Histórico jugador del Country Club, seleccionado chileno en años de bonanza de la disciplina, hoy está volcado al aspecto técnico y al desarrollo de las divisiones menores desde su rol directivo en la federación, tratando de colaborar en su despegue.
por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.
En la década de los ochenta y noventa, el apellido Wolansky era reconocido en el hockey césped, incluso fuera de las fronteras regionales. Alejandro Wolansky, hermano de Thomas y Andrés (también seleccionados), lideró una camada de jugadores de Concepción que se tomaron por asalto la selección chilena, obteniendo con ella grandes resultados en el concierto continental.
Ingeniero civil en industrias forestales, ha pasado toda una vida ligado a esta disciplina. La conoció a través de la familia, pues su padre formó parte del primer equipo de hockey en Concepción. Jugó en todas las categorías de Old John’s Country Club, primer equipo penquista en desarrollar este deporte, mientras que después de una rica trayectoria, se dedicó a la dirección técnica y a la actividad directiva, viendo el mismo entusiasmo de sus mejores años en sus cuatro hijos, todos hábiles en el hockey.
¿Cuándo conociste el hockey?
Como a los ocho o nueve años, jugando en el Country Club de Concepción. Un club con gran identidad de barrio, y por lo tanto, quienes conformamos esa generación éramos todos, o la mayoría, además de compañeros de equipo y grandes amigos, vecinos.
¿Qué recuerdos tienes de ese inicio?
Nuestro primer DT fue Alejandro Marty Ciocca, quién además de ser un eterno hockista del club, pues obtuvo el Campeonato Nacional en 1977, junto a otro grupo de grandes hockistas y personas, y representó a Chile por muchos años en torneos internacionales, es también nuestro médico traumatólogo de cabecera. Una gran persona y amigo de todos los que conformamos esa generación de hockistas del Country. A partir de ahí, comenzó a forjarse un potente grupo de amigos como hay pocos, gracias a los valores y la mística de la generación anterior y del club en sí, que logramos internalizar y mantener gracias al apoyo y continuidad de Felipe Neira a nuestro cargo, también seleccionado nacional de la época, y quien fuera nuestro entrenador durante la mayor parte de nuestra vida hockística.
¿Cómo se desarrollaba la competencia?
No había rivales acá. Teníamos que desplazarnos para jugar con Manquehue,
Sport Française o Sporting. Nosotros partimos, y entrenábamos
para ir a jugar afuera o recibir rivales. Desde chicos, a los doce
años, ya competíamos en torneos de menores en Santiago.
También fuiste seleccionado nacional...
Estuve en la selección desde los quince años en adelante. De esta generación, varios del club tuvimos también la oportunidad y orgullo de ponernos la roja en torneos internacionales: Juan Ortigosa, Daniel Montoya, Rodrigo y Cristián Alegría, José Cuevas y Carlos Pecchi. Ahí se produce un crecimiento integral que genera la pertenencia a un equipo conformado por amigos de verdad. Luego fueron incorporándose, paulatinamente, las generaciones siguientes, dentro de las cuales estaban mis hermanos Andrés y Thomas, y otros grandes amigos y aún referentes actuales del hockey, como los hermanos y primos Marty Pecchi y Marty Neira, Rodrigo y José Miguel Robles, Fernando Márquez y muchos otros grandes valores.
¿Con qué recuerdos te quedas de esa época?
Cuando fuimos al sudamericano en Venezuela, y lo ganamos. Y luego los Panamericanos de Cuba (1991), que atesoro. Esta fue una tremenda experiencia deportiva y personal, porque todo era muy parecido a los Juegos Olímpicos: el ambiente que se vivía, los deportistas de todas las disciplinas reunidos en una villa, poder ir a ver a los compatriotas que competían, fue súper potente.
¿Coincidía con un buen momento deportivo?
Esos años fueron muy buenos, con muchos partidos de nivel internacional. Como club, en esa época, estuvimos varios años peleando el primer lugar con Manquehue, aunque en las finales siempre nos pasaba algo.
¿Qué los identificaba?
