Los expertos coinciden en que el período de vacaciones debe ser, al menos, de diez días continuos, para generar un real descanso físico, mental y emocional.
Uno de los aspectos relevantes asociados a la época estival es la posibilidad del descanso y la recreación. Las vacaciones, tanto para adultos como para niños, son de primera importancia como veremos a continuación.
Varios estudios mencionan la necesidad de tener un periodo de descanso continuo, que marque un quiebre en la rutina cotidiana del trabajo, las labores académicas y las actividades domésticas. El punto de inflexión debe ser, justamente, el cambio de rutina, sea cual sea la forma que este tome. La subjetividad de cada persona y familia es diversa según los intereses, por ello, cada quien sabe como descansa, utiliza el ocio y la recreación en el periodo de vacaciones. Sin embargo, si no hay un quiebre en la rutina y se vacaciona en la misma cotidianeidad en que se está inserto durante el año, probablemente los beneficios que este periodo aporte serán menores.
Algunas investigaciones de universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas coinciden al mencionar que el período de vacaciones debe ser al menos de diez días continuos, para generar un real descanso físico y sobre todo mental. Los beneficios que se pueden obtener son amplios y diversos, desde una disminución del estrés y cansancio mental (que puede llegar a configurar el famoso síndrome de Burnout), como un aumento de la sensación de felicidad y bienestar general.
También, las vacaciones optimizan la productividad y mejoran el clima laboral, trayendo consigo disminución del riesgo de enfermedades crónicas y aumento en años de vida (veinte por ciento menos de riesgo de muerte con un periodo de vacaciones anuales), lo que se traduce en un menor gasto en licencias médicas y días de ausentismo laboral. Igualmente, aumentan la creatividad, el sentido lúdico, la motivación, la concentración, la inspiración, la proactividad y mayor compromiso con lo que se hace.
En resumen, se obtienen beneficios tanto a nivel personal como laboral, según plantea la Fundación Iberoamericana de Seguridad y Salud Ocupacional: “Unos días de descanso implican no sólo un beneficio para la salud y el bienestar del empleado, sino que mejoran la productividad y el clima laboral”.
Ahora, cabe preguntarse, ¿cuáles serán las mejores vacaciones que me permitirán obtener la mayor cantidad de estos beneficios? Aquí es donde cobra importancia la particularidad de cada persona. La respuesta general debiera estar relacionada con las actividades que cada quien determine libremente, dado los intereses personales. Lo recomendable es que estas debieran incluir algo de relación con la naturaleza, el arte, actividades saludables y compartir con otros. Lo importante es que cada quien construye su subjetividad del descanso adecuado.
El ocio y el descanso son parte de una necesidad humana básica y conectada a aspectos esenciales de nuestra naturaleza. En estos tiempos se ha perdido de vista que la felicidad y el bienestar debieran ser los objetivos centrales de la vida de las personas y los medios que más nos conectan con ello, como la diversión y el ocio, debieran ocupar un tiempo central en nuestra existencia. Pero el afán productivo ha generado una instrumentalización de estos valores que los ha terminado relegando a un segundo plano, en una dicotomía con el trabajo netamente funcional. Hay que retomar el contacto con los aspectos importantes, más allá del sentido instrumental de la productividad.
En la inspiración que nos genera el espacio diverso de las vacaciones, se podrá retomar el contacto con la espiritualidad, vivida de manera amplia según cada comprensión personal de esta, lo que nos permitirá actualizar nuestro sentido de vida, que es lo que más correlaciona, finalmente, con un adecuado bienestar emocional.
Entonces las vacaciones y su adecuada planificación y disfrute, serán la clave para una vida más plena y con sentido.