Para Stefania, Sofía y Alejandra el surf es una filosofía de vida, una conexión con lo natural y un alto a sus labores habituales del día. Profesionales, emprendedoras, ultra deportistas, jóvenes y bellas, organizan sus tiempos, revisan los reportes del mar, toman sus tablas y se aventuran entre las olas para disfrutar de una sensación que solo quien se desliza sobre el agua la puede entender.
por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.
Tienen varias cosas en común pero, sin duda, lo que prima en estas tres jóvenes mujeres son las razones que las llevaron a subirse a una tabla y a no bajarse nunca más. Osadas y amantes del deporte al aire libre —Stefania Marticorena, Sofía Schiappacasse y Alejandra Senzacqua— son dueñas de una pasión que las impulsa a buscar, cada vez que pueden, las mejores olas de la región, del país y del mundo.
Stefania (27) nació en Viña del Mar y es ingeniera civil industrial de la Universidad Adolfo Ibáñez. Conoció al surfista Felipe Galleguillos, veraneando en Totoralillo. Se casaron y, desde entonces, ambos administran la Escuela de Surf de este balneario cercano a Coquimbo. Un lugar idílico para la práctica de este deporte, para enseñarlo y para desafiar las olas con su nueva afición: el stand up paddle. “Nuestro propósito es crear aquí un proyecto ecológico con cabañas e incorporar otros deportes”.
Alejandra (33) dejó Santiago cuando tenía quince años y llegar a La Serena le cambió la vida. Es kinesióloga y entre los pacientes organiza su tiempo para ponerse el traje, tomar su tabla e internarse en el océano. “Acá estoy feliz, tengo todo lo que quiero y necesito: familia, trabajo y deporte. De proyectos futuros sueño con viajar y conocer otros lugares, pero de momento, ¡no cambio a La Serena!”.
Sofía (25) llegó a La Serena desde Viña del Mar, siendo muy pequeña. Estudió turismo aventura en Inacap y es, además, instructora de yoga. Aprendió a surfear a los trece años y es tal su conexión con el mar, que hace poco estuvo surfeando, por tres meses, en California y en Hawai. “Ahora estoy enfocada en adquirir el máximo de experiencia, a través de mis trabajos y dar fuerza a mi proyecto Yoga, Mar y Tierra, es decir, unir esta disciplina con la vida outdoor”.
OLAS PERFECTAS
El suave oleaje de las transparentes aguas de Totoralillo, los rayos del sol que golpean nuestros rostros y un viento que a ratos nos refresca es el telón de fondo para esta entrevista. Sentadas sobre la arena y en absoluto relajo, cada una cuenta qué las llevó a vincularse con ese entorno y a incorporarlo en sus vida para siempre.
“Cuando tenía doce años tomé clases de surf y no me gustó, porque me costó pararme sobre la tabla. Tiempo después, mi padrino me regaló una tabla y eso me motivó a intentarlo… desde ese verano, no me bajé más”, comenta Sofía.
“Cuando estudiaba en el Colegio Inglés, conocí al profesor de surf, Feña de la Puente, e iba a clases con él. La verdad es que no me costó aprender, pero un día me enterré la punta de la tabla en la rodilla y me asusté. Estuve un año sin surfear y hacía solo body board. A los veintidós años, me reconcilié con el surf y lo retomé hasta hoy”, cuenta Alejandra.
“Viví un tiempo en California y practicaba ski, pero tuve un accidente y me rompí los ligamentos de la rodilla. Me operé en Chile y los médicos me dijeron que la única manera de recuperarme era fortaleciendo la musculatura con natación y bicicleta. No hice caso y decidí hacer surf. Estuve todo un verano aprendiendo a pararme sobre la tabla, hasta que lo logré”, relata Stefania.
¿Qué tiene el surf, que las cautivó tanto?
AS: Me gustan los deportes al aire libre, no soy de ir a gimnasios. La sensación de estar dentro del agua y en conexión con la naturaleza es lo que me apasiona.
SC: Entrar al mar se convirtió en un vicio para mí. La primera vez que me paré en la tabla fue increíble y dije ¡esto es para mí! El surf da una capacidad de observación de la naturaleza que hizo que mi vida girase en torno a este deporte.
SM: La sensación de deslizarse en el mar y desafiar las leyes de la naturaleza es maravilloso. Yo soy muy estructurada y el surf me mostró otra perspectiva de la vida.
¿Y qué les ha aportado este deporte en su vida diaria?
