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EDICIÓN | Noviembre 2014

Mar de talento

Jane Duhart, diseñadora
Mar de talento

Llegó del viejo mundo para quedarse. Con sangre inglesa y de Nueva Zelanda, Jane logra impactar a cualquiera con sus dibujos coloridos y creaciones, que van desde cojines, piedras y hasta cucharas de palo pintadas.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

En su taller sólo se ven colores, muchos cuadros que dibuja a lápiz y luego pinta, y en donde siempre resalta una mujer de cuerpo y facciones caricaturescas a las que le salen de la cabeza un par de conejos pintados, o ramas de árboles, o pajaritos. Otras tienen sombreros de época, o toman en sus brazos a un cerdo con una corona en su cabeza, algunas se cuelgan de la luna con un paraguas o con sus manos se tapan los ojos, o las orejas o la boca. Así son las pinturas de Jane, impredecibles, irónicas, con un borde blanco y negro, para semejar un marco, que es típico de sus trabajos, los que hace sobre una base de trupán o láminas de papel.

También hay lámparas hechas con botellas de plástico, cojines con estampados para niños, tazas con dibujos en donde destaca una mano que sostiene un zapato, o unas piernas con pantys de red y una falda negra. Pequeñas cucharas de palo, a las que les hace los vestidos, les pone brazos y manos y les dibuja la cara. Piedras que recoge del suelo y les pinta retratos, siempre con ese toque de caricatura. En su lugar de trabajo hay de todo, una luz constante y tenue, en una casa antigua de Santiago centro o bien en su taller de Rancagua, donde hoy viven sus dos hijas con su ex marido.

LA IDA

Lleva veinte años en Chile y aún le cuesta hablar castellano. Esta mujer nacida en el campo, en un pueblo al suroeste de Inglaterra, tiene un don único para el diseño. Sus dibujos y creaciones delatan una imaginación fuera de lo común y tienen un sello tan distintivo que es imposible que una de sus obras pase inadvertida. Lo contrario que pasa con ella, ya que es más bien tímida, introvertida, habla bajo, y parece no creer que lo que hace impresiona a cualquiera. De tez blanca y pelo negro, flaca, y vestida igual que las mujeres que pinta, polera a rayas azul con negro, y jeans con botas bajas, esta diseñadora encanta por su calidez y sentido del humor.

Estudió diseño gráfico en Londres, y pronto empezó a trabajar como ilustradora para diversas revistas. Luego tuvo su propia empresa donde hacía tarjetas de cumpleaños. De día se dedicaba a su pasión y de noche trabajaba en un club privado como anfitriona. “Mis papás tenían varios pubs en el campo, así que siempre trabajé con ellos. Por lo que no fue difícil encontrar trabajo en Londres, así podía pagarme gastos extras”.

Eran los años ochenta, Jane trabajaba en el club más top de Londres. Ahí conoció a Elton John, a los Rollings Stones, a George Michael, Cindy Lauper, Guns N´ Roses, Robert Downey Jr., entre otros muchos. “Todos los famosos que estaban en la cima en aquel minuto fueron alguna vez a ese lugar”.

¿Trabajaste para alguno?
Sí, le hice muñecas, que en realidad son como caricaturas, a Elton John, a George Michael, y cuando me invitaron al matrimonio del bajista de los Rollings también les regalé unos muñecos. Y decoré la casa del cantante Paul Young.

¿Por qué llegaste a Chile?
Me casé con un diseñador francés de padre chileno. Los míos se habían trasladado a Nueva Zelanda —mi mamá es neozelandesa— luego de que jubilaron, y decidimos viajar para ver a nuestros familiares. La primera parada la hicimos en Santiago, empezamos a trabajar y, finalmente, nos quedamos diez años… Aquí nació su primera hija, Mía (13).

¿Es mejor la pega acá que en Inglaterra?
Hay más espacio para la diversidad, para la gente nueva. Entonces empecé a trabajar en cine y publicidad, estuve diez años haciendo de directora de arte.

¿Tu primer trabajo en Chile?
Como directora de arte del largometraje Te amo made in Chile.

LA VUELTA

El 2004 te fuiste a vivir a Nueva Zelanda…
Sí, allá nació Lola (10) mi segunda hija. Me fui a trabajar como directora creativa de una marca de ropa. Tuve que hacer toda la campaña, los catálogos, la imagen, entre otros. Hacíamos seis colecciones por año.

¿Por qué volviste a Chile?
Vine el 2008 a buscar modelos, porque en Nueva Zelanda las mujeres son muy grandes, y yo no tenía tantos contactos como acá, donde trabajé años en publicidad. Entonces encontré a Carola de Moras y ella fue la modelo de la última colección, hicimos las fotos en Santiago. Y decidí nuevamente, después de terminar este trabajo, quedarme en Chile.

¿Cuáles han sido tus mejores trabajos en Chile?
Trabajo mucho con Jorge Alís, el humorista, somos bien amigos; de hecho, es el padrino de mi hija Lola. Le hice algunas marionetas de tamaño real para sus presentaciones, él bailaba tango con ellas, y también el traje de Papa cuando salió en el Festival de Viña… He hecho ilustraciones para varias editoriales, la dirección de arte de más de noventa comerciales, la decoración del antiguo Cachafaz, de un teatro que estaba en el antiguo Patio Bellavista, etc.

¿Te consideras ilustradora o diseñadora?
Más diseñadora porque hago también cuadros, cojines, ropa, lámparas, en fin, con lo que encuentro se me ocurre hacer algo, la idea en mi trabajo también se basa mucho en el reciclaje. Todo esto lo vendo por internet, (sbd.chile@gmail.com).

¿En qué te inspiras para tus creaciones?
Es que me gusta mucho la moda, en ella me inspiro.

¿Algún ídolo?
Me encanta Aubrey Beardsley, un tremendo pintor e ilustrador de mi tierra. Tengo algo de él.

¿Colores?
Siempre he sido un poco daltónica por eso me guío por el blanco y el negro. Pero intento ponerle algo de color a los objetos para que no se vean tan fomes.

La mujer de tus cuadros es igual a ti…
(Se ríe) Todo el mundo me dice lo mismo… Pero dibujo a una mujer más que nada porque me gusta la moda, entonces aprovecho de dibujarles vestidos. Y también dibujo los bordes del cuadro con la idea de que la gente no tenga que enmarcarlos, son tan caros los marcos y a veces aburren…

¿A qué estás dedicada en la actualidad?
Trabajo en mi taller de Santiago haciendo cuadros y todo lo que se me ocurra. Y los fines de semana me voy al taller de Rancagua en donde trabajo feliz junto a mis hijas que ahora viven allá.

 

“Le hice muñecas, que en realidad son como caricaturas, a Elton John, a George Michael, y cuando me invitaron al matrimonio del bajista de los Rollings también les regalé unos muñecos. Y decoré la casa del cantante Paul Young”.

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