En Concepción, el tema físico era súper potente. Tuvimos muy buenos preparadores físicos, lo que nos permitía estar siempre un peldaño más arriba que los jugadores de Santiago o de Viña del Mar. Lo otro era la garra, pues como equipo, la llevábamos a la selección cuando jugábamos. En lo personal, tenía habilidad, aunque fui cambiando de posición en la cancha. Pasé de líbero a stopper, volante, delantero. Después, con los años, fui retrocediendo, hasta llegar a jugar de líbero de nuevo.
¿Cuál fue el fin de esa época?
Seguimos compitiendo, pero yo me retiré un tiempo de la selección. En una fase no me llamaron, y en la segunda oportunidad renuncié, porque había mucho desgaste. Posteriormente, volví a la selección. Después me lesioné la rodilla y dejé de jugar en competencias. Me corté el ligamento cruzado, tenía como veintisiete años, y en ese tiempo no tenía muchas posibilidades de recuperarme bien. Habría seguido jugando. Me recomendaron fortalecer el cuádriceps hasta que apareciera una tecnología nueva que me permitiera operarme y me llamaban, lo que ocurrió, pero ya me había ido a trabajar a Chillán y estaba metido en mi trabajo. La constancia no era la misma. Venía de vez en cuando a entrenar. Hasta que finalmente dejé de jugar.
INSTANCIA FORMATIVA
El presente de Alejandro Wolansky lo tiene nuevamente muy cerca de su club, al cual estuvo ligado como entrenador de las series menores. Hoy, como dirigente de la Federación Chilena de Hockey, dedica su trabajo hacia el desarrollo de los más pequeños, especialmente hacia las regiones. Desde allí, alejado de la cancha, espera retribuir con proyectos y nuevas oportunidades, al crecimiento de una disciplina que de potencial tiene mucho, y donde posee un fuerte arraigo familiar.
¿En tu caso, se trata de un deporte familiar?
Claro. Todos mis hermanos y hermanas jugaron, cinco en total. Mi papá jugaba en el primer equipo de Concepción. Y lo heredamos, pues al haber comprado casa al lado del club, era cosa de abrir la puerta y partir a jugar al Country. De ellos, Andrés volvió a jugar, y Tommy fue el último que siguió en la selección, hasta hace un par de años atrás. Se fue a Holanda por trabajo, y allá también estuvo jugando en un equipo. Y de las nuevas generaciones, mis tres hijos chicos juegan: Antonia (15), Paulina (13) y Sebastián (11).
¿Cuál es su presente en la actividad?
Hasta el año pasado estaba en cancha, como entrenador de menores. Pero trajimos a un entrenador argentino para que se hiciera cargo de los equipos, Enzo Battaglia, a quien acompañé al principio. Luego, me preocupé de temas administrativos hasta que fui elegido director de la federación nacional. Desde entonces, he estado trabajando en aspectos de desarrollo regional, sobre todo con los menores. Tratando de hacer cosas nuevas, como la participación en torneos regionales argentinos.
¿Cuál es la realidad del hockey local?
Ha crecido mucho, sobre todo en colegios. Antes era solo el Colegio Inglés Saint John’s, y nosotros como Old John’s. Se producía la sinergia que en el Country se practicaban todos los deportes del colegio. Hoy se ha expandido a otros establecimientos, como el Almondale, Wessex, Amanecer (Coronel) o Alemán.
¿Cuáles son tus proyecciones?
La idea es tener nuestra propia cancha sintética en el Country Club. Es un anhelo de años. El juego y la táctica son absolutamente distintos. En la labor directiva, como los otros directores viven en Santiago, opté por dedicarme al desarrollo regional, que era mi objetivo para postular al directorio. Los nuevos desafíos son desarrollar una masa de jugadores y jugadoras en la región, y también hacia el sur. De aquí a mediano plazo, poder tener una asociación, para replicar el sistema deportivo argentino, referente en este deporte.
“En la labor directiva, opté por dedicarme al desarrollo regional, que era mi objetivo para postular. Los nuevos desafíos son desarrollar una masa de jugadores y jugadoras en la región, y también hacia el sur”.