La misión es difícil, pero no imposible: una vez que sale por la puerta el último de los invitados y se apagan las luces, la fiesta debe continuar en el recuerdo de todos quienes asistieron. La experiencia debe ser tan fascinante, que cada vez que la memoria la evoque, las sensaciones deben ser de profundo placer y alegría. Sus creadores son artistas que deben realizar magia.
por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.
El concepto de fiesta ha ido evolucionando. Hace veinte años eran los padres quienes decidían cómo sería la graduación o el matrimonio de su hija. No salían del mantel blanco y las flores clásicas —pues tampoco se conocían los caminos de mesa ni los miles de artículos que hay hoy en día para decorar— y para qué decir, si la guinda de la torta venía dada por la impresión, dulce o agrás, que causara la comida entre los invitados.
Hoy por hoy, la cosa ha cambiado. Los banqueteros manejan, en general, un alto estándar de cocina y con ello han igualado su calidad de servicio, pero la gente espera mucho más que comer bien. Quieren hacer de esa fiesta ochentera, de ese almuerzo ejecutivo, de la celebración de quince años, o incluso de un babyshower, una experiencia mágica, grata para todos los sentidos y en ello el montaje decorativo juega un rol fundamental.
CECILIA EDWARDS
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Hace siete años esta ingeniera comercial dejó su labor en el banco y dio rienda suelta a su gran pasión: la decoración de eventos. “Estoy haciendo un trabajo que no busqué y que me ha ido sorprendiendo. Partí en esto cuando nació mi quinto hijo y hoy somos más de veinte personas, en un equipo multidisciplinario, donde cada uno aporta su experiencia”.
Preocupada de cada detalle —hasta de llevar un extintor si se trata de una fiesta de quince años— prende la última vela antes de retirarse y desde su casa whatsappea para que le cuenten cómo va todo.
“En mi casa soy de las que dejan puesta la mesa la noche anterior, ahí te das cuenta inmediatamente si te falta algo. No quiero incomodar a la gente, quiero que la experiencia sea realmente mágica y para que salga todo perfecto no doy nada por hecho, me sale mi lado ingeniero”.
¿Y cómo se logra esa magia que mencionas?
Cuando evalúo la ambientación de un evento no sólo me preocupo del arreglo floral, para mí también es importante la temperatura, los accesos, incluso la ubicación de las personas en las mesas. ¿Qué saco con que mis flores estén preciosas y que la gente se siente y no pueda conversar?, ¿qué pasa si hace frío?, ¡la gente no va a bailar! Son muchas las variables que influyen y todo tiene que estar a punto. Surge entonces el ambientador, aquel que trae en los genes el buen gusto y que logra con detalles que esa velada sea inolvidable.
Muy en su estilo ecléctico, cuenta con gran cantidad de artículos de decoración y mobiliario, que no sólo utiliza en sus eventos, sino que también arrienda. En su casa guarda sólo lo pequeño, aquello que la inspira, elementos en yute, otros en óxido, madera, vidrio, también algo campestre y va mezclando, claro que siempre cuidando la armonía, la elegancia. “Soy de las que creen que menos es más, siempre el equilibrio, el justo medio. Hay un respeto por mi trabajo y nunca he tenido problemas, además que debo proteger a la persona que me contrata y si algo se ve mal se lo voy a decir y lo vamos a plantear de otra manera”.
¿Qué te pide la gente al momento de organizar una fiesta?
Definitivamente quieren que sea algo distinto y que tenga su sello. Llegan súper abiertos a ver qué les puedo proponer y en la medida que vamos conversando, que voy descubriendo sus gustos, les voy ofreciendo alternativas. Hay mucha complicidad en este trabajo y siempre trato de ir innovando, sorprendiendo.
Cecilia asegura que su sello tiene que ver con la simpleza, con los detalles, con la sencillez. “No me gustan los excesos, una fiesta en la que se gaste más plata no garantiza que será mejor. Mostrar mucho pasa a ser de mal gusto, pienso que los pequeños toques son los que, definitivamente, hacen las grandes diferencias”.
CRISTIÁN VALVERDE Y TANIA DÍAZ
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Llevan más de veinte años compartiendo la casa y la oficina. El matrimonio Valverde Díaz se complementa: ella es la artista, él aporta con los números. Recuerdan que cuando se iniciaron en la ambientación de eventos no existían elementos para decorar, así que crearon su propio taller. Hoy no sólo decoran, sino también arriendan y venden sus productos.
“Cuando recién partimos, a mediados de los noventa, nos pedían, básicamente, que el lugar se viera bonito y las flores eran el ítem principal. Hace diez años la cosa empezó a cambiar y la parte de decoración agarró vuelo, al punto que hoy la gente no se preocupa mucho de lo que va a comer, porque sabe que será de buena calidad, pero sí le dan mucha importancia al montaje decorativo”, dice Cristián.
A la hora de reunirse con los clientes, éstos les piden que la propuesta tenga un sello personal, mucha identidad. “Nosotros abrimos la oferta en alternativas de decoración y vamos asesorándolos hasta extraer la esencia de cada uno de ellos. Suena divertido, pero nos piden que se note que hubo preocupación, pero tampoco en exceso. Es algo así como despreocupación preocupada”, cuenta Tania.
¿Cómo van descubriendo los gustos de sus clientes?
Coincide mucho con la ropa que traen puesta y una pregunta clave es saber cómo tienen decorada su casa, eso sin duda los describe y nos vamos armando una idea.
Aseguran que la ambientación tiene que ser práctica y segura. En este sentido, la circulación es vital, un ítem en el cual siempre hay que poner mucha atención, guiando el flujo de gente a través de diferentes elementos decorativos.
¿Qué estilos los caracterizan?
Yo no me caso con ningún estilo, aunque tenemos algunos elementos que nosotros fabricamos y que, a la larga, nos identifican, como nuestras cajas de luz, los andamios iluminados y columnas gigantes. Nuestro sello viene dado por la preocupación en los detalles más ínfimos.
Respecto a la tendencia, aseguran que en fiestas de noche está entrando mucho el dorado, el plateado, incluso el color cobre. “Los clientes quieren que los cumpleaños se vean un poco más de gala. Por una parte, piden colores más metálicos y, por otro, decoraciones diferentes, mucho con ramas de colores, cortinas de hilos y cortinas de cristales”.
Se sienten complacidos cuando logran crear pequeños rincones dentro de un todo armonioso. “La idea es que la gente una vez sentada vaya descubriendo, durante mucho rato, los cientos de detalles que hay en el evento. Nos gusta crear esquinas entretenidas, espacios que te vayan sorprendiendo, siempre manteniendo el estilo, pero que se vea diverso”.
"No me gustan los excesos, una fiesta en la que se gaste más no garantiza que será mejor".