¿Podríamos pensar localmente en nuestra propia ciudad y verla, sentirla e incluso escucharla a través de esa melodía, en el celuloide, en historias urbanas? Nuestra propia Rapsodia en azul, como una sinfonía sublime que nos ilumina y constituye, esa “banda sonora” tan necesaria para que esto no sea tan aburrido, plano y monótono (como suele ser).
La ciudad, el lugar de todos, de cada uno de nosotros y de nadie en particular. Comienzo escribiendo sobre mi ciudad mientras escucho Political Finga de Liquid Stranger. Esta música increíble que ondula sensualmente en el aire, en mis audífonos, en mi cerebro. Comienzo escribiendo después de hacer una sesión de fotografías urbanas donde busco llevar al límite estos edificios seriados, a cada uno de estos lugares mil veces vistos y otorgarles nueva vida, nuevos colores, nuevas historias… Nuevos personajes montados sobre arquitecturas singulares desde la perspectiva en que yo las veo.
Comienzo escribiendo algunas ideas sobre esta ciudad un poco abstracta, conceptual y rara para algunos, un tanto gótica según otros. Puede ser, no es mi tipo, en fin. Me interesa la ciudad paralela que existe en la mente de quien la busca, de quien la ve o la sueña y que tal vez la encuentra… La ciudad, en cierto modo, es para encontrarla y encontrarse en ella. Si no, ¿por qué vivimos aquí, tan solo por costumbre?
De pronto, vienen a mi memoria esas bellas imágenes apaisadas de Nueva York en blanco y negro, que son referente obligado para todo cinéfilo que guste de las películas de Woody Allen. Sí, me refiero al opening de Manhattan, magistralmente compuesta, un espectáculo visual refinado, estético, arquitectónico, cinematográficamente fotográfico. De fondo se escucha Rhapsody in Blue, de Gershwin; y en off, la voz de Isaac Davis (Woody Allen), que introduce la historia ahí donde la experiencia adquiere dimensión, espesor, vida y realidad con la que, a fin de cuentas, nos es posible identificarnos. Ana Torroja se refería a esta ciudad como un “plano picado al revés de rascacielos…” en el tema de Mecano titulado No hay marcha en Nueva York, perteneciente a su disco Descanso Dominical. Y es que ¿qué es Nueva York sino una experiencia increíble?, basta escuchar New York, New York, de Frank Sinatra; la versión New York, de la alemana Nina Hagen; o New York, deU2. Ver el musical Un día en Nueva York, con Gene Kelly, Frank Sinatra, Jules Munshin, Vera Ellen, Betty Garret y Ann Miller, basada en la obra de Broadway On the Town, que narra la historia de tres marineros que solo están un día en la ciudad, o la inolvidable Pandillas de Nueva York, dirigida por Martin Scorsese. Cuántas historias, películas, música, sueños, tragedias, encuentros y desencuentros inspirados, situados y referidos a un mismo lugar. Nueva York, la gran manzana que cambió violentamente después de un 11 de septiembre…
¿Podríamos pensar localmente en nuestra propia ciudad y verla, sentirla e incluso escucharla a través de esa melodía, en el celuloide, en historias urbanas? Nuestra propia Rapsodia en azul (que por cierto ahora escucho con sus 16.3 minutos), como una sinfonía sublime que nos ilumina y constituye, esa “banda sonora” tan necesaria para que esto no sea tan aburrido, plano y monótono (como suele ser).
Algo más elevado y distante de tanto reggaeton centroamericano y sus derivados. Algo que nos identifique, que nos ayude a definirnos, a elevarnos, porque, ¿necesitan las ciudades de sus países?, ¿no son acaso las ciudades actuales los nuevos iconos culturales, luminosos, que se yerguen independientes y se comunican entre sí con total libertad y naturalidad?, el ícono arquitectónico sin duda es el rascacielos. Todas ellas tienen en común historias y culturas propias que las hacen singulares. ¿Qué nos falta?, nada y todo a la vez. Primero hay que tener un relato y eso es difícil de aunar en el desorden dado por el individualismo. Debemos promover nuestros potenciales por medio de la cultura, de la arquitectura, del cine, la música, la literatura made in CCP, para que nos vean, nos lean, nos escuchen y sepan de nosotros más allá de nuestras fronteras.