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EDICIÓN | Diciembre 2014

Un dirigente poco común

Ricardo Sande, presidente de la FEUC
Un dirigente poco común

Cruzado, fanático de Tolkien y rockero, el nuevo presidente de la FEUC viene a traer aires frescos al movimiento gremial y a la centro derecha. También a poner la voz disonante entre los estudiantes secundarios. Un joven que con solo veintitrés años sabe de la vida y de la muerte, que lo estuvo rondando cuando era niño.

por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.

Antes de empezar esta entrevista, Ricardo Sande se prepara un café sin azúcar. No es porque esté a dieta — que, por cierto, no la necesita— ni porque sea más saludable. Simplemente no endulza los alimentos ni les pone sal, porque hacerlo le parece una pérdida de tiempo. Le gustan las cosas simples y adora cuidar los minutos del día para hacer lo que más le gusta; y este joven disfruta de muchas cosas.

Conversar es una de ellas y para eso nos hemos reunido en la sede de la FEUC, que hace sólo unos días ha comenzado a habitar en su calidad de presidente. Estamos en el segundo piso de la Casa Central de la Universidad Católica (donde ha estado estudiando derecho los últimos cuatro años) y se puede ver por la ventana el patio lleno de estudiantes. Pero, al igual que su café, prescinde de los aditivos. “Ser un dirigente estudiantil no me da un cargo honorífico superior a los demás. Sigo siendo un estudiante”, aclara.

Y eso es lo que parece. Un joven de su edad, sencillo y buena onda, que tiene la sonrisa fácil y que cuando habla se expresa bien, dejando ver tímidamente una tartamudez que lo acompaña desde niño. Pero lo más llamativo de él es su encanto, algo que puede explicar su arrastre electoral y que, sin duda, es consecuencia de su propia historia.

EL VALOR DE EXISTIR

Es el segundo de cuatro hermanos y estudió en el Colegio San Benito, en Vitacura, donde su mamá era profesora. Es decir, viene de un tipo de educación, particular y selectiva, que los sectores que promueven la reforma educacional, cuestionan. “A mí me marcó mucho el hecho de que era un colegio muy de juntarse entre nosotros, fue muy importante”. Los premios al espíritu del colegio se le hicieron habituales, así como participar en todo lo que podía; en la orquesta, haciendo atletismo, jugando fútbol o liderando los trabajos de verano.

¿Con qué te quedas de esa formación benedictina?
Bueno, con bastante —sonríe, mientras saca de debajo de su polera la medalla de San Benito que trae colgada al cuello—. El Movimiento Apostólico Manquehue tiene elementos como el trabajo en comunidad, donde aprendes que cuando construyes con otros los defectos se aminoran y las fortalezas resaltan. Eso me marcó.

¿Te sientes un afortunado?
Totalmente. En el colegio me pude dar cuenta de que yo era una persona con mucha suerte porque en las actividades, en los mismos trabajos de verano, por ejemplo, pude conocer otras realidades. Vi el contraste. Había recibido mucho como para no dar nada a cambio.

Pero el primer regalo que Ricardo aprendió a valorar, siendo apenas un niño, fue el de la vida. Estaba en segundo básico cuando un compañero de curso murió de una enfermedad repentina. Lo recuerda como un hecho que lo marcó para siempre. A meses de aquella partida, una hemorragia pulmonar grave quiso llevárselo también a él. “Estuve muy cerca de morir. Sin que nadie supiera por qué, se me llenaron los pulmones de sangre. Colapsaron, estuve con respirador artificial y pasé muchos meses hospitalizado”, relata.

La angustia para la familia se agudizaba porque no había diagnóstico. Los exámenes se hacían y repetían sin suerte hasta que todos debieron enfrentarse a la incerteza de lo que tenía y aceptar la fragilidad de la vida. Menos Ricardo que dio una dura pelea y se recuperó. “Después de eso pasé un periodo difícil porque uno se cuestiona, incluso siendo chico, por qué se murió mi amigo y yo no”.

