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EDICIÓN | Diciembre 2014

Libertad sin límites

Antonio Leiva, ciclista de montaña extremo
Libertad sin límites

Ha estado en el top diez mundial y se ha colgado tres medallas de oro panamericanas, pero su mayor triunfo ha sido poder conquistar la montaña. Mezcla de contemplación, silencio y libertad, el mountain bike se ha transformado, para este deportista, en un estilo de vida.

por María Jesús Sáinz N. fotografía Andrea Barceló A.

“Me crié en el sur”, cuenta Antonio Leiva, como si con solo eso bastara para entender su amor por la naturaleza, la velocidad y la bicicleta. Santiaguino de nacimiento, tenía apenas dos años cuando con su familia partió a vivir a Angol, en la región de la Araucanía, y pedalear se volvió algo cotidiano. “Es que las distancias eran largas y cuando eres chico, parecen enormes”, recuerda mientras nos explica cómo se trasladaba al colegio, a las canchas y a las casas de sus amigos sobre dos ruedas.

Al llegar a vivir a Santiago, a los catorce años, se hizo amigos ciclistas, ¡cómo no!, y descubrió que eso que él hacía con toda naturalidad, como subir cerros y bajar por pequeños senderos a toda velocidad, en la gran ciudad se traducía en un mundo de circuitos, categorías y competencias. Supo entonces que tenía algo que aportar.

En el Cerro San Cristóbal, donde hoy nos encontramos para esta entrevista, vio por primera vez una carrera. “Para mí era un pasatiempo, un medio de transporte, una herramienta para llegar a todos lados y tener autonomía”. Sin embargo, en esa competencia aprendió las distintas disciplinas y entendió que podía ser, además, un estilo de vida.

¿Quién te formó?
En esos tiempos era sólo ver vídeos para aprender y caerse. Probar, caerse, y caerse muchas veces hasta que después de varios años ya no te caes y realmente te comienza a ir bien.

Has conseguido muchos triunfos…
Sí, pero, lejos, mi mayor logro es que sigo practicando este deporte después de quince años y hago saltos de quince metros.

PASIÓN EXTREMA

La especialidad de enduro consiste en una carrera larga, de hasta ocho horas, con subidas, bajadas y que requiere —según sus propias palabras— de “resistencia, técnica y estrategia”, mientras que el descenso o downhill es una carrera corta, de máximo seis minutos, y ciento por ciento de bajada. “Es muy rápida y, por eso mismo, no admite errores. Es explosiva y de mucha potencia”, explica.

Sin embargo, para él, el mountain bike es simplemente sinónimo de “juntarse con los amigos para ir al cerro”. Asegura que lo que más le apasiona es la atmósfera que gira en torno a este deporte.

“Hay ejercicio físico y mental antes de una competencia y luego naturaleza, viento, velocidad, silencio y lugares que sólo puedes conocer arriba de la bici”, describe. “Luego llegas a tu casa con una sensación de tranquilidad enorme por haber estado en contacto con la naturaleza”.

También le apasiona el nivel de competencia que cada día es más alto en Chile, país que en los últimos diez años se ha logrado ubicar entre los mejores de Sudamérica. Afirma que hay alto rendimiento, pero que falta crear las condiciones para una profesionalización más masiva.

¿Por qué es tan difícil?
El tema es que los factores socioculturales casi siempre pasan a ser más potentes que una carrera deportiva. Al final depende mucho del entorno que rodea al ciclista, si tiene una familia que lo apoya o deportistas en la familia. Todo eso pueda afectar su destino.

¿Y qué se necesitaría entonces para poder vivir del deporte en nuestro país?
Lo que falta es salir de la jaula, creerse el cuento y romper paradigmas .

¿Cómo así?
Me refiero a salir de Chile y triunfar en el extranjero. La mayoría de los referentes chilenos como Coco Zurita, Ramón Navarro o Chopo Díaz son riders que pasan más de la mitad del año fuera de Chile. Además, hay que ser creativo para sacarle partido a la imagen y representar bien a las marcas que nos auspician.

Durante un tiempo, él mismo lo logró. Ha sido el único chileno que ha estado contratado por un team internacional. Gracias a ese trabajo tuvo el privilegio de vivir en el valle de Aosta, en los Alpes italianos, y conocer más de veinte países.

¿Viajar es parte del encanto?
Lo que más me ha dado este deporte ha sido la posibilidad de conocer el mundo, hacer amistades y crear lazos. Eso es único. Sobre todo porque conoces los lugares desde otra perspectiva.

PEDALEAR BAJO LA LLUVIA

Pero aunque disfruta mucho de la ciudad, practica el descenso urbano e, incluso, ha sido cuatro veces ganador de la competencia Valparaíso Cerro Abajo, siempre está sintiendo el llamado del sur.

Por eso, luego de su paso por Santiago, donde terminó el colegio y estudió diseño industrial, se fue a vivir a Pucón, junto a su mujer y su hijo. Durante los últimos cuatro años ha podido desarrollar ahí su propia marca de ropa, llamada Kido Outdoors, ciento por ciento chilena. Un proyecto que ha logrado combinar sus dos pasiones: el diseño y el deporte.

Es un privilegio vivir en Pucón…
Sí, sobre todo poder criar a mi hijo en ese entorno. Agradezco mucho poder estar ahí, aunque también es crudo en el invierno. Hay que estar buscando los claros de sol en snowforecast, que es un pronóstico del tiempo muy exacto, para salir a pedalear entre la lluvia y el frío.

Para este 2015, sus objetivos son estar presente en el City World Downhill Tour, que es un circuito de descensos urbanos internacional que ya tiene fechas en Brasil, México, Chile y Eslovenia y, en la especialidad de enduro, mantenerse fuerte para salir a experimentar a Francia o Italia.

Todo, para no dejar de lado su pasión y seguir pedaleando cerros en Chile y el mundo. No por nada nos dice que lo más importante para practicar este deporte es tener “perseverancia y locura”.

 

“Lo que más me ha dado este deporte ha sido la posibilidad de conocer el mundo, hacer amistades y crear lazos. Eso es único. Sobre todo porque conoces los lugares desde otra perspectiva”.

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