S eis meses después de la muerte del cantante Bon Scott, en febrero de 1980, AC/ DC lanzó Back in black, un disco pensado como un tributo al músico que había contribuido notoriamente al éxito de la banda australiana más famosa de todos los tiempos. La letra de la canción homónima, fue un encargo especial hecho por los sobrevivientes al nuevo vocalista Brian Johnson. La condición fue que los versos homenajearan sin morbo al fallecido miembro, ya que Scott había perdido la vida al ahogarse en su propio vómito al interior de un auto, en el duro invierno de Londres. “Nunca moriré, tengo nueve vidas y ojos de gato”, escribió Johnson en el clásico Back in black (volver de negro), una canción que es imposible no conocer, pieza clave del segundo álbum más vendido de todos los tiempos.
Veinticinco años más tarde AC/DC sigue demostrando que es capaz de renacer, aun cuando su alineación clásica sufrió la pérdida del guitarrista Malcolm Young por padecer demencia, mientras el baterista Phil Rudd ha dado noticia no por su faceta artística, sino por graves acusaciones de la justicia de Nueva Zelanda, el país donde reside, incluyendo cargos por drogas y amenazas de muerte.
Al vendaval interno, AC/DC ha respondido con uno de sus mejores trabajos en los últimos veinte años, Rock or bust, donde recuperan el sonido grueso y metálico de sus años de mayor gloria. El puesto vacante en guitarra quedó en familia. Stevie Young, sobrino de Angus y Malcolm Young, tomó su lugar. Si Phil Rudd vuelve, depende de sus líos judiciales, aunque la banda ya ha filmado videos con un sustituto, como se espera que inicien este 2015 una nueva gira mundial, como señal inequívoca de los eternos deseos de roquear, de una verdadera institución de la música popular.