Ad portas de terminar este año, el mundo minero comienza a agudizar sus sentidos. Los turnos y la distancia del hogar, junto a las fechas límite para cumplir las metas de toda organización, adicionan estrés a un trabajo que, por sí mismo, ya es considerado de alto riesgo. Por ello es importante que sobre todo los más altos ejecutivos, demuestren con su ejemplo que, en esta industria, nada debe ser más importante que la seguridad. Nada.
por Claudia Zazzali C. / fotografía Maximiliano Troncoso C.
La seguridad es uno de los temas más recurrentes en las conversaciones sobre minería. Lograr que cada
trabajador cumpla con estándares y procedimientos establecidos, es un reto muchas veces complejo de lograr. Lo fundamental es internalizar que el primer y más importante asesor en prevención de riesgos es el propio trabajador.
Santiago Camprubí, experto profesional en prevención de riesgos y, actualmente, director del Área Minera de la Universidad Santo Tomas, sede Antofagasta, nos indica que, efectivamente, debemos hacernos cargo de nosotros mismos. “Siempre tenemos que hacer en forma correcta, lo correcto. Creo que lo más concreto es entender la seguridad como parte de nuestro trabajo y no como una tarea paralela”, nos señala el experto.
¿Qué representa para usted la seguridad?
Una forma de vivir y de gozar la vida, la familia, el descanso y el futuro. Es, en verdad, una función que debemos aplicar día a día, en todo nuestro quehacer, sea formal o informal.
¿Realmente existe conciencia en los trabajadores de la importancia de este tema?
Sin lugar a dudas, existe. Queda demostrado por los niveles de productividad que hemos logrado como región, con gran nivel de desarrollo en cultura preventiva. De todas maneras, aún queda camino por recorrer, lo que nos falta es agregar “más acción a nuestras palabras”. Decimos, pero a veces no practicamos.
¿Cómo afecta a los trabajadores que en otras faenas se produzcan accidentes?
Si bien es cierto, la primera necesidad es evitar los accidentes y las enfermedades profesionales, no podemos dejar de pensar y analizar que estos mismos afectan al logro de la empresa. Dicho de otra manera, estos eventos provocan pérdidas en general y se altera el clima laboral no solo dentro de la faena afectada, sino también en todo el entorno, aumenta el desánimo, se generan conflictos internos, desconfianzas y otras consecuencias negativas que producen inquietud y baja productividad.
¿Qué factor juega la emoción en estos procesos?
Esta respuesta quizás se lea un tanto atípica, pero cuando ocurre un accidente con consecuencias graves, debemos llorar, lamentar y posteriormente analizar, analizar y analizar. Estamos diciendo, desde algún tiempo, que es necesario “conmovernos” por nuestra realidad como seres humanos, pero lo más importante es “movernos”. No podemos quedarnos impávidos frente a un acontecimiento dramático, que trunca un futuro, una familia, tantos deseos y expectativas, sino que debemos hacer algo consciente y real para que no vuelva a ocurrir.
FACTOR FAMILIA
En casi el ciento por ciento de los casos, la principal motivación para trabajar en un sistema de turnos es la familia. “Es por ello que, constantemente, le debemos decir al papá o la mamá: te necesitamos todos los días y toda la vida”, nos señala Santiago Camprubí. “Otra forma es conversar el tema con cierta regularidad en la mesa del hogar, tomándolo como un tema natural, donde quien trabaja en la minería nos traspase
sus conocimientos. Los trabajadores, en general, son instruidos en seguridad, por tanto, se hace necesario que traspasen esas indicaciones a su gente, lo más preciado en su vida. Tenemos que culturizar en esta materia a todos los integrantes de nuestro núcleo, desde pequeños, y no olvidar siempre ser el modelo, por ejemplo, usar el cinturón de seguridad cuando utilice vehículo, siempre”.
¿Qué podemos hacer para mejorar el ambiente en esta época de fiestas?
