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EDICIÓN | Enero 2015

Viaje introspectivo

Felipe de Ferari Prats, pintor
Viaje introspectivo

Su estadía en Ubud — un pueblo en la isla de Bali— marcó un antes y un después en la vida de este joven artista. No solo el enriquecimiento espiritual caló hondo en su forma de ver el presente y futuro. En sus obras también refleja lo aprendido, pasando de la soledad y calma a la intensidad de colores y formas.

por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.

Es surfista, músico, diseñador y pintor. Cada una de sus vetas denota la sensibilidad, el amor al arte y una absoluta conexión que tiene con el mar y la naturaleza. El dibujo y la pintura crecieron con él, pero bajo el estigma que del arte no se puede vivir. Palabras textuales de su entorno más cercano y que, finalmente, lo llevaron a optar por la carrera de diseño.

Después de cinco años de estudio, Felipe de Ferari (34) creó junto a su socio la empresa Octopus Design. Realizaron varios proyectos en La Serena, entre ellos, el desarrollo gráfico de la Ruta Antakari. Pese a que Felipe sentía que el diseño no era su manera de crear arte, compensó esta idea cuando descubrió la ilustración digital, incluso, lleva varios años trabajando como ilustrador externo de una reconocida editorial y él es el responsable de crear los dibujos y diseños para las pruebas del SIMCE.

Pasaron los años y Felipe decidió cerrar la empresa para dedicarse de lleno a lo que su corazón le decía. “El diseño no me convenció del todo, lo que realmente quería era expresarme sin reglas y que eso perdurase. En todo lo que hago busco la libertad, ese es mi pilar fundamental y el arte es libre. En la pintura puedo entregar una idea y las personas interpretan otra, porque esto se trata de emocionalidad”, recalca.

Vendió su auto, se fue a Santiago y el dinero lo invirtió en un curso de arte. Entró a la academia de Gonzalo Orellana Campbell, donde aprendió diversas técnicas, profundizando su formación en óleo.

¿Qué te atrajo del óleo?
Para mí es un ser vivo. La forma en cómo se manipula el óleo, permite una mayor interacción. Con él se pueden trabajar diferentes técnicas y tiene una etapa de secado muy interesante.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Estuve un año pintando solo y la Fundación Pro Bono, comenzó a publicar mis pinturas. Me pidieron un trabajo específico sobre la unión de Latinoamérica a través de la justicia. Esta fue mi primera venta y tuvo una excelente recepción. Desde que hice ese cuadro hasta ahora siento que he aprendido mucho. Hoy, soy mucho más exigente.

SER PARTE DE

Sus ansias de continuar aprendiendo lo llevaron a realizar, durante dos años, un diplomado de arte con mención en pintura, en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Con el pintor, grabador y Premio Nacional de Arte, Eduardo Vilches, aprendió a profundizar el uso del color, por lo que afirma “esto cambió mi perspectiva de observación frente a la naturaleza”.

¿Lograste sacar tus potencialidades?
Para mí lo importante es comunicar a través de la pintura y la técnica es fundamental para poder transmitir lo que quieres y sientes. Si no usas la técnica adecuada, el espectador se queda con la forma y no logra entrar en la obra o con lo que el artista desea expresar.

Tu propuesta es una fuerte conexión con la naturaleza
Sí, es eso. Porque siento que soy parte de la naturaleza y el cómo recibo esa vibración es la manera que tengo para comunicar en la pintura.

¿Y esa conexión es presencial?
Tengo un banco de fotografías de los lugares que visito y también utilizo mucho la imaginación… (saca una serie de óleos pintados durante su reciente viaje a Indonesia). Esta pintura es de una pequeña cascada en Ubud. Todos los días iba a meditar a ese lugar y ese hombre soy yo tocando la guitarra. Las aves siempre están presentes en mis cuadros, simbolizan mi libertad.

INSPIRACIÓN BALINESA

Por años soñó con viajar a Indonesia, en especial a Ubud, centro cultural y artístico de Bali. Cumplió su anhelo y allí permaneció seis meses. Tres semanas dedicó al surf y el resto del tiempo a la pintura.

¿Cómo influyó este viaje en tus obras?
Ubud es un lugar de mucha armonía y de gran inspiración. Está lleno de artistas y espacios para desarrollar el arte. Allí aprendí a desarrollar la técnica del dripping y descubrí que este derrame de color me representaba, porque es un trabajo más espontáneo.

¿Con este viaje existe un antes y un después reflejado en tus pinturas?
Hoy, mis cuadros reflejan una vibración muy diferente. Antes de viajar se percibe en mis obras la soledad, la tranquilidad y la calma. Las pinturas que hice allá son mucho más intensas. Tuve la posibilidad de vender en Bali dos cuadros y eso es un gran logro, porque allá existe mucha competencia.

¿Una experiencia inolvidable?
Todavía estoy digiriendo este proceso y creo que será por un largo tiempo. En términos artísticos, la relación con la gente me reafirmó que este es mi camino y siento que sí se puede vivir del arte. Antes de irme tenía ciertos miedos e inseguridades y, la verdad, es que se quedaron allá. Espero, en abril de este año, realizar una exposición itinerante con esta colección y sumar nuevas obras ¡Sé que llegaré lejos con la pintura!

 

“Allí (en Ubud) aprendí a desarrollar la técnica del dripping y descubrí que este derrame de color me representaba”.

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