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EDICIÓN | Noviembre 2014

Viajero

Alberto Innocenti
Viajero

El empresario Alberto Innocenti calcula más de cien viajes por casi todo el mundo, principalmente, debido a su extensa y reconocida trayectoria laboral en el rubro forestal, pero también por su incursión en disciplinas deportivas, como el remo y el rally.

por Cristóbal Montecinos C. fotografía Sonja San Martín D.

Lo primero que llama la atención, al entrar a la oficina de Alberto Innocenti Toro, es una gran caja transparente al costado de su escritorio, con cientos de pasajes y documentos de cada uno de los viajes realizados en su vida por Chile y el mundo. Se trata de numerosos recuerdos de paseos familiares, otros por motivos de trabajo y varios más por su destacada participación en rally y remo.

En 1964, con solo veintiún años, hizo su primer viaje al extranjero. “Tras ganar el campeonato nacional de remo en Valdivia, mi padre me regaló un viaje en barco a Italia. El trayecto duró treinta días desde Valparaíso hasta Génova, pasando, entre muchos otros lugares, por Arica, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, España, Isla de Malta y Nápoles”, detalla.

Llegó a Génova a mediados de agosto y se quedó tres años. “Hice algunos amigos en el viaje. Nos pusimos de acuerdo en continuar juntos la travesía y al llegar compramos un auto. Así, pudimos recorrer casi toda Italia durmiendo en campings. Luego, trabajé durante un año y medio en Florencia, donde tenía familiares, y más tarde estuve un buen tiempo en Alemania. A partir de ese periplo, no he parado nunca más, y estimo en muchos más de cien mis viajes, principalmente por motivos de trabajo”, continúa.

Su padre, Arnaldo Innocenti, llegó a Chile con quince años de edad desde la capital de la región de Toscana, en 1920. Más tarde, se casó con la chilena Julia Toro y tuvieron cuatro hijos. Nacido en Penco, en 1943, Alberto estudió en el Instituto Superior de Comercio de Concepción y está casado hace cuarenta y seis años con Milady Castro, con quien tuvo seis hijos: Franco, médico; Dino, técnico en administración de empresas; Giovanni, ingeniero forestal; Milady, quien trabaja en Los Ángeles, Estados Unidos; Enzo, ingeniero comercial; y María Carla, sicóloga. Además, tiene catorce nietos y otro en camino.

TRANSPORTE

Tras ese viaje iniciado en 1964, Alberto volvió a Chile porque su padre, empresario de transportes, necesitaba de su ayuda en el trabajo. “Al poco tiempo, me independicé con mi propia flota de camiones y me convertí en uno de los pioneros del transporte forestal en la región. Llegamos a tener ciento setenta camiones y cien grúas. Solo en 1973, tuvimos que diversificar un poco el rubro y transportábamos mercadería desde Santiago a la Vega Monumental de Concepción y también llevábamos productos de Cristalerías Chile a Buenos Aires”, recuerda.

Tras fundar la empresa Transportes Innocenti, Alberto, junto a otros socios, creó otras compañías, como Forestal Rari, la fábrica de molduras y paneles Inngal y Serfocol, que presta servicios de maquinaria pesada. “De esta manera, tuve la oportunidad de conocer muchos países, pero siempre fui acompañado por mi familia, ya sea mi señora o mis hijos”, dice.

“Uno de los viajes que más me marcó fue el que hicimos a Tahití, hace aproximadamente diez años. Éramos un grupo de más de veinte personas y fue muy significativo, porque estaba casi toda mi familia. Otro viaje que recuerdo con especial cariño es el que hicimos con mi señora a Rusia y China, hace algunos años”, detalla.

Con el correr de los años, Innocenti fue delegando funciones en las labores dirigenciales de sus empresas y hace algún tiempo vio con pesar que algunas de ellas tuvieron que dejar de funcionar por problemas económicos. “La única vigente en la actualidad es Serfocol. Entregué responsabilidades en personas equivocadas y probablemente tampoco supe elegir algunos socios. Es una sombra que llevo en este momento, pero me siento orgulloso de haber prestado servicios a la comunidad durante muchos años y la idea es que mis hijos sigan el mismo camino”, reconoce.

Agrega que “siempre he dicho que trabajar en familia es lo mejor que hay, pero eso funciona cuando la gente es joven. En el momento en que comienzan a involucrarse más miembros de la familia en los negocios se pierde un poco la disciplina. Una de las cosas más difíciles de lograr en todo negocio”.

RALLY

Siempre cercano a las tuercas y los motores, Alberto Innocenti incursionó en el rally durante casi veinticinco años, con meritorias actuaciones a nivel local y nacional. Llegó a tener cuatro autos para competir profesionalmente. “Todo comenzó en 1980, cuando habilitamos una pista para rally cross en Villa Italia, camino a Coronel. Comenzamos a entusiasmar a la gente a participar de esta actividad y tuvimos bastante aceptación”, rememora.

Poco después, compró su primer auto, un Fiat 147, y luego un Charade. “Participé en varias competencias y logré títulos a nivel regional, en jornadas que duraban tres días. Más adelante, conduje un Nissan, Mitsubishi y Subaru Imprezza, entre otros. Contábamos con buenos auspiciadores, y participamos en las categorías N2, N3 y N4, pero fue en la N3 donde mejor nos fue”.

En 2004, durante una carrera en Talca, el auto que Innocenti manejaba se incendió tras un salto. “Alcanzamos a salir con mi copiloto, pero tuvimos pérdida total. Ese mismo año, en el Rally del Desierto, pasé un susto con un auto al agarrar mal una curva. Allí pensé seriamente en que ya no estaba para eso y decidí abandonar la actividad. Comencé a dedicarme solo al remo, que ya practicaba hace muchos años”, relata, añadiendo que el rally le dio la posibilidad de conocer casi todo Chile, por pueblos y caminos que nunca antes había visitado.

REMO

Su pasión por el remo había nacido en 1960. “Mi papá me incentivó a participar y nunca más lo he dejado. Ese mismo año integré el histórico equipo penquista que logró el Campeonato Nacional de Remo, derrotando al hasta entonces imbatible cuadro remero de Valdivia”, recuerda.

Alberto Innocenti admite que la constancia ha sido una de sus principales cualidades en esta disciplina. “Creo mantenerme en buena forma a pesar de mis años y aún participo en la categoría Máster, obteniendo varias medallas en el último tiempo. Haber competido a nivel internacional, en casi toda Sudamérica, defendiendo los colores del club y también los de Chile, es un tremendo orgullo”.

Presidente del Club Canottieri Italiano hace veinte años, durante su labor directiva ha logrado realizar una importante gestión y la institución es una de las pocas en la zona que cuenta con botes propios. “Somos setenta remeros y la mayoría de ellos son jóvenes, incluso con algunos seleccionados chilenos”, dice.

Dos de sus nietos, Gianluca y Sofía, han seguido su pasión por el remo. “Es como preservar en vida el recuerdo del ‘Nono’, como me llaman. Idealmente, además, algunos de mis hijos podrían reemplazarme en algún cargo directivo del Canottieri”, anhela este hombre, orgulloso de su legado.

 

“Haber competido a nivel internacional, en casi toda Sudamérica, defendiendo los colores del club y también los de Chile, es un tremendo orgullo”.

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