Vive en Rancagua, zona perfecta para trabajar en lo que más le gusta: la restauración del adobe. La región de O´Higgins tiene muchas casas hechas con este material que esperan ser restauradas. Y ahí está Karim, esperando impaciente por volver a darles la vida a estas construcciones que la modernidad ha dejado en completo olvido.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
Si hay algo que da gusto es ver a una persona trabajar con pasión. Y ese es Karim. Un apasionado de la tierra, de la historia, de nuestras raíces y del patrimonio. Por lo mismo, y a pesar de haber estudiado ingeniería comercial, hoy se dedica a la construcción y, en especial, a la restauración de casas de adobe.
Después de trabajar como gerente en grandes empresas de la capital,Karim quiso independizarse y hacer sociedad con su mujer que es diseñadora de interiores. “Siempre me gustó la construcción, y decidí que podía hacer cosas de forma independiente, y con la ayuda de mi mujer, se nos ocurrió la idea de hacer casas para trabajar juntos”.
¿Cómo un ingeniero comercial sabe de construcción?
La ventaja que tenemos los comerciales es que sabemos dirigir una empresa. Tuve mucha experiencia en eso, entonces buscando y contratando gente adecuada se puede hacer cualquier cosa.
¿De qué manera investigaste el tema?
Compre muchísimos libros al respecto, aprendí todo lo que eran las técnicas de construcción… fui bien mateo y autodidacta. Después contraté un ingeniero civil, a un constructor calificado, además de los maestros, y me dediqué a dirigir la empresa.
¿Cómo empezaste?
Comenzamos haciendo reparaciones de casas. De a poquito, primero construyendo ampliaciones, reconstrucciones, ese tipo de cosas. De eso ya han pasado veinte años…
¿Cómo te diste a conocer?
Cuando uno parte en construcción, todo está en la confianza. Empecé con gente conocida, haciendo pequeños arreglos, cosas básicas. Así, poco a poco, me fueron llamando los amigos de los amigos…
EL DESCUBRIMIENTO
¿En qué minuto llega el adobe a tu vida?
Tengo un muy buen amigo, Juan Pablo Esquivel, que es ingeniero civil y vive en Colombia. Lo conocí en un viaje a ese país. Él me enseñó casi todo lo que sé sobre este material, es el capo del adobe, lleva cuarenta años trabajando con él, ya que allá la mayoría de las casas son de barro; de hecho, el ochenta y cinco por ciento de las construcciones en América Latina son de adobe. Y cuando fue el terremoto de Haití, me llamó para que nos fuéramos a reconstruir todo lo que se había caído.
¿Te fuiste?
No alcancé, porque cuando estaba preparando todo, vino el terremoto de Chile, entonces preferí quedarme para ayudar a reconstruir las casas de adobe que se cayeron acá.
¿Qué es una restauración?
Es volver a levantar las partes de una casa, en este caso, tal y como era en sus tiempos, con los mismos materiales, y respetando las formas.
¿Cómo puedes darle diez años de garantía a tus restauraciones en adobe, si ni los bancos aseguran este tipo de construcción?
Porque estoy tan seguro de lo que hago, y de cómo lo hago, que no sólo lo digo yo, mis clientes lo avalan. Las restauraciones de Monte León —www.cmediterraneo.cl— nombre de la empresa, tienen una garantía de diez años, no existe otra constructora que restaure adobe que entregue este beneficio.
EL ADOBE
¿Cuál fue tu primera restauración post terremoto?
La de la señora Juana Tare, abuela de Nicolás Massú. Me llamó Carlos, el tío del Nico, y su papá, Manuel, porque la madre de ambos no quería que le echaran la casa abajo, quería arreglarla a como diera lugar.
¿Cómo fue ese proyecto?
Es una casa ubicada en Llay Llay, en la Región de Valparaíso, de mil doscientos metros cuadrados construidos, y tenía dañado unos cuatrocientos metros cuadrados. Fue un tremendo desafío. La reparamos junto a mi equipo de maestros, a quienes les enseñé la técnica del adobe, y con la asesoría de Manuel Fierro, ingeniero civil de la empresa Inchalam, productores de alambres, y el ingeniero calculista.
¿Qué es el adobe?
Es la unión de tierra, arcilla, arena, mezclada con fibras pequeñas de paja.
¿Qué atributo cumple cada elemento?