Lo primero, aumentar la “ocupación” para hacer todo bien o, como lo dice el procedimiento o, mejor aún, el estándar: debemos pensar y después hacer. Incluso, vale la pena pensar que somos “administradores” de nuestros propios recursos, por tanto, se hace imprescindible: planificar, organizar, liderar y controlar. Lo segundo sería que, en nuestras empresas, se aumenten los cuidados, sobre todo en una época especial, fin de año, tan importante y estresante para todos. Sin embargo el prevencionista número uno, el presidente o el gerente general, deben hacer el mayor esfuerzo para que a través de su liderazgo visible ejemplarice que, pese al estrés, debemos estar más atentos a las labores, que cualquier desvío puede provocar un incidente con consecuencias dramáticas.
¿Cómo podemos crear una cultura asociada al autocuidado?
En términos muy simples, lo primero es dejar de pensar en “no creo que me pase” o también “hace tiempo lo hago así y nunca me ha ocurrido nada”. Para superar este pensamiento arraigado en las mentes de todos, porque nadie escapa, debemos comenzar a crear una “cultura de la materia”. Así como establecemos otros códigos, también se hace necesario incursionar, fuerte, en entender que los accidentes y enfermedades del trabajo se pueden, sin lugar a dudas, evitar. El reconocimiento de las causas y el cómo corregirlas es la senda de la solución. La cultura preventiva es la única y verdadera solución de fondo y definitiva a los problemas de seguridad.
¿Cuál es el rol de las instituciones, gobierno, empresas y trabajadores en este tema?
No quisiera recordarlo, pero se hace necesario, cuando el 5 de agosto del 2010, en Copiapó, Mina San José, treinta y tres mineros estuvieron atrapados durante setenta días. Ya ha pasado bastante tiempo, pero se pueden ustedes imaginar ese encierro y sin saber si habría alguna posibilidad de ser rescatados, debe haber sido un golpe al alma muy fuerte. Pero al mismo tiempo quiero recordar que se produjo tal efervescencia y deseos de ayuda en que muchos iban a dictar normas, enjuiciamientos, colaboración, diseño de programas en mejora de condiciones, creación de nuevos estándares para los trabajadores, más tecnología, etc. Además se pensó en modificar la Ley de Accidentes del Trabajo, con la intervención de la política, el gobierno, empresas y gremios. ¿Y qué pasó? Casi nada. Aún está en discusión entre los Ministerios del Trabajo y de Salud, para ver que se hará. Para acercarnos a una solución hay que retomar la iniciativa y dar la verdadera dimensión a esta disciplina, que nos puede, incluso, otorgar un futuro más equilibrado, alineando el negocio con la seguridad.
¿Cómo se equilibra la producción y que todo debe estar “para ayer”, con el trabajo seguro?
El problema está en que aún nos falta entender que la seguridad es la base de la productividad. Cuando sucede un accidente con daño a las personas, deterioros o defectos o derroches, la ecuación de productividad se desequilibra y el producto baja y los costos aumentan y ahí comienzan los problemas que alteran los resultados de cualquier empresa o emprendimiento. Entonces, ¿qué piensa la gente? Que la seguridad está fallando y no es así, lo que falla son las operaciones, ahí está el verdadero problema: “no hacemos correctamente lo correcto”.
¿Cuál es entonces la solución?
Creo que estamos en el camino hacia una posible solución. Muchos gerentes y líderes están pensando en que sus problemas de “no logro” se relacionan con omisiones y procesos equivocados. Esto da una cierta tranquilidad, pues los niveles directivos comienzan a asumir que la seguridad comienza en ellos mismos, con su ejemplo y, por ello, la prioridad número uno debe ser crear una cultura preventiva al interior de la empresa. Cuando hay cultura, la prevención pasa a ser un valor permanente.
“¿Qué piensa la gente cuando sucede un accidente? Que la seguridad está fallando y no es así, lo que falla son las operaciones, ahí está el verdadero problema: no hacemos correctamente lo correcto”.