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EDICIÓN | Diciembre 2014

Evaluando el año

PILAR SORDO
Evaluando el año

Quiero invitarlos a evaluar, a conversar, a parar el tiempo para revisar desde lo profundo y lo superficial si este año fue un buen año o fue un año de grandes aprendizajes. Si fuimos capaces de disfrutar, agradecer, amar, dejar huella y decidir ser felices, más allá de los dolores que vivimos. Cuánto sonreímos, cuánto bailamos,cuántas locuras de las lindas hicimos y tantas cosas que ustedes pueden agregar a esta lista.

Cada vez estoy más vieja, lo cual es inevitable, pero no sé si eso influye en que cada vez los años se me pasen más rápido. Parece que fue ayer que estaba comenzando el año y ya estoy escribiendo para el final de este.

Ha sido un año particularmente duro para muchos —entre los cuales me incluyo— y siento que no hay años malos, sino años de mucho aprendizaje. Este sin duda ha sido un doctorado para muchas personas y cada vez que escucho sus historias corroboro que los cambios internos que ha producido han sido fuertes y quizá permanentes.

Estamos llegando al final, y creo que es necesario hacer un espacio para evaluar, para agradecer lo bueno que ha tenido este año y poder rescatar los aprendizajes que las situaciones dolorosas nos habrán traído.

En mi caso, mi gran aprendizaje ha sido con el autocuidado y con mi salud. El aprender a decir no puedo, no soy capaz y desde ahí aprender a parar; a distribuir dineros, pedir cuando lo necesité, a reorganizar la agenda, e incluso a pedir disculpas por no poder cumplir… ha sido muy fuerte sin considerar todas las molestias físicas que la enfermedad me ha producido.

Sin embargo, tengo que decirles que ha sido un proceso muy hermoso, rejuvenecedor y muy profundo. Hoy, ya soy capaz de agradecerlo y de encontrar que era muy necesario que pasara, independiente de que aún me queda mucho por avanzar y aprender.

Tengo que aprender a reconocer las claves del cuerpo, a pedir ayuda y controlar mi pasión para ir registrando el cansancio que me genera. Todos, sin lugar a dudas, hemos vivido situaciones emocionales, económicas y físicas este año que debemos evaluar y que sería bueno, incluso, que las anotáramos para que quedaran registrados nuestros aprendizajes y agradecimientos.

Sería genial que esto se conversara en familia y todos, desde los niños, pudieran hacer el mismo proceso. Creo que aquí es fundamental expresar los sentimientos de vulnerabilidad que vivimos durante el año y podamos decir todo lo que sentimos para que se aproveche la experiencia de analizar y detener el tiempo para evaluar lo que nos ha pasado este 2014.

Otro punto importante es cuánto entregamos este año, si fuimos capaces de disfrutar, agradecer, amar, dejar huella y decidir ser felices, más allá de los dolores que vivimos. Cuánto sonreímos, cuánto bailamos, cuántas locuras de las lindas hicimos y tantas cosas que ustedes pueden agregar a esta lista.

Quiero invitarlos a evaluar, a conversar, a parar el tiempo para revisar desde lo profundo y lo superficial si este año fue un buen año o fue un año de grandes aprendizajes. Nunca digamos un mal año, pues si lo decimos, estaremos diciendo que no aprendimos nada.

Incluso podría decir ahora que fue un mal año y seguramente, con el paso del tiempo, cambiaré de opinión. ¡Mucha suerte y muy buen fin de año!

 

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