La resistencia y dureza se lo da la arcilla; la tierra hace que la mezcla sea compacta, la paja aporta elasticidad, y la arena une todo.
¿Entonces, dependiendo de la mezcla, hay mejor y peores tipos de adobe?
Así es. En el norte y hasta la región Metropolitana se podría decir que hay abundancia de buena arcilla. Las casas que se hicieron ahí poseen un adobe duro, más resistente. En cambio, en nuestra región, la arcilla es poca, por eso le ponían más tierra a la mezcla, de ahí que, al tomar un pedazo de adobe y apretarlo, se desgrane en tus manos. Hacia el sur la arcilla es escasa.
¿Color típico con que se pinta el adobe?
Café moro. Nosotros lo hacemos como antaño, usando pigmentos.
¿Todas las casas de adobe tienen reparación?
Todas, no se bota una casa de adobe bajo ninguna circunstancia, a menos que el techo esté a nivel suelo.
EL SISTEMA
¿Cómo se restaura o repara el adobe?
La primera es haciendo unas perforaciones para introducir estructuras de madera que van por dentro del adobe y se unen con pernos. Unas van en forma horizontal y otras, vertical. Para mi gusto, esta forma une los muros, pero no le da una resistencia sísmica a la casa. La otra es, además del tema de la madera, agregarle una malla que recubre los ladrillos de adobe. Así se hace en Colombia. Pero yo encontré un sistema que deja la madera de lado.
¿Cuál fue el sistema que te ha asegurado el éxito?
Investigando por ahí encontré una malla que tiene la resistencia necesaria para dejar de lado la madera. Antes de usarla, decidí hacer un estudio con ingenieros calculistas y revisores estructurales del Ministerio de Vivienda a los que contraté para ver el tema de la resistencia de la madera y la malla. Ellos concluyeron que, con esta nueva malla, la madera estaba de más.
¿La diferencia de esta nueva malla con las demás?
Un metro cuadrado de adobe tiene mil seiscientos kilos de peso. Hoy las casas se restauran con malla acma, la que tiene una resistencia de ochocientos cincuenta kilos por metro cuadrado. O bien, con una que es de plástico que es la que usan en Perú, pero resiste sólo trescientos cincuenta kilos por metro cuadrado. La que yo uso es una malla flexible, de alambre galvanizado, que va tejida y resiste cuatro mil kilos por metro cuadrado.
¿Eres el primer constructor que usa en Chile este sistema?
Puedo decir con certeza que soy el primero y el único.
¿Por qué teniendo este material los demás no lo usan?
Por falta de investigación, de interés. No hay respeto por el adobe que es ancestral.
¿Por qué va en baja la construcción en adobe?
Por ignorancia, nadie ha hecho un estudio acotado sobre este material. La gente no sabe trabajarlo, le han quitado la importancia que tiene. Ya no hay ni maestros que hagan adobe, es uno el que tiene que prepararlos, enseñarles la técnica.
¿Errores que se comenten al restaurar adobe?
Alivianar las techumbres. Agrandar una puerta, o ventana, los muros de adobe no se pueden recortar, porque se debilitan, le quitas refuerzo. Usar cemento, esto es de tremenda ignorancia, es no saber las cualidades del adobe. La tierra jamás se va a pegar al cemento, el adobe respira, tiene poros, con este material lo único que se consigue es quitarle esa posibilidad, lo que provocará humedad. Además, si le pones cemento ya no estaríamos hablando de restaurar, sino de modificar. También un grave error es ponerle malla de plástico; a pesar de que los estudios comprueban que no tiene la resistencia necesaria, igual la siguen usando. Y por último, no se le puede poner clavos a la tierra…
¿En qué estás ahora?
Tenemos varios proyectos pendientes. Estamos investigando la construcción con fardos de paja. En este minuto estamos concentrados en reparar una casona en Coinco. Tiene dos mil metros cuadrados construidos. De esto se cayó un cuarenta por ciento de la casa. Ahora estamos restaurando en la pieza principal, que tiene cien metros cuadrados.
¿Qué es para ti el adobe como material?
Espectacular. Primero, porque mantengo una tradición histórica. Tiene una perfecta aislación que no te da ningún otro elemento, pues en verano refresca la casa y en invierno la mantiene caliente, además que es un material económico y ecológico.
"No se bota una casa de adobe, bajo ninguna circunstancia, a menos que el techo esté a nivel se suelo".