La oportunidad de ser un aporte en la determinación de un acuerdo e instaurar un diálogo efectivo entre los padres, tiene un gran sentido para ellas, pues la razón primordial de la mediación familiar se fundamenta en que este proceso es por el bien de sus hijos. Ampliar el campo de la mediación a otras áreas de la sociedad será el siguiente paso para estas mujeres, quienes buscan conciliar los intereses y necesidades legítimas de ambas partes.
por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Resolver un conflicto, a través de la mediación de un tercero imparcial, se ha convertido, en el último tiempo, en una alternativa eficaz y en un puente significativo en distintas áreas de relaciones humanas, ya sean familiares, legales, comerciales, comunitarias o a nivel escolar. Desde el año 2009, la mediación es obligatoria en nuestro país y el Tribunal de Familia incorporó este concepto validándolo en tres materias mediables: alimentos (pensión), relación directa y regular (visitas) y cuidado personal (tuición). Cuando los padres llegan voluntariamente a esta instancia prejudicial se cumple el primer paso del proceso, sin embargo, esto solo constituye el principio de la historia, pues lo sustancial es llegar a un acuerdo por el bien superior del hijo. Y esta es, precisamente, la labor que cumplen Marcela González y Tatiana Pavisic.
Ambas son educadoras de párvulos. Marcela amplió sus conocimientos con postgrados en el área de educación y Tatiana estudió, además, sicopedagogía. Se conocieron cuando ocupaban cargos directivos en distintas universidades de La Serena, se hicieron amigas y el año pasado decidieron estudiar juntas un magíster en resolución de conflictos y mediación familiar en la Universidad Central. Se inscribieron en la lista oficial del Registro Único de Mediadores Familiares del Ministerio de Justicia y, el año pasado, dieron vida al Centro de Mediación Privado Acuerdo, en La Serena.
“Este es un trabajo pro paz en términos de la mediación familiar, educacional, comunal o vecinal”, recalca Tatiana. Para Marcela, la mediación tiene como fundamento filosófico la democratización de las relaciones, “esto significa que somos todos iguales en función de resolver un conflicto”.
¿Qué hace que hoy lleguemos a esta instancia?
T: Estamos en la era de la tecnología, sin embargo, en términos de habilidades comunicativas personales hemos perdido muchísimo. Comunicarse no es solo dar instrucciones respecto a lo que yo quiero que el otro haga, sino que tiene que ver con que el otro sepa quién soy o cómo estoy, esta es una gran debilidad de la sociedad occidental. Por otro lado, el hecho de que la mujer tenga una mayor inclusión laboral, ha significado estar en igualdad de condiciones. Ahora mira al hombre a los ojos y se permite plantear su opinión y postura, por ejemplo, ante la crianza o necesidades de sus hijos.
¿Quién designa al mediador?
M: Esto funciona de manera pública y privada. El Estado debe proveer este servicio a través de centros licitados y la persona puede solicitar la mediación de manera gratuita, para eso debe reunir las condiciones que acreditan que económicamente no puede pagarlo. En este sistema, el Tribunal de Familia reparte de manera equitativa las derivaciones en los centros mencionados. Ahora, quien hace este proceso con un abogado particular, el profesional le indica que debe ir a mediación y buscar centros de mediación privados. El abogado vela por el interés de las dos partes y, el mediador, por el interés del niño y lo que busca es no judicializar el proceso
¿Y quiénes solicitan la mediación?
M: Las personas que tienen hijos en común. Resulta muy complejo poner a los padres en contrapunto en un juicio, entonces lo que hacemos es ayudar a que lleguen en un plano más respetuoso, de reconocimiento del otro como un legítimo otro, con sus intereses e inquietudes propias. T: Es evidente que las parejas que llegan a nuestro centro es porque se rompió el vínculo afectivo, pero siempre serán los padres de sus hijos, de manera que si se perjudican entre ellos, también dañan a sus hijos.
¿Qué materias no entran en la mediación?
M: No es mediable el divorcio, la adopción, la afiliación, la paternidad, la violencia intrafamiliar.
¿La inquietud la presenta uno o ambos padres?
M: Lo lógico es que una de las partes recurra a un abogado por un juicio en cualquiera de las tres razones mediables. La mayor parte de las personas que llegan hasta nuestro centro; son mujeres. T: Son los padres quienes proponen y nosotras guiamos en el acuerdo.
¿Qué principio prima en todo este proceso?
M: El bien superior del niño. Los centros de mediación se mueven en esa lógica y lo llevamos al punto de que sí se puede resolver el conflicto. T: Aquí no se resuelve el tema afectivo entre los padres, no es una terapia de pareja. Lo que está en disputa son las necesidades y requerimientos del hijo, en función de las materias competentes.
NEUTRALIDAD
Para Marcela y Tatiana, la mediación tiene como elemento de base la teoría de la comunicación y desde esa comprensión la ontología del lenguaje es primordial. “El lenguaje construye mundos, moviliza, transforma y es una extensión del ser. En ese sentido hay técnicas que permiten manejar la situación y empoderar a cada una de las partes. Les ayudamos a validarse y a expresar sus necesidades, siempre tratando de despejarlo de la emoción y para eso usamos la técnica del parafraseo, para dejar muy claro el mensaje”, recalca Marcela.
¿Existe prejuicio en los hombres, por el hecho de que ustedes sean mujeres?
T: Los hombres siempre tienen la sensación de que aquí podría existir solidaridad de género. Acá ellos y ellas están en igualdad de plantear lo que piensan y sienten, por eso con Marcela trabajamos juntas cada caso. Usamos todas las estrategias necesarias para mantener la imparcialidad y no perder el foco.
¿Cómo manejan las situaciones en que la madre solicita más pensión de lo que el padre puede dar?
M: Para todos los casos hay un seguimiento protocolar establecido. En el caso de la pensión alimenticia,son los padres quienes nos cuentan cuál es la situación de cada uno y relatan su postura frente al conflicto. El deber del mediador está en transformar esa postura y evidenciar la necesidad. Así comienzan a surgir las posibilidades de acuerdo.
¿El objetivo del acuerdo es mantener el nivel de vida que tenían los niños, hasta que sus padres se separaron?
M: La ley plantea eso, pero el objetivo de la mediación es que podamos poner las necesidades e intereses de esas partes en un acuerdo y con un lenguaje jurídico. En la mediación, a diferencia del juicio o arbitraje, son las partes quienes deciden la solución del conflicto.
¿Se puede modificar el acuerdo?
M: En ocasiones el acuerdo puede tener algunos bemoles en términos del lenguaje jurídico, por eso es importante que sea muy claro y quede todo muy bien estipulado. Ahora, una vez que el acuerdo se firma en la sala de mediación, el Tribunal lo timbra y eso ya tiene un carácter de sentencia. La participación del proceso de la mediación es voluntario, pero el cumplimiento del acuerdo es obligatorio.
¿Ustedes pueden hacer sugerencias?
M: Nosotras estamos imposibilitadas de sugerir. Son los solicitantes quienes sugieren, a través de las preguntas que nosotras les realizamos.
“Aquí no se resuelve el tema afectivo entre los padres, no es una terapia de pareja. Lo que está en disputa son las necesidades y requerimientos del hijo, en función de las materias competentes”, Tatiana Pavisic.