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EDICIÓN | Enero 2015

Un valle sorprendente

Río Hurtado, provincia del Limarí

El sinuoso camino que se aleja del extenuante ritmo de la ciudad, nos conduce a un paraje insospechado. Una travesía que conmueve con sus bondades y que, al mismo tiempo, se engrandece frente a la realidad atónita de la sequía. Un periplo que invita a aventurarse en torno a los vestigios de nuestros antepasados y a disfrutar de una variada oferta turística que se abre al mundo como un nuevo destino.

por Verónica Ramos B. / fotografía Eduardo Cerda A.

Fueron tres días de descubrimientos y de una profunda conexión con la historia, con la naturaleza, el arte, su gente y, por sobre todo, con nuestra identidad. Una invitación que, desde su origen, nos mantuvo con altas expectativas y que a medida que pasaban los minutos y los kilómetros, no dejamos de sorprendernos.

Participamos del primer Fam Press organizado por la comuna de Río Hurtado en la Provincia de Limarí y fuimos testigos de cómo un grupo de empresarios de esta zona busca potenciar sus atractivos naturales y turísticos, haciendo frente a las adversidades de la sequía que azota a la región. Una realidad que preocupa a sus habitantes y que, a la vez, los ha motivado a generar instancias para salir adelante junto a la tenacidad que caracteriza a sus pueblos.

Los empresarios turísticos de Hacienda Los Andes, Hacienda El Bosque, Alpacas Urania y el Complejo Las Nietas, se unieron para dar a conocer los privilegios de un valle poco conocido para muchos.

CAMINO A LA PREHISTORIA

La travesía se inicia en La Serena. Por la ruta D43 tomamos rumbo a la comuna de Río Hurtado, accediendo por la ruta D595 que une Ovalle y diecinueve pueblos, aquí bordeamos el tranque Recoleta que refleja la inminente necesidad de agua. El camino asfaltado y ondulante nos va introduciendo por cerros y quebradas, hasta llegar a la localidad de Huampulla. Después de veintisiete kilómetros, nos detenemos a disfrutar de una comida campestre en el restaurante Donde Yila.

Retomamos el circuito y luego de un par de kilómetros llegamos al final del sector El Espinal. Aquí se encuentra la ruta arqueológica Las Tinajas —ubicada al costado del camino—, esta zona de petroglifos data desde hace más de dos mil años. Otro de sus atractivos es ver cómo el paso del agua fue formando, en el cerro, una serie de tazas. “Este es un fenómeno natural. Con el tiempo, el agua fue erosionando la roca y eso permitió que se formaran estos tazones. Desde el sendero, se aprecia el arte rupestre con figuras humanas, geométricas y camélidos”, señala el guía turístico, Vicente León.

Nuestro siguiente destino es el Complejo Turístico Las Nietas, en Pichasca. Es momento de una gratificante cena y un reparador descanso. Las Nietas posee tres cabañas estilo mediterráneo y dos domos completamente equipados. Una amplia piscina, quinchos, juegos para niños, camas de cuarzo, hamacas, árboles frutales, huertas y acceso privado hacia el río, hacen de nuestra estadía un confortable momento. “Esta zona cuenta con más de trescientos días de sol al año y la gente que nos visita es porque busca desconectarse de su rutina y conocer un lugar distinto”, recalca el administrador del complejo, Roberto John.

A las diez de la mañana nos preparamos para nuestra siguiente salida. Tras recorrer algunos kilómetros, la señalética indica que estamos en el cruce hacia el Monumento Natural de Pichasca. Atravesamos el río y, a pocos metros, en la localidad de Fundina, encontramos un negocio de mermeladas caseras y productos de la zona, llamado “Las Bertas”. Entre las delicias: manjar de leche de cabra, arrope, tortas de higo, pan amasado, churrascas, empanadas, pastel de choclo y mermeladas de distintas frutas, ¡imposible no probarlas y llevarse unas cuantas!

Avanzamos y en la cima del cerro está el ingreso al Monumento — un extenso sitio arqueológico y paleontológico de ciento veintiocho hectáreas— cuyo atractivo principal son los vestigios de troncos petrificados y réplicas de fósiles de dinosaurio, que se mantienen en un pequeño museo de la CONAF y un sendero de interpretación que va guiando al visitante hacia la Casa de Piedra, un enorme alero rocoso, que hace más de diez mil años fue refugio de los indígenas. A la distancia, se aprecia la representación de una escena de aquellos años, compuesta por una imagen de un cazador recolector, puntas de flechas, mortero y piezas de cestería. La guía de CONAF nos comenta que en el techo de esta roca ígnea existen restos de arte rupestre y agrega que antes se podían ver de cerca, pero con el objetivo de proteger la zona y por lo escarpado del lugar, ya no es posible el ingreso.

