Autonomía, dulzura, alegría, pertenencia y fuerza son elementos que podemos encontrar en la diversidad del paisaje desértico a la hora de celebrar las fiestas de fin de año, en escenarios mágicos que solo el norte puede ofrecer.
Por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V. / asistente fotografía Damián Gutiérrez M. / producción María Elena Rando
Llega fin de año y junto con él, el momento para cerrar ciclos, compartir con los seres queridos y recargar energías para la etapa que comienza y qué mejor idea que hacerlo reencontrándose con nuestra naturaleza, en nuestro desierto marcado por contrastes, cautivantes colores y sorpresas. Aquí nada es absoluto ni predecible, cada amanecer o atardecer es diferente, lo que habla de la metáfora propia de la vida, que somos seres dinámicos en constante movimiento, que así como cae la noche estrellada también sale un radiante sol o como las flores que se marchitan vuelven a nacer, incluso en la cúspide de un cactus que emerge en medio de la aridez.
Una oportunidad para detenerse a mirar el exterior, aprender de la naturaleza y decidirse a perseguir sueños y planear aquellos pasos que nos lleven a nuestra meta, esa que muchas veces aplazamos por la rutina y los obstáculos del camino, pero siempre hay una vía que nos puede llevar a ese oasis en medio del desierto que nos carga con la energía necesaria para continuar.
Así San Pedro de Atacama y sus alrededores se transforman en el escenario perfecto para conectarse con la magia y la esencia para seguir o cambiar el rumbo con miras a este 2015. Con mapa en mano, equipaje ligero y las ganas infinitas podemos escoger entre la diversidad que nos ofrece el desierto. El panorama es amplio, solo hay que decidirse por la autonomía, la suavidad, la alegría, la pertenencia y la fuerza para crear nuestra propia fiesta nortina.
Dulzura
Aridez no es la única tónica del desierto conocido como el más seco del mundo y, como todo es relativo, incluso podemos encontrar “dulzura” dentro del paisaje, que es siempre capaz de romper todos los esquemas. Si la idea es reencantarse y probar el néctar enriquecedor que trae cada nueva etapa, qué mejor purificarse en medio del camino y la naturaleza.
Al noreste de San Pedro de Atacama, antes del Cañón de Guatín, cursa y se unifica el “El Río Purifica” (aguas superficiales frías) con el “Río Puritana” (aguas subterráneas termales) , los que emerge de entre senderos rocosos y alimenta una vegetación ripariana (río) característica en estos hábitat tan particulares y dinámicos. Un lugar de paso ideal para detenerse y recibir el amanecer, así como el nuevo año con todas las oportunidades que trae.
Un espacio para brindar por los nuevos desafíos, con copa en mano podemos sentarnos y olvidarnos de la vida agitada, como también detenernos a escuchar el sonido del agua que sigue su curso sobre las rocas, al igual que las bellas notas que emiten las aves endémicas del lugar o las de paso, como las golondrinas, que con la llegada del invierno boreal buscan la calidez del sur. Un avistamiento que nos revela la dinámica propia de la vida, sobre la búsqueda constante de los elementos vitales como el agua, que nos purifica y el sol que nos energiza.
Autonomía
Para reencontrarnos con nuestra propia “autonomía”, el escenario ideal es el “Cañón de Guatín” (a tres mil metros sobre el nivel del mar) o “Valle de los Cactus”, especie centenaria que emerge como principal protagonista del paisaje. Su altura los hace visibles desde lejos al tomar rumbo a las Termas de Puritana. Para acercarse a ellos y admirar su belleza se puede acceder por senderos y caminos en medio de formaciones rocosas, donde varias caídas de agua hacen posible la subsistencia de esta vegetación que sobrevive a condiciones extremas.
El cactus es una planta capaz de auto regarse, incluso en los desiertos más áridos, por lo que crea una imagen de independencia, un elemento que puede estar muy relacionado con nuestra búsqueda personal para conectarnos con nuestra fuerza interior, que en el silencio nos indique el camino adecuado que queremos seguir. Un perfecto símbolo para reconectarnos con nuestra capacidad de reinvención para este nuevo año.
Alegría
Otro panorama dentro de la variada geografía desértica es el “Valle de Jerez”, ubicado en Toconao, a treinta y ocho kilómetros al sur de San Pedro de Atacama (2.520 metros sobre el nivel del mar). Un verdadero espectáculo de la naturaleza que rompe todos los esquemas y donde podemos encontrar un espacio para volver a los juegos de la infancia, lo lúdico y lo divertido.
Podemos reír y disfrutar como niños a la sombra de árboles frutales que nos hacen olvidar la vorágine del mundo exterior. Al adentrarnos en este vergel, nos encontramos en medio de una quebrada que atesora toda la sabiduría de la milenaria cultura likcanantay. El paisaje aporta con la calidez, la frescura y la tranquilidad, nosotros llevamos la imaginación y la diversión tan necesaria para ver la vida con un enfoque positivo, incluso en medio de la adversidad.
Pertenencia
El sentido de pertenecia es unos de los pilares esenciales para saber quiénes somos y cómo nos enfrentamos al futuro. Pasado y presente hablan de nuestra verdad y nos dirigen a nuestros desafíos. Para este concepto, la propuesta es disfrutar de la belleza de una especie única e imponente como el Algarrobo, que podemos encontrar camino a Laguna Cejar, ubicada a cinco kilómetros al sur de San Pedro de Atacama en el Ayllu de Solor (2.346 metros sobre el nivel del mar).
A un costado del camino, con la cordillera de los Andes como fondo, podemos disfrutar de la sombra que da la gran copa de este árbol, que podemos ver desde cualquier punto del llano de manera inconfundible. Ideal lugar de descanso para aquellos visitantes que recorren el lugar en bicicleta o para quienes buscan un espacio para reflexionar sobre lo que nos trae este 2015.
Fuerza
Siguiendo la ruta de Laguna Cejar, encontramos el sitio ideal para esperar Nochebuena o Año Nuevo con un hermoso atardecer. En medio de abundante vegetación como paja brava, carrizal y brea se puede esperar la llegada de una estrellada noche con un previo espectáculo de colores que sólo el desierto puede ofrecer.
Un escenario que representa la fuerza, con estas especies que desde tiempos inmemorables han abrigado a cientos de pastores y caminantes, que hoy albergan a miles de turistas que, día a día, se maravillan con todo este interesante ecosistema, donde agua, vegetación y animales revelan los secretos de la sobrevivencia. Una locación imperdible para recibir con los brazos abiertos el nuevo año, celebrando con una gran fiesta nortina.