Hace algunos meses asistí a un seminario sobre turismo cultural. De los temas tratados, el que más sentido me hizo fue la reflexión acerca de cómo las mejoras turísticas se debían concebir en función de hacer una ciudad mejor, no para quienes la visitan ocasionalmente, sino para aquellos que la habitamos. En la medida en que hacemos de nuestra región un buen lugar para vivir, será eso lo que entreguemos a nuestros visitantes: una ciudad cálida, amistosa, bien cuidada, donde las cosas funcionen bien.
Claramente, el turismo es una excelente oportunidad para darse a conocer, generar lazos y mostrarse al mundo. Veo con agrado que en nuestras ciudades se están abriendo nuevos espacios, ampliando posibilidades, entregando formación y generandoredes. Sin embargo, para que cada nueva política se traduzca en beneficios reales para toda la comunidad, es fundamental tener presente lo que significa e implica el turismo responsable.
Hace un par de años, en Ciudad del Cabo, se realizó un encuentro entre veinte países de África y Europa. En él se vio que el turismo responsable involucra a la población local en las decisiones que afectan a sus vidas y a sus oportunidades; contribuye positivamente a la conservación del patrimonio natural y cultural y al mantenimiento de la diversidad mundial; ofrece experiencias más agradables a los turistas, y contribuye al orgullo y a la confianza local…
Cada verano recibimos a miles de turistas en nuestra región y eso nos convierte en dueños de casa, pero también podemos ser visita. Queremos sentirnos acogidos, seguros y bienvenidos ¿no? Lógico. Entonces, no está demás poner atención y reflexionar sobre nuestra responsabilidad en esta materia.