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EDICIÓN | Noviembre 2014

Retiro Espiritual

Hotel La Leonera

Fue un monasterio de los jesuitas, hasta que la familia Ovalle decidió comprar la propiedad que ya llevaba unos años abandonada para crear un hotel de lujo. Aquí en la región del Libertador se encuentra lo que fuera un santuario convertido en un divertimento para toda la familia.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

Lo que se siente al llegar a este lugar místico es simplemente tranquilidad. Hay una energía que transmite paz. Quizás esa energía que ha seguido contagiando este entorno desde aquellos tiempos en que este era un monasterio de la Compañía de Jesús (fines del siglo XIX principios del XX). Aquí, se dice, estuvo el Padre Hurtado, e incluso el actual Papa Francisco en sus épocas de seminario.

La Leonera es una localidad ubicada en Codegua, distante a ochenta kilómetros de Santiago y treinta de Rancagua. Hacia el interior, pegado a la cordillera, está esta maravillosa construcción de dos pisos, en donde, en el primero, destaca la piedra y, en el segundo, la madera. En 1968, el monasterio, ya deshabitado por varios años, se convirtió en hotel cuando don Luis Ángel Ovalle decidió comprar la propiedad. Posee veintiséis habitaciones, varios salones de reuniones, un bar, un restaurante, un gran salón principal, una biblioteca, una sala de juegos con mesas de billar, gimnasio, sauna, y un terreno de varias hectáreas en donde hay una gran piscina, canchas de tenis, voleibol, mini golf, rayuela y futbolito, además de un mini zoológico.

DE HISTORIA

En este lugar, las habitaciones no tienen televisores, ni internet, porque la idea es venir a desconectarse de todo. Se pueden hacer cabalgatas, caminatas, o bien sentarse en una de sus terrazas a disfrutar del paisaje, que es bastante impresionante.

La decoración del salón “Arrau”, el más grande de todos, es lo primero que llama la atención. Está amoblado como un espacio de descanso y relajo. En este lugar estaba la capilla de los monjes jesuitas, por eso el alto techo, y los tabiques de madera tallados en el techo, cuya forma es triangular. Aquí las antigüedades y reliquias de la época están por doquier: braseros con el escudo nacional que alguna vez fueron parte del palacio de gobierno, sillones con cubierta de cuero repujado, cuadros cuzqueños, una escultura en mármol de la “piedad” que fue donada, en 1911, por la familia Besa de Viña del Mar, y un piano en donde tocó varias veces Claudio Arrau, por eso el nombre de este espacio.

Luego fuimos a conocer las habitaciones, que en su época eran las “celdas de los monjes”, las que se transformaron para que fueran habitaciones más grandes y que algunas pudiesen albergar hasta cinco personas, por lo que, para eso, y con la ayuda de un arquitecto, se fueron derribando algunos tabiques.

Curioso es ver las esculturas de leones de bronce en cada puerta, además de los que están en la entrada del hotel de color verde y otro blanco enorme que está en el patio de las esculturas. Más allá está el bar en donde hay una colección de relojes impresionantes, algunos también fueron parte del palacio de gobierno. Encontramos teléfonos antiguos, refrigeradores de la época en madera, y en la sala de juegos hay mesas de billar inglesas, muy antiguas.

Por los corredores del lugar se ven, en perfecto estado, los bancos que alguna vez fueron de la capilla de los jesuitas. De aquí pasamos al que era el lugar favorito de don Luis Ángel: un pequeñísimo bar lleno de recuerdos y fotos de él junto a varios presidentes y ministros de nuestro país. Un espacio con muchas antigüedades, con un bar hecho en capitoné de cuero y sillones de madera tallada.

Más allá está uno de los lugares más impresionantes de todas las instalaciones, que es la biblioteca, en donde sólo está permitido entrar junto al gerente del lugar, Hans Norenbergs, y en donde se puede ver la única y completa colección que contiene todos los periódicos del Diario Ilustrado, un tesoro de tremenda magnitud. Si bien los enormes libros no se pueden abrir, sólo ver esta recopilación es impresionante. Son todos los diarios, desde el año 1902 a 1970. En el medio de este salón, se encuentra una mesa de madera con sillas talladas y de cuero que perteneció al escritor Claudio Matte.

El restaurante un amplio espacio en donde las protagonistas de las paredes son las piedras y chimeneas. Aquí la gastronomía es chilena, lo mejor de lo mejor de lo nuestro según cada temporada; todo hecho con recetas de antaño: pastel de choclo, costillar de cerdo con puré al merquén y verduras salteadas, porotos granados, y postres como arroz con leche, castañas en almíbar, mousse de manjar, y mucho más.

EL ENTORNO

Las terrazas y patios exteriores que son tres: el de las esculturas, en donde hay obras en mármol y hormigón; el de los castaños, repleto de estos gigantes árboles plantados por los jesuitas, y el de los trenes, en donde se exhiben viejos carros de trenes ya oxidados, pero que le dan un valor histórico y decorativo al paisaje.

De aquí pasamos por la piscina, el gimnasio y el sauna, lugar que está rodeado por un parque de distintos tipos de araucarias. Más allá la cancha de fútbol y luego el mini zoológico. En este hay alpacas, llamas, un emú, ovejas, faisanes, pavos reales y ciervos. Luego hay una pequeña laguna en donde nadan felices patos y gansos.

Por todos lados hay zonas de descanso con terrazas de fierro tallado, otras de madera, algunas bajo un parrón, otras bajo autóctonos árboles. Zonas para descansar admirando la magnitud de la cordillera, empaparse de la mística y paz del lugar, escuchar el ruido de los pájaros, de las hojas y el viento. Un perfecto entorno que tiene todas las comodidades y entretenciones para pasar unas vacaciones relajadas junto a toda la familia, a media hora de Rancagua.

 

En 1968, este monasterio jesuita ya deshabitado por varios años, se convirtió en hotel... Posee veintiséis habitaciones, varios salones de reuniones, un bar, un restaurante, salones de descanso, una sala de juegos con mesas de billar, gimnasio, sauna, piscina, canchas de tenis, voleibol, mini golf, rayuela y futbolito, además del mini zoológico.

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