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EDICIÓN | Diciembre 2014

Arte natural

Violeta Larraín McClure, artista visual

Pétalos de rosas, hojas, algas o semillas son los materiales con los que ha creado increíbles cuadros llenos de vida, color y armonía. Una oda a la flora y a las especies nativas chilenas que la hicieron ganadora del concurso TransparentArte 2014 y que la llevó como invitada a la XXXI Bienal de Sao Paulo.

por María Inés Manzo C. fotografía Vernon Villanueva B. y gentileza Violeta Larraín.

Violeta Larraín McClure, desde pequeña, tuvo cercanía con el mundo artístico. Proveniente de una familia de arquitectos y pintores, el interés por la naturaleza siempre estuvo en su vida. En un principio, desde el jardín de su casa, investigando y explorando la flora, comenzó a trabajar con flores de Bach. “Esto me motivó a indagar mi pasado familiar y descubrí que mi bisabuelo, Manuel Lazaeta Acharán, es el fundador de la medicina natural en Chile. A partir de eso sentí que se generaba un vínculo súper fuerte y mi investigación tenía sentido. Paralelamente, por la familia McClure me encontré con una placa conmemorativa en el cerro San Cristóbal, donde mi abuelo se proclamaba en defensa del bosque chileno nativo en los años sesenta”, nos cuenta.

Fue así que al momento de entrar a estudiar artes plásticas en la Universidad de Chile, trató de incorporar la naturaleza a como diera lugar. Al principio trabajaba con la degradación y descomposición de las mandarinas y el musgo que iba generando o con preparaciones de boldo y canela. De repente, se atrevió a trabajar con hojas, empezó a cortarlas en pequeños cuadraditos y a formar cubos. Una idea que después replicaría con pétalos de rosas, algas, semillas y otras especies nativas. Pero todo bajo una constante investigación.

¿Por qué decides trasladar tu taller a Valparaíso?
Al dedicarme al arte, y para lo que yo quería hacer, no tenía sentido el estar en una ciudad tan ruidosa y contaminada. Me vine en busca de paz y salud. Este taller en Cerro Alegre, me permite hacer exposiciones y relacionarme con el público. Eso me encanta, porque la gente siempre quiere hacerme preguntas y entender el proceso.

¿Esta idea es tuya o te inspiraste en otro artista?
Esta idea es completamente mía, he tratado de buscar artistas que trabajen en algo parecido, pero no he encontrado. Por lo general, el arte vinculado a la naturaleza es más efímero y apela a intervenciones más invasivas. Yo tomo la naturaleza, la traigo a mi taller y lo que busco es que permanezca en el tiempo.

¿Por qué la flora?
En Chile hay una naturaleza y un paisaje bien particular. Hay tantas especies que me permiten ir armando series de ciertos territorios. Tengo distintos proyectos paralelos, por ejemplo, con plantas medicinales. Siempre estoy sembrando, plantando, cultivando, todo es parte de seguir reflexionando y no solo recolectar lo que voy a usar en mis obras; sino que producir y ayudar a la ecología, la permanencia de la especies, hacer conciencia de lo que tenemos.

¿Cómo es la investigación?
Siempre es una experimentación, porque no todas las especies se comportan de la misma manera. Hay flores u hojas que una vez que están expuestas a la luz comienzan a cambiar sus colores y hay otras que se mantienen bien en el tiempo.

¿Cuál fue tu primer trabajo?
Fue en el jardín de mi casa en El Arrayán. Comencé recolectando los árboles que vi crecer de pequeña: hojas de higuera, palto, manzano, mandarín, limón, etc., y se dio la coincidencia que eran todos frutales. De ahí me metí a trabajar con los pétalos, el jazmín, las rosas, la caléndula, las maravillas, las amapolas y, paralelamente, comencé a sembrar muchas flores.

DELICADEZA Y DEDICACIÓN

Violeta trabaja, para cada cuadro, alrededor de dos meses e, incluso, hay obras que le han tomado más de un año. Primero viene la recolección de especies (principalmente rosas y hojas nativas) y, en algunos casos, compra rosas de Ecuador por sus llamativos colores. Para ambas, el proceso de tratamiento es el mismo: el prensado se realiza dentro de libros o guías de teléfono. “Los pétalos tienen que quedar muy bien estirados, sin ningún pliegue. Entonces los voy trabajando uno a uno. Hay que cuidar mucho el proceso de secado, que la humedad no se pase o no se pudran. Con las hojas es parecido, pero hay algunas con nervaduras muy gruesas y tengo que rasurar primero. Además, se tienen que limpiar del polvo y los insectos”.

¿Las algas tienen un trabajo distinto?
Sí, las algas son muy complicadas. Se tienen que prensar en un tipo de hoja especial, porque si no quedan pegadas. También al momento de tocarlas, la humedad de los dedos las empieza a deformar. Hay que tener mucho cuidado, pero es muy interesante.

¿Qué viene luego?
Todas mis obras, luego del secado, las separo por especies y, dentro de ellas, por tonos. La creación comienza desde el momento en que estoy recolectando; mi cabeza ya está pensando tamaño, colores, etc., aunque siempre hay algo propio del material que no puedes medir ni calcular.

Todo es muy minucioso…
Sí, una vez que la obra está lista tengo que enmarcar de inmediato, porque es muy delicado. Casi siempre lo hago entre dos vidrios, porque me gusta que, aunque se cuelgue sobre un muro, exista la posibilidad de que pueda ser en un espacio abierto y se vean los dos lados. Hay dos obras al final, se ve el proceso, pasa la luz y cambian los colores. El contraluz es muy bonito, vuelve como a la esencia de las hojas en los árboles.

LA BIENAL

En marzo de este año, Violeta ganó el primer lugar del concurso TransparentArte con la obra Varias especies I (con más de quince hojas entre copihue, canelo, haya, castaño, encino, caqui, etc.), gracias a lo cual viajó a la XXXI Bienal de Sao Paulo, y en este mes de octubre se encuentra exhibiendo la obra ganadora en Ch.ACO, la feria de arte contemporáneo más importante del país.

Ahora estás trabajando con especies del sur…
Sí, a orillas del río Maule. Junto a una arqueóloga y un fotógrafo estamos armando un proyecto de catastro de especies nativas para llevarlo el ámbito artístico. Hoy queda muy poco del bosque esclerófilo y queremos enseñarle a la gente de la zona la importancia de lo que tienen. También estoy en otra investigación, más privada, en el bosque pluvial de Valdivia y Chiloé.

¿Cómo fue la experiencia de la Bienal de Sao Paulo?
Increíble, fui por cinco días y estuve alrededor de veinte horas hablando con otros artistas y reflexionando sobre mi propio trabajo. Además, conversé con el curador principal de la muestra, Charles Esche, quien vendrá a Chile en noviembre.

¿Próximos proyectos?
Estoy en conversaciones para exponer en Talca y Concepción y me encantaría mostrar en Chiloé. También me invitaron a ser parte del proyecto Ojo Latino, que se expondrá en la 56ª Bienal de Venecia 2015. Dos de mis cuadros en pétalos de rosas, y de pequeño formato, irán en una colección de arte latinoamericano en la que, entre todos, se formará una gran obra.

 

“Yo tomo la naturaleza, la traigo a mi taller y lo que busco es que permanezca en el tiempo”.

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