Se dice que es la lengua del momento. La más codiciada por estudiantes y profesionales. Que quien lo habla y, además, cuenta con un título universitario, tiene el mundo a sus pies. Es que hoy ya no basta solo el inglés como herramienta lingüística para optar a mejores oportunidades laborales, el chino mandarín se ha convertido en el idioma de los negocios, en un valor agregado para cualquier especialidad, en una puerta abierta para postular a becas e intercambios y ¡mucho más!
por Verónica Ramos B.
En esta era de la globalización, definitivamente, ya no existen límites para el aprendizaje y menos aún, para las exigencias competitivas del mercado. Cada vez son más los estudiantes universitarios y profesionales, que buscan enriquecer sus conocimientos y potenciar sus perfiles curriculares con nuevas y mejores herramientas. Una de ellas es la posibilidad de dominar uno o más idiomas distintos a la lengua materna.
Un nuevo paradigma demuestra que el inglés —la segunda lengua más hablada en el mundo— ya no es suficiente para acercarnos a las diferentes culturas, para obtener un puesto de trabajo o generar vínculos comerciales. Una realidad latente y que día a día va sumando más adeptos es el interés y motivación personal de los estudiantes por aprender chino mandarín ¿Las razones? El ascenso de China como primera potencia económica mundial y, con ello, una evidente apertura a mayores oportunidades laborales y comerciales. El chino es el idioma con más hablantes nativos del mundo y, el mandarín, posee el estatus de lengua oficial o estándar… es la lengua materna de más de novecientos millones de personas.
Hace más de diez años, los países desarrollados comenzaron a impartir clases de chino mandarín, como asignatura optativa o extraescolar, en centros privados o de elite. Con el tiempo y producto de la demanda, se extendió a algunas escuelas y academias. El crecimiento de la influencia asiática, movilizaba, entonces, una mayor apertura a este aprendizaje. Tanto es así, que hoy, en países como Estados Unidos, España y Francia, este idioma forma parte del currículo escolar.
En el caso de Chile, al igual que otros países de América Latina, las relaciones comerciales con China se han vigorizado en la última década. No olvidemos que en materia económica, nuestro país y el gigante asiático son socios en la Cuenca del Pacífico y ambos participan
en diferentes instancias de diálogo multilateral.
Con la firma del TLC entre Chile y China, en el año 2005, se acordó establecer una cooperación mutua en diferentes áreas y una de ellas es la educación. El gobierno de entonces, implementó como estrategia un Programa de Enseñanza de Chino Mandarín, beneficiando a miles de estudiantes de enseñanza media de nuestro país.
PUERTA DE ENTRADA
Fundado en el año 2004 y con sede en Pekín, el Instituto Confucio Hanban busca promover la lengua y cultura china, apoyando la enseñanza del chino mandarín y la capacitación de profesores en todo el mundo, a través de sus más de cincuenta sedes asociadas. Una muestra emblemática de nuestra cercanía con la cultura china, es la creación del principal centro académico Confucio de Latinoamérica, inaugurado este año en Santiago, bajo el alero de la Universidad Santo Tomás.
Existen varios centros Confucio en nuestro país, siendo los más destacados, la Pontificia Universidad Católica y la Universidad Santo Tomás, en Viña del Mar. Las clases son optativas para los estudiantes y las inscripciones se realizan cada semestre, con diferentes niveles. En la PUC, el Instituto Confucio posee cinco años de vida y ya son más de mil setecientos alumnos quienes han aprendido el idioma. El Instituto Chileno Chino de Cultura y el Centro Cultural Chino también dictan clases de mandarín y este último, fue la primera institución autorizada en Chile para certificar el examen HSK (Hanyu Shuiping Kaoshi). Este instrumento de validación oficial del nivel de dominio del idioma, permite potular a becas y trabajos en China y en nuestro país.
Diversas universidades chilenas, entre ellas, Finis Terrae, PUC de Valparaíso, Universidad del Pacífico, Universidad Técnica Federico Santa María, Mayor, Andrés Bello, Universidad Viña del Mar, Universidad de Chile y PUC, han establecido un convenio con este centro, lo que ha permitido impartir clases y talleres electivos a sus alumnos. Así también, muchas universidades ofrecen descuentos especiales para que sus alumnos estudien mandarín, en reconocidos institutos de idiomas del país.
