José Pedro Vicente Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl
Son muchos los potenciales urbanos que identifican a Providencia, algunos de ellos, imposibles de conseguir por otras comunas. Conservación patrimonial, escala de barrio, áreas verdes e implementación comercial prudente y consecuente con el lugar donde se emplaza, son parte de las condiciones que trabajan por su identidad. Si bien existe un porcentaje importante de beneficios que está dado por lo que les dejó la historia, o lo que les ha regalado la geografía, hay otros que han sido trabajados sabia y democráticamente, como lo es, por ejemplo, el no querer prostituirse inmobiliariamente.
No hace mucho se aprobó una modificación al Plan Regulador estableciendo una reducción en altura para los futuros proyectos de la comuna. Importante decir futuros, dado que se salvan todos aquellos que se ingresaron a la Dirección de Obras previo a este "ajuste". De ahora en adelante, dependiendo la zona, variarán entre los tres y siete pisos. Para no aburrir con detalles, esto apunta a un control en la densificación, a fin de evitar externalidades, tales como la inhibición del peatón en el espacio público, el automóvil como protagonista, polución, bocinas, elefantes comerciales, etc.
Esto no solo es una pequeña demostración de entender la ciudad que se quiere, sino también, qué perillas son las que se tienen que mover para lograrlo. Las decisiones que se toman hoy, entregan resultados pasado mañana. Es aquí donde se debe contar con la suficiente claridad para no dejarse llevar por beneficios cortoplacistas, ni ambiciones nefastas que buscan resultados dentro del "período".
Muchas veces se les critica a las inmobiliarias por la invasión despiadada de edificaciones que no corresponden a la realidad del barrio. Edificios que dejan de lado el respeto por la vista, asoleamiento y privacidad. Proyectos sin relación con el lugar donde se emplazan, formas pre-picadas que se van atrofiando en la medida que se adaptan a las restricciones del terreno, alturas aplastantes y cantidad de unidades habitacionales desmedidas. Lo anterior no es culpa de los que invierten, ni de los que proyectan, tampoco de los que construyen, más bien de la norma que permite hacer lo que se está haciendo. En síntesis, “La culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho”.
Dado que estos animales pueden comer hasta morir empachados, quien esté a cargo del porcino, debe dosificar la ingesta de alimentos. Del mismo modo, el Plan Regulador debe controlar que las ciudades y comunas no se hagan un haraquiri. El cambio aplicado en Providencia, claramente conlleva menos ingresos, sin embargo, el beneficio no tiene precio.
Hasta la fecha, los grandes proyectos inmobiliarios, ofrecían una "vida de barrio" al comprar uno de los cientos de departamentos del proyecto. Paradójicamente, por querer estar en dicho lugar, a partir de estas torres que permiten este beneficio, rápida y precisamente, son las que hacen que el lugar no sea el que quieren habitar.
Pd: Desde ahora en adelante, no será el caso.