¿Crees que eso forjó al líder que eres hoy?
Me ayudó a entender que la vida tiene un valor. Sé que existe el estereotipo del gallo que está en un colegio caro y que hace trabajos sociales como para cumplir la cuota del año, pero para mí nunca fue una cuota y jamás fue suficiente. Yo lo quería como vocación de vida. A ese nivel de profundo.

EL CHICO DE LA BANDA

Tanto tiempo pasó sin ir al colegio cuando estuvo enfermo, que su mamá lo puso en clases de guitarra. Luego estudió violonchelo y, “si me pasas un charango, también lo toco”, dice.

La influencia de su abuelo, al que le gusta la música docta, y de su padre, fanático del rock, lo hizo amar todos los sonidos: “Desde lo clásico hasta lo más duro”. Sin embargo tiene una predilección por el rock progresivo. “Crecí con Pink Floyd, Led Zeppeling, Deep Purple… y eso se lo debo a mi papá”.

Y tienes tu propia banda
Somos cuatro amigos a los que nos gusta el mismo tipo de música. Yo toco guitarra y canto. Llevamos más de un año y es chistoso porque seguimos en una fase creativa, harto tiempo componiendo.

No vamos a decir que eres un político común…
Es raro. Que el presidente gremialista de la FEUC esté tocando metal progresivo en una tocata en Providencia, no se ve mucho, dice entre risas.

Lo que tampoco se ha visto mucho, últimamente, es que un representante de la centro derecha logre presidir una federación de estudiantes. De hecho, hace seis años que esto no ocurría en la FEUC. A él mismo le cuesta entender las razones de su triunfo. Dice que hace unos años jamás hubiera pensado estar donde está hoy.

¿No te lo imaginabas porque entonces no te interesaba la política o porque no creías que podías llegar a ser presidente?
Porque no me creía capaz. ¡Si yo era el tartamudo del curso! Si esa es una cuestión que es verdad. Ahora se me nota mucho menos, pero cuando más chico era tartamudo heavy.

¿Y cómo te explicas tu triunfo?
Los que trabajan conmigo me dicen que tengo dos características. La primera es que soy muy trabajador. Te pongo un caso concreto. Como tartamudeo, cuando tengo que dar un discurso, debo practicar el doble que los demás, todo por dos, y me da lo mismo y nunca me he sentido en desventaja, pero eso marca una manera de hacer las cosas. Y lo segundo es que me gusta la política cercana, me gusta bajar al patio porque para ser la voz de los estudiantes hay que estar con ellos.

¿Y no será que justamente esas dos características son las que escasean en la política actual?
Puede ser… Es la critica que le hago a la política de hoy, que hay una desconexión brutal entre lo que se habla en el Congreso y lo que vive la gente.

Has dicho en varias entrevistas que tenías dos días de vida cuando mataron a Jaime Guzmán. ¿Significa que quieres marcar una diferencia con el gremialismo histórico?
No, sólo significa que no hay mucho vínculo. Nada más. Lo que yo comparto con Jaime Guzmán son las ideas del MG. Más que eso, no. Es una persona muy importante en cuanto a lo que fueron las ideas, pero no es una especie de ser divino que nosotros seguimos sectariamente.

Lo que pasa es que el gremialismo es el germen de la UDI y se tiende a pensar que son lo mismo. ¿Tú haces un deslinde?
Lo que hay ahí es una relación de géneroespecie. La UDI es gremialista, pero no todos los gremialistas son UDI. De hecho, muchos de los que participan en nuestra FEUC no se sienten cercanos.

¿Y tú te sientes cercano?
Hay ideas que comparto obviamente, pero soy súper crítico también. Yo he votado por distintos partidos, siempre enmarcado en la centro derecha, porque son las ideas que tengo, pero en el MG hay mucha diversidad. Nosotros no somos la filial de la UDI.

