estas lozas blancas, maravillosas, muy delicadas y reconocer justamente cómo podía converger toda mi creatividad en una materialidad que tenía en la retina desde niña y que me ha fascinado desde siempre”. Volvió de ese viaje con la determinación de que ese sería su camino. Hizo su tesis en cerámica mapuche con una traducción a piezas utilitarias contemporáneas. El resultado fue “una reinterpretación de la cerámica mapuche más antigua a la porcelana, a un diálogo moderno de uso, enfocado a hoy, pero sí muy fundamentado en la parte cultural y patrimonial de Chile”, explica.
Postuló el proyecto al London Royal College of Art para hacer una especialidad de postgrado en porcelana y sus ideas tomaron formas concretas. “Yo siento que en Chile pude cubrir muy bien toda mi parte conceptual de diseño, no así la parte técnica y productiva, porque acá los talleres que quedan trabajando en cerámica lo hacen de manera más o menos artesanal, y yo ya quería dar un paso más elevado, de materiales más finos, terminaciones más delicadas”.
Después de eso realizó una pasantía en el Royal Crown Derby Porcelain Company, una de las fábricas más antiguas de porcelana de Inglaterra. “Estuve un mes ahí como aprendiz. Fue la mejor escuela porque te enfrentas al conocimiento de personas que llevan sesenta años en su oficio, entonces te abre las puertas a un legado de tradición que es muy valioso y obviamente insertado en un contexto productivo de excelencia”.
¿Si no hubieses estudiado en Europa no serías la que eres?
Definitivamente, porque tuve la suerte de estudiar en dos grandes escuelas, muy destacadas a nivel mundial y realmente siento que me dieron un sello, supieron potenciar muy bien mis capacidades y me abrieron los ojos a técnicas, procesos y conceptos que quizás no los hubiera desarrollado de haberme quedado.
¿Y Chile qué te aportó?
La Católica también me dio herramientas muy buenas y que han sido indispensables para este desarrollo. Por eso yo diría que no ha sido ni lo uno ni lo otro, sino un desarrollo en conjunto.
FORMAS EN EL RÍO
La vuelta por Europa, larga y provechosa, la instaló de regreso en Chile con la idea de abrir un estudio para seguir desarrollando conjuntos limitados de cerámicas. “La colección mapuche fue mi trabajo más emblemático y luego di saltos a nuevas series que no se relacionan en nada con la cultura mapuche, pero sí con la observación del entorno natural”.
¿Por qué solo en blanco?
Yo trabajo con formas muy orgánicas, un lenguaje visual muy limpio. El uso del color no es nulo, pero ocupo poco, mi enfoque está en la forma. Entonces el blanco es como el telón perfecto para poder apreciar lo conceptual.
Normalmente el proceso de observación, conceptualización y diseño le lleva meses de trabajo y luego la producción también le toma tiempo, pues es ella misma quien se encarga de hacer cada una de sus creaciones. Piezas que, aunque forman parte de una colección en serie, las considera únicas porque cada una es terminada a mano.
¿Ese sería tu sello?
Yo diría que está en crear piezas con investigación, valor artístico y funcionalidad.
MÁS QUE CERÁMICAS
Pero Ignacia no se considera una ceramista. Le gusta decir que es una diseñadora de objetos con su eje central en la cerámica. “Yo creo que siempre ha sido mi intención moverme de un formato a otro, también porque soy súper inquieta”. Un día está en la cerámica, otro trabajando con mármol o ideando diseños en vidrio. “Eso va alimentando la creatividad, porque en cada proceso tu mente se abre a nuevas ideas, a nuevas formas de crear objetos con sentido”.
Todas estas creaciones descansan sobre los estantes de su tiendataller. Por estos días hay muestras de textiles y ejemplares de su serie inspirada en gotas de agua. Una colección de floreros que trabajó en conjunto con la Cristalería Yungay y que viene de exponer en Milán. “Se trata de rescatar la esencia de las gotas, su translucidez, el movimiento, el ritmo, el hecho de que ninguna es igual a la otra y cómo eso se puede llevar a una pieza funcional, que es un florero, pero al mismo tiempo tiene carácter escultórico”.
Su creatividad también ha dado forma a la colección de mesas “El Plomo”, inspiradas en este cerro de gran altura en los faldeos de Santiago y en las que trabajó con acero y mármol en dos formatos. Diseño que rinde honor a la Cordillera de los Andes “tienen esta cosa angulosa, que es terrosa, de formas abruptas, con una presencia imponente, pero al mismo tiempo muy elegante y majestuosa”, explica. Es un proyecto que está en exclusiva con una compañía de Estados Unidos y que no puede revelar por ahora.
Estás en un momento muy prolífico...
Creo que estoy en una etapa de tantear distintas posibilidades para el futuro. No descarto que el día de mañana tenga líneas más masivas que no sean producidas acá en el taller. Eso es lo interesante y desafiante del diseño, que no tienes límites.
“Mi creación va un poco en extraer ciertos destellos de belleza que puedes descubrir en la naturaleza, que a todos nos impresionan de una u otra forma, y traducirlos a un concepto, una tendencia o una materialidad”.