El programa “Lectura en el Desierto” de Biblioteca Viva busca llevar la técnica del cuenta cuentos a todos los espacios de la ciudad, que por diversos motivos han quedado marginados de la integración cultural. Un desafío que apunta a promover la imaginación de los niños, romper esquemas y vencer prejuicios para mejorar la calidad de vida.
por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Ser parte activa de la historia, echar a volar la imaginación creando mundos, visualizando colores, formando una nueva mirada de la realidad sin prejuicios y sin los clásicos estereotipos de princesas rescatadas por nobles caballeros es la apuesta de la Escuela de Cuenta Cuentos, proyecto piloto que se enmarca en el Programa “Lectura en el Desierto”, impulsado por Biblioteca Viva en conjunto con Fundación de la Fuente para promover la pasión por la lectura en forma transversal, derivando todo tipo de brechas que alejan a los niños de la cultura.
Niños del Hospital Regional, los que visitan la Cárcel de Mujeres y miembros de jardines infantiles de Fundación Integra y el Hogar de Cristo han sido espectadores de esta entretenida y lúdica experiencia, realizada por cinco voluntarios formados en la Escuela de Cuenta Cuentos, quienes son apoyados por todo el Equipo de Biblioteca Viva.
Gisela Schartau, directora de la entidad, cuenta que en quince años de trabajo en torno al fomento lector han descubierto positivos resultados y logros, como desarrollo de la comprensión y mejoras en el poder de análisis y explicación que la educación formal ha ido perdiendo.
“Buscamos dejar ese esquema de memorización y que los niños desarrollen su imaginación y que a través de ella puedan crear una historia particular, donde decidan su propio final. Tratamos de contar historias más reales, donde los pequeños lectores se sientan comprometidos con el relato”, destaca la profesional.
Una experiencia nueva y cargada de aprendizaje es la que revelan dos de las voluntarias del programa, la Educadora de Párvulos Daniela Camprubí y la nutricionista de la Universidad Santo Tomás, Ximena Alegría Peña, quienes dedican parte de su tiempo a relatar fantásticas aventuras en distintos puntos de la ciudad. Con mochila al hombro, llevan lo mejor de la colección de Biblioteca Viva a pequeños que, con ansias, esperan saber con qué historias los sorprenderán.
EXPERIENCIA
La dinámica del Cuenta Cuentos tiene una impronta especial. No es una mera dramatización de una historia, sino que pone en el eje central al propio relato, incentivando al niño para que tenga una participación activa al momento de interactuar, tocando el libro, haciendo preguntas e interpretando las imágenes, es decir, no sólo se sienta a escuchar en forma pasiva, sino que se envuelve en este fascinante mundo.
A Daniela Camprubí siempre le atrajo la idea de ser Cuenta Cuento, por lo que la propuesta de Biblioteca Viva le pareció muy atractiva, sobre todo aprender el proceso que va más allá de la dramatización y el histrionismo, y que apunta a centrar todo el interés en la historia.
¿Cuál es el perfil del Cuenta Cuentos?
Un “Cuenta Cuentos”, es quien puede entrar a este mundo mágico, captar la atención de los niños y lograr que se involucren con el desarrollo de la historia. No basta sólo con el histrionismo o la capacidad de improvisación, sino también con la voluntad de realizar una actividad de alto impacto social, que apunta a cambiar el enfoque de los niños, para mejorar su calidad de vida y formar adultos tolerantes, inclusivos y capaces de enfrentar la vida con sus alegrías y dificultades.
¿Sientes que este programa ha sido un aporte para ti también?
Esto me ha servido mucho para mi trabajo, para aprender a darle todo el protagonismo al propio cuento y nunca perder eso de vista. Esa es la fórmula para que el niño se preocupe de los colores de la historia, de las imágenes, de la textura de las páginas del libro.
¿Todos los libros de cuentos sirven?
Para grupos pequeños o en la casa, podría ser, pero cuando se desarrollan estos programas, buscamos ediciones que no tengan tantas líneas por página. Por eso uno tiene que clasificar los cuentos, venir a la biblioteca y ver si cumplen con los requisitos que es un texto con poca letra, con colores llamativos y de gran tamaño para que todos lo vean.
¿Crees que este trabajo realmente impacta en los más chicos?
Siempre tuve la inquietud de colaborar con la comunidad. De una u otra forma siento que se debe participar en el desarrollo, con las herramientas que cada uno tiene. En mi caso, es incluso un agrado, pues pongo a disposición mis conocimientos profesionales y algo que me encanta que es interactuar con niños mediante historias… entonces, qué mejor que hacerlo con este programa.
¿Qué es lo que más te ha marcado de participar como voluntaria?
No todos los niños a quienes visitamos están en situaciones adecuadas, pero trato de no ponerme triste y solo enfocarme en hacer que durante nuestra presentación, ellos sean felices. Por eso siempre voy a cada actividad con muchas ganas y energías. Hay chicos que van siempre, otros que no pueden salir y algunos que no pueden ir al colegio porque están muy delicados de salud. Nosotras nos empeñamos en que durante el momento que compartimos ellos se sientan acompañados y disfruten con nuestras historias.
El programa también contempla asesoría sicológica para los voluntarios, quienes deben llevar una bitácora con las experiencias vividas dentro de las actividades, para enfrentar de mejor manera situaciones difíciles y orientar a los niños cuando plantean sus dudas o nos cuentan dificultades que les toca atravesar.
PÚBLICO EXIGENTE
La nutricionista Ximena Alegría llegó a la Escuela de Cuenta Cuentos con otra motivación. Fue invitada al programa al ser socia activa de la biblioteca y se inscribió pensando en compartir esta técnica con sus nietos, sin sospechar que esta nueva alternativa se transformaría en un voluntariado, lo que llamó aún más su atención.
¿Cuáles han sido tus principales mini públicos?
En varias oportunidades he participado como mediadora de lectura con los niños que visitan a las internas de la Cárcel de Mujeres y muy pronto visitaré, por primera vez, un jardín infantil.
¿Cómo ha sido experiencia?
Es totalmente gratificante. Creo que la clave es la actitud con que nos presentamos ante los pequeños, que siempre se caracterizan por ser espontáneos y estar libres de los prejuicios que cargan los adultos.
¿Cómo las reciben?
Los niños nos reconocen y saben que vamos con cuentos, nos preguntan qué historias les vamos a leer. Son exigentes y, por eso, debemos mantener una selección renovada de nuestros cuentos. Ellos intervienen mucho, es muy dinámico y hay mamás que también han participado y ya nos conocen.
¿Crees que esta actividad contribuye en la vida de los niños y niñas?
El programa “Lectura en el Desierto” destaca también por su alto impacto social, al llevar cultura a lugares que han estado postergados. En lo personal, esta oportunidad ha sido una experiencia muy motivadora. Siento que es una manera de colaborar, yo soy católica y creo que es lo que debemos hacer cuando tienes tiempo, es obvio que no nos sobra, porque uno corre todo el día, pero de eso se trata, de que el espacio que uno dedique sea de mucha calidad y que lo hagas con gusto. Uno gana mucho, es muy gratificante.
“El Programa “Lectura en el Desierto” destaca también por su alto impacto social, al llevar cultura a lugares que han estado postergados”, Ximena Alegría.