El circuito, bajo un sol que golpea los rostros, continúa hacia el sector favorito de los niños. Se trata de la maqueta de un titanosaurio, a escala real, ubicado en el sitio donde se encontraron restos de esta especie, entre ellos, costillas, vértebras y un húmero. En medio de una amplia explanada, el gigante prehistórico luce su atractiva fisonomía y es inevitable posar junto a él, para una fotografía. Dejamos este pequeño “Parque Jurásico”, bordeado de cerros y una flora y fauna tan particular. El recorrido completo se extiende por un poco más de una hora y se recomienda llevar un par de botellas de agua, usar zapatos cómodos y protector solar.

QUESOS GOURMET, ARTE Y ESTRELLAS

Dejamos Pichasca y nos dirigimos hacia el Fundo La Cortadera. En quince minutos ya estamos en el lugar, para sorprendernos, una vez más, con la magia y gente de esta comuna. El empresario Álvaro Leiva nos cautiva con un plantel de cabras saanen de origen francés y neozelandés, tratadas con un mejoramiento genético. Hace tres años, inició este emprendimiento familiar con la idea de producir leche y quesos de cabra. “El objetivo de esto es integrar al visitante para que se familiarice con la producción y haga su propio queso. En definitiva, que sea interactivo. En estos momentos tenemos doscientos cincuenta cabras, pero pretendemos llegar a mil”.

Luego de visitar y conocer el proceso de la lechería y quesería, una degustación de quesos gourmet, acompañados de vino blanco y dulces caseros, nos recarga de energía para continuar hacia Vado de Morrillos. En el camino, nos llama la atención una iglesia abandonada que se ha convertido en refugio de los loros tricahue. Nos detenemos unos momentos y el graznido de estas aves nos deja perplejos. Más aún, sus colores en el pecho, que resaltan entre el verde de sus alas y el azul profundo del cielo.

Al llegar a Vado de Morrillos, nos espera el matrimonio Barrios Donato. El lugar es idílico, no solo para ellos y sus dos pequeñas hijas, sino además para un espectacular plantel de cuarenta alpacas que crían en este lugar. Hace unos años formaron la empresa Alpacas Urania y desde aquí producen la lana para elaborar finas piezas de vestuario de primera y segunda capa. Su producto estrella es, sin duda, la ropa de alta montaña de fibra de alpaca, especial para climas extremos.

Dejamos este enigmático lugar y continuamos nuestra travesía para conocer el proyecto Agroturístico Hacienda El Bosque. Aquí nos espera Carolina Pérez, socia de esta iniciativa, con un grato almuerzo campestre y nos invita a recorrer parte del lugar, pues la propiedad cuenta con cerca de sesenta mil hectáreas. Ofrece cabañas equipadas, circuitos de trekking y paseos y cabalgatas. “Para nosotros es muy importante dar a conocer nuestro valle y sus alternativas turísticas, porque de esta manera ayudamos a mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes”, indica Carolina.

Lo mismo piensa el astrofotógrafo y propietario de la Hacienda Los Andes, Daniel Verschatse, quien ha hecho de su afición una alternativa turística para sus visitantes y una oportunidad para que la comuna se fortalezca. Al atardecer, llegamos a esta hacienda para disfrutar de sus parajes y, en especial, para conocer los tres observatorios astrofotográficos con que cuenta el lugar. “La idea es ofrecer un turismo de intereses especiales y este es el único centro del país que entrega este servicio. Además, realizamos cabalgatas de uno o varios días, con todo incluido”, resalta el empresario belga.

Al siguiente día, emprendemos la retirada, pero no sin antes conocer la artesanía propia del lugar. Visitamos el Taller de Alfareros de la localidad de Tabaqueros, una agrupación liderada por Walter Rivera, quienes junto a mujeres artesanas de diversos pueblos, rescatan la cultura diaguita en cada una de sus piezas.

Una auténtica manifestación de nuestra identidad, que junto a todo lo conocido hacen de esta comuna y de este viaje, un destino sorprendente y, por cierto, inolvidable.

 

“Esta zona cuenta con más de trescientos días de sol al año y la gente que nos visita es porque busca desconectarse de su rutina y conocer un lugar distinto”, Roberto John.

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