Hay temporadas que han dado vida a muchos grandes diseñadores, por ejemplo, no me olvido de los años sesenta y setenta que fueron tierra de semillas luminosas y creadoras.
Este año se fue Oscar de la Renta —ya el nombre es poderoso—, un ícono de la moda. Leyendo parte de su vida me encontré con la situación que lo disparó en el mundo del diseño, pues la esposa de un embajador de Estados Unidos le pidió un diseño de vestido de noche para su hija. De ahí en adelante se incorporó a trabajar en grandes talleres de moda como Balenciaga o Lavín en París, hasta llegar a Nueva York como director de la casa Balmain. A los pocos años despegó con luz propia en la desafiante y difícil industria de la moda.
Interesante historia, Oscar hizo una brillante carrera y le ofrendó a la moda elegancia y femineidad. Dominicano de nacionalidad, construyó un estilo único que fundió entre lo latino y americano, con toques de inspiración de la histórica elegancia británica, famosos son sus encajes; pero su prendas más destacadas son las faldas largas de telas pesadas y de gran volumen, rodeadas de lazos y acompañadas de echarpes o foulard de gran volumen que van desparramando glamour.
Así era él, elegante al igual que todo su entorno. Pertenece a esas épocas de grandes creadores, aunque no quiso o no pudo seguir luchando contra el cáncer que lo aquejaba y nos dejó en herencia toda su impronta, su sello. Un salud por ti, Oscar, que tu trabajo inspire a otros y que descanses en paz.
¡Hasta la próxima!