FICHA TÉCNICA
Oswaldo Guayasamín (1919-1999). Ecuatoriano. Madre y niño en azul. Óleo sobre tela, 100 x 100 cm
El grito de Guayasamín
Guayasamín, apellido quechua que significa “ave blanca volando”, es un representante del artista que sufre y siente por su continente.
Su obra, enmarcada dentro del indigenismo, corriente cultural que pone en valor lo indígena y contrarresta la discriminación y exclusión que estos han vivido en nuestro continente, se destaca por ser una constante protesta y denuncia del sufrimiento, dolor y hostigamiento que han sufrido, especialmente, los pueblos andinos ecuatorianos.
Guayasamín era un valiente. Cuando el mundo entero decía que la pintura debía caminar hacia la abstracción, él decide mirar sus orígenes, buscar su identidad, conectarse con los problemas sociales de su comunidad y sacarlos a la luz del mundo.
De pequeño siempre quiso estudiar arte, por esto vendía sus trabajos a turistas para pagarse los estudios. Aunque tuvo que enfrentar la oposición de su padre, se recibe como el mejor de su promoción en la Escuela de Bellas Artes de Quito. Al salir, inicia una prolífica vida artística con más de ciento ochenta exposiciones individuales, premios de relevancia internacional y membrecías y cargos en importantes instituciones culturales.
Los habitantes de nuestro continente: Madre y niño en azul
“Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace contra el Hombre”. Guayasamín. La obra de Guayasamín es señalada como expresionista al reflejar el dolor y la miseria de los pobres e indígenas. Pone en evidencia y de manera sincera el sufrimiento latinoamericano, al niño pobre, al hombre sin trabajo, pero más que representar los actos, busca la esencia de la angustia, la sensación de discriminación y de ser tratados como inferiores. Quienes alguna vez nos hemos sentido excluidos, podemos entender muy bien cuál es el sentimiento de dolor desde donde crea el pintor.
Guayasamín se desahoga a través de la pintura, grita lo que ve y desea que el espectador se conecte con sus emociones y sienta el dolor. Durante su vida realizó diversas versiones de madres con hijos, como la que vemos hoy. En ella, una madre y su hijo se encuentran en el centro de la obra. Observemos la forma de la cara: sus pómulos sobresalen, rasgo característico de los indígenas. Detengámonos en sus ojos, nariz y boca ¿Cómo son las figuras que los construyen? Ahora veamos las manos, ¿qué destaca en ellas?
La madre y el hijo nos expresan un sentimiento lejano, posan en la obra de manera unida, pero son distantes con nosotros, nos miran con recelo y resignación. Los espectadores observamos esperando que nos digan algo. No lo dirán, son muchos años de abuso. Ellos ya no confían en nosotros.
Con los niños y niñas podemos conversar sobre nuestros antepasados…
Las raíces de Guayasamín marcaron fuertemente su obra al ser su padre indígena y su madre mestiza. Junto a los niños y niñas podemos reflexionar sobre nuestros antepasados y sus procedencias. Partan contándoles la historia de un familiar o antepasado que provenga de otro país o lugar de Chile: de dónde era y por qué se cambió de ciudad.
Luego dibujen un árbol genealógico, ubicando los nombres y orígenes de cada integrante. Como resultado podemos conversar sobre las diversas procedencias de nuestras familias.
Dato internacional
En Quito, Ecuador, se ubica La Capilla del Hombre, museo construido por iniciativa de Guayasamín que hace referencia al hombre latinoamericano, desde la imagen precolombina hasta la contemporánea. La visita a este lugar se ha transformado en uno de los imperdibles de esta ciudad, ya que se puede conocer el pensamiento de Guayasamín a través de la arquitectura, las obras y el relato que existe en este importante edificio.