La belleza depende, en gran parte, del orden, la armonía, la proporción y la distribución de los elementos y esto se hace cuidando cada detalle, como la técnica y la precisión, y olvidando lo que hay en el interior de cada persona. Sin embargo, cuando se hace de forma intuitiva, se puede expresar todo lo que hay en el mundo interno, pero dejando de lado los aspectos objetivos que tienen que ver con el hacer del arte.<br /> <br /> El lenguaje artístico tiene infinitas posibilidades y uno debería intentar aprender, de todas ellas, lo que más pueda para luego llevarlo a la realidad sicológica a fin de que nuestro quehacer fluya correctamente, como un río al cual uno pueda arrojar los elementos que más tarde desemboquen en un mar de creación, en el cual toda cooperación hecha con una intención de mejoría, será bienvenida, ya que contribuirá a formar un mundo más bello, equilibrado y armonioso.<br /> <br /> En la obra del poeta griego Homero, Zeus aparece representado de dos maneras muy diferentes: como dios de la justicia y la clemencia y como responsable del castigo a la maldad. Casado con su hermana Hera, es padre de Ares, dios de la guerra; de Hebe, diosa de la juventud; de Hefesto, dios del fuego, y de Ilitía, diosa del parto. Al mismo tiempo, se describen las aventuras amorosas de Zeus, sin distinción de sexo (Ganimedes), y los recursos de que se sirve para ocultarlas a su esposa Hera.<br /> En la mitología antigua son numerosas sus relaciones con diosas y mujeres mortales, de quienes ha obtenido descendencia. También sus metamorfosis en diversos animales para sorprender a sus víctimas, como su transformación en toro para raptar a Europa. En leyendas posteriores, en las que se introducen otros valores morales, se pretende mostrar al padre de los dioses a salvo de esta imagen libertina y lasciva. Sus amoríos con mortales se explican a veces por el deseo de los antiguos griegos de vanagloriarse de su linaje divino.<br /> En la escultura, se representa a Zeus como una figura barbada y de apariencia regia. La más famosa de todas fue la colosal estatua de marfil y oro, del escultor Fidias, que se encontraba en Olimpia.