En abril de 1914, procedente de Europa, regresa a Talcahuano, su ciudad natal, un nuevo aviador civil
chileno. Era David Fuentes, el precursor, que dedicaría su vida a conquistar hazañas para la gloria y
difusión de la aviación nacional.
Cuando se encontraba en Europa, en 1912, en un viaje de placer, David Fuentes conoció al teniente Manuel Ávalos. La amistad con este le motivó a aprender a volar, en la Escuela de Etampes, donde se formaban los pioneros. Muy luego alcanzó el brevet de piloto, con un récord nunca superado: fue el alumno que menos daños causó al material de vuelo.
En Francia, adquirió un monoplano Bleriot de dos asientos y 80 HP. En una sencilla ceremonia celebrada en el mismo puerto, a su llegada, le bautizó Talcahuano. Con él realizó numerosos raids y diversas proezas. Así, la noche del 8 de agosto de 1914, voló con pasajero entre Talcahuano y Concepción, cumpliendo el primer raid nocturno efectuado por un piloto civil en Sudamérica.
PRUEBAS SUPERADAS
No fue su única proeza. Algunas semanas antes, siempre en el Talcahuano, logró elevarse a tres mil ciento cincuenta metros, sobre los cielos de Concepción. La prueba duró algo más de una hora y constituyó el récord de altura de la época, que tardó bastante en superarse. Sin mayores anuncios, Fuentes logró cumplir con éxito la prueba que, un año antes, costara la vida al aviador Acevedo. En cinco horas y media de vuelo, logró cubrir la distancia que separaba a Concepción de Paine. Fueron cuatrocientos cincuenta kilómetros en un solo vuelo, que le permitieron adjudicarse el récord sudamericano de distancia.
El carácter modesto de Fuentes y su destino menos trágico que el de tantos otros precursores, son la causa del desconocimiento que rodea a su obra. Esta, sin embargo, no sólo registra logros y proezas, sino también una labor abnegada, pero de innegables proyecciones. Un historiador ha dicho de Fuentes: “personifica en la Historia Aeronáutica de Chile al prototipo del aviador desinteresado y patriota que más divulgó la aviación en los comienzos de su heroica evolución en el país”.
Su audacia no tenía límites. En 1917, tras rendir examen en el globo Teniente Origone, se convirtió en piloto de aerostato. Emulando a los pilotos franceses, que volaban por debajo del Arco del Triunfo, en París, Fuentes tuvo la osadía de hacer lo propio con el Viaducto del Malleco, ante la mirada atónita de los campesinos presentes en el lugar.
La mayor osadía de Fuentes, no obstante, tuvo lugar en tierras magallánicas. Hasta allá llegó una fría mañana de octubre de 1916, a bordo del vapor Chiloé, dispuesto a cumplir una extraordinaria proeza. Fuentes iría a Porvenir, sobrevolando el Estrecho, en su monoplano. Al amanecer del primero de noviembre, el ruido del Bleriot, despertó a la ciudad. Rápidamente tomaba altura y se dirigía hacia el mar, internándose hasta perderse en la distancia. Por muchas horas, la incógnita sobre el destino del vuelo angustió a la población. Por fin, al otro día se supo la feliz noticia: desafiando las rachas de viento y luego un vendaval desatado, el piloto logró aterrizar en Tierra del Fuego. La emoción en Porvenir fue indescriptible. No se trataba sólo de una proeza aérea, era la esperanza de romper el aislamiento.
Un vecino escribió al director del periódico El Comercio: “Este distinguido joven ha grabado para la eternidad su nombre con el del valiente don Hernando de Magallanes, que el mismo día 1ro de noviembre hace trescientos noventa y seis años, descubrió el estrecho que lleva su nombre; esperamos que en el futuro el paso de Punta Arenas se llamará el “Paso Fuentes”.
Nada de eso ocurrió, por eso queremos hoy recuperar su legado de generosidad y audacia. Y el lugar más adecuado es, sin duda, en el aeropuerto Carriel Sur, ojalá futuro Aeropuerto David Fuentes.