Para acercarnos a la comprensión de una obra de arte es necesario obtener de ella la mayor información posible sobre aspectos relativos a cómo se hizo, para qué sirve, qué nos quiere comunicar. Hay una serie de aspectos en los que nos podemos fijar cuando analizamos una obra de arte que son comunes para las distintas manifestaciones artísticas: arquitectura, pintura, escultura.<br /> <br /> <strong>Situar la obra:</strong><br /> <br /> <strong>Clasificación: </strong>¿se trata de una de las artes Plásticas (arquitectura, pintura y escultura)? Es un ejemplo de arte Decorativa (bien subordinadas a la arquitectura, como los mosaicos, vidrieras, yeserías, etc., bien exentas como la miniatura, el grabado, la orfebrería, los esmaltes, la cerámica ...), o de otras manifestaciones más modernas como el vídeo, el arte informático...?<br /> <br /> <strong>Autor</strong> (si se conoce). ¿Qué consideración tenía en su tiempo?, ¿sabemos algo de su personalidad...?<br /> <strong>Tiempo-cronología</strong> (¿cuándo se hizo?). Año, siglo, cultura-civilización.<br /> <strong>Espacio</strong> (¿dónde está?).¿Se encuentra en su lugar originario...?<br /> <strong>Estilo artístico</strong>. Es decir, las características comunes que se repiten durante una determinada época.<br /> <br /> La obra de arte y un paisaje hermoso son objetos empíricos, afectan nuestros sentidos. Admirar y gozar es ante todo una cuestión de los sentidos: Ver, oír, sentir. Y a Dios es imposible verlo, oírle, gustarle, sentirle. Lo más que se puede es interpretar algunas experiencias como signos de la trascendencia, como signos que remiten al único infinito.