Dos hermanos que unidos han dado con la fórmula exacta para conseguir un revestimiento natural en base a un elemento de cualidades inigualables: el corcho. Utilizable en cualquier superficie, y adaptada a las condiciones climáticas nacionales.
por Soledad Posada M / fotografías Sonja San Martín D.
Mario Palma, ingeniero comercial, y Pablo Palma, ingeniero constructor, el año pasado ganaron el Capital Semilla de Innova Bío Bío, para la producción nacional de revestimiento de corcho con resinas nacionales. Sin embargo, su empresa Isolcork, ya había conseguido otro premio anterior, en 2012, con su prototipo “la teja de corcho”.
Cada uno con su estilo ha logrado “afiatarse” y aprovechar la experiencia del otro. Pablo tuvo una empresa constructora por diez años en Francia, donde se perfeccionó en eficiencia energética y aislación térmica. Y Mario se especializó en comercio exterior y es el encargado de la gestión, alianzas estratégicas y relaciones públicas de Isolcork.
Ya cuentan con un showroom en Las Condes (Santiago) y participan en ferias como Expomin, Expoedifica y Exponor. Su revestimiento se utiliza en las áreas minera, industrial, pesquera, naviera e inmobiliaria.
PRODUCTO
Isolcork es un revestimiento de terminación. Cumple una función decorativa, cuenta con variados colores para elegir; permite la aislación térmica y mantiene el intercambio de aire de la pared, evitando así la formación de moho y condensación, lo que contribuye al bienestar de los ambientes interiores. Además, protege de la lluvia, intemperie, rayos UV, aire salino, bajas y elevadas temperaturas; entrega durabilidad y no es inflamable.
Este producto está compuesto por resinas acrílicas ciento por ciento a base de agua y corcho puro en gránulos. Estos materiales naturales son amigables con el ambiente y la salud de las personas.
Además, su elevada elasticidad evita la formación de fisuras y puede ser utilizada en trabajos de renovación, y nuevas construcciones.
Para Pablo Palma, hoy en Europa está en boga toda la tecnología que contribuya al cuidado del medio ambiente, con productos que sirvan a la eficiencia energética y que sean sustentables.
HISTORIA DE UN PRODUCTO
Al principio, los hermanos Palma trajeron el revestimiento hecho en Europa. Pronto se dieron cuenta de que no funcionaba en las condiciones climáticas chilenas. Sin embargo, lejos de desistir de la idea, decidieron elaborar su propia fórmula, adaptada a la meteorología nacional, y luego de dos años de búsqueda, ensayos y pruebas, dieron con el producto indicado.
El año pasado produjeron cinco mil kilos; ocho mil kilos en 2014, y se proyectan dieciséis mil para 2015, con más de ciento cincuenta obras en todo Chile.
¿Cómo es trabajar con el hermano?
No es la primera vez que trabajamos juntos, y hemos logrado una buena cohesión de trabajo, separando, profesionalmente, el trabajo de la familia. Esto es primordial para rodar un negocio. Nos coordinamos de tal forma que cada uno se enfoca en su especialidad, Pablo está a cargo de toda el área técnica y producción. Yo, como ingeniero comercial, estoy más enfocado a la gestión y desarrollo de ventas de la empresa.
Cuando falló el producto importado, ¿qué los motivó a no darse por vencidos?
El estar convencidos de lo que hacíamos. Siempre hemos confiado y creído en el producto, por eso apostamos por él. Le dimos la vuelta al problema, solucionando sus falencias y logrando generar una oportunidad que nos permitió comenzar con una producción nacional y, a su vez, un mayor conocimiento del mismo.
¿En qué les sirvió su respectiva estadía en el extranjero?
Mucho, el saber que existen otras formas de hacer las cosas y no solo como te han enseñado en tu entorno. Así enfrentas la vida y situaciones en más de una perspectiva. Existen muchas, lo importante es saber cuál es la idónea, transformar los problemas en soluciones desde el punto de vista de las oportunidades.
¿Cuáles han sido las mayores dificultades de su negocio?
El ser pioneros en el tema. Cuando comenzamos nadie nos conocía. Necesitábamos mucha difusión, obras que respaldaran nuestro trabajo, validaciones técnicas en organismos certificados y mucho trabajo. Hoy en día es fácil hablar de innovación, pero llevarlo a la práctica no es lo mismo, puesto que debemos atrevernos a cambiar nuestros hábitos de uso. En el caso de nuestro producto, convencer a los clientes que este les permitiría mejorar sus tiempos de mantención, instalación, costos de mano obra y contribuir con el medio ambiente. Ahora, ya con cuatro años de funcionamiento, es otra historia. El producto habla por sí solo, nuestros clientes están muy satisfechos con los resultados, contamos con el respaldo de instituciones y un equipo de trabajo consolidado.
¿Cómo ha respondido el mercado nacional?
En general, bien. Hemos consolidado clientes en diversos puntos del país, principalmente Santiago, Concepción, Temuco, Chillán, Talca, Viña del Mar, Puerto Montt y Antofagasta, los cuales han incluido el producto en futuros proyectos.
¿Cuáles son los planes?
Seguir entregando un producto de calidad de acuerdo con las necesidades del mercado, consolidando nuestros clientes actuales a nivel nacional al implementar mejoras en logística y distribución, con el fin de cumplir con los pedidos en tiempos establecidos. Además, el desarrollo de nuevas soluciones constructivas, siguiendo la misma línea sustentable, incluyendo materiales que se adquieran en el país. Ya existen varios prototipos en los cuales estamos trabajando. En cuanto al desarrollo de ventas, nos atrae Perú y Colombia, donde existe un mercado potencial. Esperamos, para el 2015, lograr vínculos que nos permitan exportar.
“Hoy en Europa está en boga toda la tecnología que contribuya al cuidado del medio ambiente, con productos que sirvan a la eficiencia energética y que sean sustentables”.