Hijos de las estrellas. Domingos 22:00 horas por La Red.
Han pasado décadas desde que los jueves por la noche la parrilla era “cultural” por decreto en la televisión abierta, y los canales transmitían documentales. Podían ser muy interesantes —Cosmos es inapelable—, pero la gran mayoría eran como pastillas para dormir. Hoy esa clase de temas están compactados en programas y señales pagadas de gran despliegue, con abundantes animaciones, gráficos y planos audaces. Es un formato mezclado con el magazine, y que ha desarrollado un lenguaje visual y textos donde la ciencia y la historia se presentan como actividades inherentes a la aventura.
Hijos de las estrellas es una producción chilena con fondos del Consejo Nacional de Televisión, que aborda la relación de las antiguas civilizaciones de América con la observación del cosmos, y cómo se desprenden enseñanzas válidas hasta la actualidad en ese ámbito. El espacio recorre once países iberoamericanos, orquestando una serie de entrevistas con investigadores repartidos entre la arqueología, la astronomía y otras disciplinas, y fue estrenado simultáneamente en Uruguay y Colombia, y también vendido a la TVE, el canal público de España, para ser transmitido en 2015.
Aunque no siempre son afortunadas las relaciones entre el tema a tratar y un contexto actual —el episodio de Venus incluyó un forzado link a una obra de teatro—, Hijos de las estrellas explica ancestrales formas comunitarias de vida, donde los astros regulaban como divinidades la existencia humana. Hoy, inmersos en urbes dominadas por sistemas y maquinarias, el contrapunto de esa relación entre el hombre y el espacio, y cómo ha evolucionado, resulta llamativo y bien expuesto.