¿Se sienten independientes?
Para nosotros el tema de la autonomía es fundamental. No me siento obligado a funcionar en la lógica de las coaliciones políticas.

¿Y ves un futuro para ti en política?
Yo funciono año a año. Primero que todo, cuando se acabe esto de la federación, voy a sacar mi carrera. Quiero estudiar lo más posible, porque quiero servir, pero servir bien. Y después de eso iré viendo.

LA REFORMA QUE VIENE

Está consciente de que el momento en el que le toca participar es histórico para la educación. Pero también tiene claro que entre los estudiantes secundarios sus ideas no son precisamente mayoritarias. “Hay que entender que la CONFECH hoy no es un espacio que tenga excesiva diversidad y que nosotros vamos a ser una voz disonante”.

¿Y entonces que rol van a jugar?
Queremos promover la discusión. Hay ciertos dogmas que se han planteado como verdades absolutas, como que la educación va a mejorar si es gratuita o que solamente ciertas universidades pueden tener acceso a fondos públicos, y nosotros podemos no estar tan de acuerdo con eso. Esas son cosas que no se han discutido y que se dan como consensos en el mundo estudiantil.

¿Y además de disentir, podrán incorporar sus ideas?
Nosotros queremos poner temas nuevos sobre la mesa: la educación inicial, la acreditación, la carrera docente, por ejemplo. Es peligroso que las reformas, que son tan importantes, se hagan entre unos pocos. Tienen que hacerse entre todos porque si no, no van a durar. Las mayorías políticas son circunstanciales.

Así espera el proyecto del gobierno sobre educación superior y anhela poder enriquecerlo. De lo que se conoce hasta ahora está de acuerdo con la exigencia de acreditación para las universidades, siempre y cuando se cambie el actual sistema que otorga este estatus por periodos.

¿Estás de acuerdo con mantener la prohibición de lucrar?
Me parece bien que se mantenga así, pero creo que es un tema que está excesivamente sobrevalorado. Estamos gastando un tiempo infinito en discutir algo que no tiene tanta influencia.

¿Tú has dicho que no estamos preparados para la gratuidad?
A lo que yo me refería con eso es que la gratuidad, hoy día, es una prioridad política, pero no es una urgencia social. Hay cosas que son mucho más importantes que pagarle la educación al diez por ciento más rico del país que, en cifras del mismo ministro, vale mil trescientos millones de dólares. No es prioridad ahora.

¿Y puede serlo más adelante?
Tampoco estoy seguro de que vaya a haber algún momento para esto, porque no creo que algo por ser un derecho, tenga que ser gratuito. Por ejemplo, nadie puede cuestionar que alimentarse es un derecho fundamental y vemos que los que más tienen, pagan por hacerlo. Y eso no es una injusticia. De hecho es justo, porque hay que entender que el rol fundamental del Estado es combatir las desigualdades e injusticias y dándole más a los que más tienen, estamos agravando esas injusticias.

¿Pero no sería injusto si le cobramos más impuestos a los que más ganan?
Yo estoy muy de acuerdo con que los ricos paguen más impuestos, pero cómo se recaudan los fondos no es una excusa para gastarlos mal y para mí gastarlos en los que más tienen es gastarlos mal.

Nos quedamos hablando sobre los tres pilares de la reforma que hoy se discute para la educación primaria. Avanza la mañana y va entrando en todos los temas sin esquivarlos. Cuando expone sus ideas lo hace desde un lugar que carece de absolutismos. Escucha, piensa y propone. Es agradable conversar con él, pero el tiempo se acaba. “Mañana tengo un día brutal”, dice, y se pierde en el patio entre los estudiantes de derecho.

 

“Es peligroso que las reformas, que son tan importantes, se hagan entre unos pocos. Tienen que hacerse entre todos porque si no, no van a durar. Las mayorías políticas son circunstanciales”.

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