Por su parte, la Universidad Central de Chile, incorporando en su formación el desafío de formar profesionales conectados con el mundo, generó un importante vínculo con China, a través de su programa China es Central, implementado el año 2012. “Esta relación se ha establecido por medio de cursos de chino mandarín impartidos a la comunidad en general y a nuestros estudiantes, además de talleres, ciclos de cine y exposiciones en alianza con el municipio serenense”, afirma el director regional UCEN, La Serena, Jaime Alonso Barrientos, y agrega que desde la fecha de su implementación, tres alumnos de la carrera de derecho han sido becados en China.
ATRAÍDOS POR EL GIGANTE ASIÁTICO
Importante herramienta de movilidad comercial, mayor posibilidad para postular a becas e intercambios con universidades de China, generar vínculos y contactos con empresas orientales o simplemente viajar y conocer una cultura milenaria, son algunas de las razones que motivan a universitarios, egresados y profesionales a mirar al gigante asiático con ojos grandes, aprender su idioma y proyectar sueños a corto plazo.
Pablo Fredes es ingeniero civil en minas y tomó clases particulares de chino madarín. “La fortaleza de aprender chino mandarín es que, sin duda, abre muchas puertas y brinda importantes ventajas en el ámbito laboral y profesional; además, es una habilidad que permite crecer como persona”.
Algo similar opina el traductor inglés-español, David Vilches, quien afirma “al ser esta una lengua poco usual en América Latina, como intérprete tengo mayor acceso al campo laboral y, por ende, hay bastante que aportar. Además, nos permite sumergirnos en una cultura tan milenaria e interesante como es China”.
Synlam Yap es egresada de relaciones públicas. Desde marzo estudia el idioma, pues sus expectativas son viajar a China el próximo año y empaparse de toda su cultura. “Con este viaje espero poner en práctica lo aprendido y sé que esto significará una herramienta importante para mi currículo, además se complementa perfectamente con mi carrera”.
Nicolás Carvajal estudió hotelería en Inacap y como desafío se propuso aprender chino mandarín. “Mi sueño es viajar y trabajar en un crucero; como ya tengo un buen nivel de inglés, quise estudiar esta lengua porque, sin duda, es el idioma del futuro. Además, aprendes sobre la cultura y la disciplina china”.
Atraído por la cultura asiática, Yerko Alfaro, estudiante de segundo año de relaciones públicas, se las ingenia para aprender el idioma a través de internet y practicarlo con los usuarios de manera on line. “El chino mandarín no es el idioma del futuro… es el idioma de hoy. Una persona inteligente que aprecia los negocios como una ciencia, también debe interpretarlos como arte y, la lengua, que es un reflejo de la cultura y de la forma de pensar, permite no ser tan extraño ante personas del lejano oriente”.
TRASPASAR LAS FRONTERAS
Respecto a las dificultades que posee aprender este idioma, según la experiencia de los estudiantes, dominarlo oralmente resulta bastante más alentador, sin embargo, la escritura requiere de un proceso más extenso de estudio y preparación. “Lo más complicado son los clasificadores nominales, luego, los tonos y acentos, pero nada que con la práctica no se pueda perfeccionar”, señala David Vilches.
Para la traductora e intérprete chino-español, Meng Hsieh, este es uno de los idiomas más simples en relación con las reglas, pues carece de tiempos verbales. Agrega que la dificultad está en la escritura de los caracteres, porque los alumnos deben aprender a escribir los trazos y les cuesta memorizarlos. “Pese a esto, debo decir con orgullo que todos mis alumnos han superado estas complejidades y han logrado sus objetivos. Lo fundamental es estar motivado”.
Motivarse a aprender la lengua del gigante asiático es el primer gran paso y la puerta de entrada a esta cultura milenaria. Lo que hoy nace de un estímulo propio entre los estudiantes, más adelante, años quizás, podría llegar a convertirse en una asignatura obligatoria y, por qué no, en una carrera profesional dentro de las pedagogías. La tendencia, sin duda, parece indicarnos ese camino.
Una muestra emblemática de nuestra cercanía con la cultura china, es la creación del principal centro académico Confucio de Latinoamérica, inaugurado este año en Santiago, bajo el alero de la Universidad Santo Tomás.