SM: El surf permite desarrollar la paciencia, la constancia y la tolerancia a la frustración. Es un deporte riesgoso, pero aprendes a tomar buenas decisiones y a ser disciplinada. Ahora todo está relacionado con el surf, desde el auto que eliges, hasta dónde ir de vacaciones.
AS: El agua cambia mi energía. Si estoy lejos del mar, siento que me hace falta y lo necesito. Mi vida gira en torno al surf. SC: Cuando entro al mar, puedo hacer todo lo que viene mucho más enfocada y tranquila. En definitiva, es una necesidad.
¿Y el mejor lugar donde han surfeado?
AS: Una ola que me encantó fue en Máncora, pero la verdad es que en cualquier playa puedes encontrar la ola perfecta; por ejemplo, en Punta de Teatinos en La Serena, he tenido la suerte de surfear olas largas y ordenadas.
SM: En Ollie`s Point y Roca Bruja, en Costa Rica. La ola aquí es perfecta y el agua es cálida… es un lugar ideal.
SC: En Portofino está mi ola favorita… es fácil y entretenida. En el sur de Chile, me gusta Puertecillo, Punta de Lobos y Curanipe. Ahora que estuve en Hawai pasó a ser mi mejor lugar para surfear.
ESTILO DE VIDA
El surf femenino local no cuenta con un ranking regional, de manera que estas surfistas desconocen su posición en este deporte. Coinciden que entrar a campeonatos nacionales de surf no está dentro de sus planes y entre risas comentan que los años ya no las acompañan para eso.
¿Pero sí participan en campeonatos regionales?
AZ: En el 2008, participé en un circuito nacional y obtuve el octavo lugar. Seguir en eso habría significado estar todo el día en el agua para profesionalizarlo. En mi caso, no era mi objetivo, pero sí me gusta competir en los campeonatos locales.
SC: Un mes después de que aprendí a surfear entré a una competencia y salí cuarta. Me gusta participar en algunos campeonatos cuando la ola es buena y porque siento que abre ciertas oportunidades, pero no es lo que me mueve en la vida.
SM: La idea es que los campeonatos locales sean en torno a una sana convivencia y lo que hacemos en Totoralillo es precisamente eso, que signifique aprender, compartir entre las surfistas, más que ocupar un lugar.
¿Cuánto tiempo le dedican al surf en la semana?
SM: Cinco a seis veces a la semana y entre dos a tres horas diarias, porque vivo en la playa y, además, soy instructora.
AZ: En la semana, voy a la playa tres o cuatro veces y dedico una hora a surfear. Me programo entre mi trabajo y las mareas.
SC: Cada vez que puedo. Todo depende del reporte de las mareas y eso lo revisamos por Internet.
¿Es un aporte importante la tecnología, en ese sentido?
AZ: Es que antes llegabas a la playa y no sabías con qué tipo de olas te ibas a encontrar. Era todo fortuito. Hoy, sabes a dónde ir, porque en esta página web encuentras la información necesaria.
SM: Lo importantes es saber leer el reporte.
¿Hoy se incorporan más mujeres a este deporte?
SM: El surf femenino ha evolucionado bastante en Chile, incluso acá se realizó el primer mundial de esta disciplina. En la actualidad se respeta mucho más a la mujer en el agua, porque somos mucho más disciplinadas, incluso menos temerosas que los hombres.
Visto de afuera, el surfista tiene cierta mística ¿es así?
SC: La relación con el mar de por sí es natural, entonces el surfista tiene un estilo especial y tiende a ser hippie, libre y relajado. Es un deporte que se basa en las condiciones del mar y quien lo practica debe adecuarse a ellas.
SM: Por lo mismo, el surf no es un deporte olímpico. Las condiciones no son iguales para todos, el surfista depende de las olas y eso, evidentemente, no se puede manejar. Ahora, como estereotipo, muchas veces la gente tiende a estigmatizar al surfista y, la verdad, es que la lucidez es fundamental para entrar al agua. No se puede carretear hasta las cuatro de la mañana y surfear tres horas después.
AZ: El vago surfista ¡ya no va!
¿El surf es una filosofía de vida?
AZ: Absolutamente. Me relaja y parto mi día tranquila.
SC: Un estilo de vida de todas maneras. Es libertad y calma.
SM: Vivo el surf todo el día. Me unió a mi marido y, además, me enseñó a valorar las cosas pequeñas y a disfrutar la simpleza que tiene el mar.
“Me gusta participar en algunos campeonatos cuando la ola es buena, pero no es lo que me mueve en la vida”, Sofía Schiappacasse.