Batió dos veces el récord nacional de salto en menos de cinco días. Imparable, esta deportista, con solo quince años, lleva un 2014 perfecto. Hoy triunfa en Estados Unidos y se prepara para deslumbrar en México y Perú. Aquí la crónica de una esquiadora que consigue triunfos a toda velocidad.
por María Jesús Sáinz N. / fotografía Agradecimiento TopComunicaciones
Era una mañana de octubre, de perfectas condiciones para esquiar en Polk City, Orlando, y Valentina González llegaba tranquila a la competencia. Hacía apenas unos días había logrado una marca de cuarenta y dos metros, consiguiendo batir el récord nacional en la prueba de salto.
Sin embargo en este nuevo torneo, donde venía a medirse en overall (que es la combinación de tres disciplinas), registraría un nuevo e inesperado resultado.
En la prueba de salto, Valentina entraba a la rampa con precisión, se elevaba por el aire y no volvía a posar sus esquís sino hasta exactos cuarenta y dos puntos nueve metros más adelante. Lo mejor marca que ha conseguido una chilena en la historia del esquí náutico.
“La verdad es que estoy muy contenta porque a los quince años batir un récord adulto es algo grande y batirlo dos veces en una semana, enorme”, nos dice al teléfono, desde su lugar de entrenamiento en Estados Unidos.
RECETA DE FAMILIA
Lo de Valentina no es una coincidencia ni mucho menos un milagro. Desde que tiene memoria vio a su padre, José Luis González, deslizarse sobre la Laguna de Aculeo. Por eso, cuando su abuelo del mismo nombre, también esquiador y fanático de este deporte, la subió a un par de esquís, le resultó tan normal como fascinante.
Gracias a la amistad de su familia con la de los esquiadores Felipe y Rodrigo Miranda, propietarios de la laguna Los Morros, comenzó a practicar también ahí y a perfeccionarse cada día.
¿Es una tradición de familia?
Mi papá compitió en varios campeonatos internacionales, pero después lo dejó de lado. Mi abuelo fue el que me enseñó a esquiar cuando tenía cinco años. Siempre lo he dicho. Sé que está muy orgulloso de mí.
A los siete años comenzó a competir en Chile y, a los ocho, en forma internacional. “Ya llevo diez años esquiando y espero sean muchos más”, comenta.
Es la mayor de cuatro hermanos y la única que realiza overall.
Su trabajo disciplinado y constante le ha permitido dominar, además de salto, otras especialidades. Mientras en la prueba de slalom zigzaguea a cincuenta y cinco kilómetros por hora a través de seis boyas con una cuerda que va siendo acortada; en la disciplina de figura intenta hacer la mayor cantidad de piruetas en veinte segundos. Una versatilidad que pone en su horizonte un camino lleno de oportunidades para conseguir nuevos triunfos.
APOYO INCONDICIONAL
Que Valentina entrene a diario, tome aviones y se suba en lo más alto del pódium es una realidad a la que los alumnos y profesores del colegio La Misión de Calera de Tango están acostumbrados. Practica este deporte desde tan niña que para nadie es una sorpresa verla partir y volver cargada de medallas.
“Yo soy una de esas deportistas a las que el colegio la apoya y puedo viajar fácilmente. Estoy súper agradecida porque los profesores me han dado todas las facilidades y mis amigas me ayudan a ponerme al día”, comenta.
¿Y cómo logras estudiar y entrenar?
Obviamente que asumiendo mis responsabilidades, estudiando cuando estoy fuera y poniéndome las pilas cuando vuelvo.
Entonces es posible…
Se puede hacer. Es muy difícil, pero se puede.
¿Crees, como han salido a denunciar los deportistas de alto rendimiento, que el apoyo debiera ser mayor?
El deporte de alto rendimiento en Chile ha dado muchas alegrías que no se han reconocido. No todo es fútbol. Por clasificar a un mundial se hace una gran fiesta y cuántos de nosotros conseguimos marcas y no pasa nada. Siento que le he dado bastantes alegrías a mi país y me gustaría recibir un apoyo extra del gobierno.
El aporte de sus auspiciadores (Everlast y la Clínica MEDS, que la atiende gratuitamente) ha posibilitado, también, que los resultados sean óptimos. Pero por lejos a quienes más agradece es a sus padres. Cuando decidió partir en junio de este año a Estados Unidos a entrenar por un mes y medio, no dudaron en acompañarla en pleno. Su mamá y sus tres hermanos se fueron a instalar con ella a Orlando y su papá, que se quedó trabajando en Chile, viajaba a menudo.
Una vez allá vieron que quedarse no era utópico y decidieron alargar el viaje. Hoy lleva cuatro meses viviendo en Orlando. Cursa el décimo grado en Winter Garden y no volverá a su amado colegio de Calera de Tango sino hasta marzo de 2015. “Siempre había sido un sueño y pudimos lograrlo”, confiesa.
¿Echas de menos tu vida en Chile?
Sí, aunque estoy con mi familia y es muy distinto estar fuera de Chile sin nadie que te hable en español en el muelle, cuando estás lista para salir. Es duro.
Pequeños sacrificios para alcanzar metas y medallas que este año han llegado en abundancia. Partió el 2014 con oro en los Juegos Suramericanos de Santiago; triunfó en los torneos Nacional y Panamericano, y obtuvo el tercer lugar en el US Master, que es el campeonato más importante en la especialidad.
Ahora con este paso por Estados Unidos pudo, además, subir dos puestos en el ránking mundial e instalar su hazaña en el segundo lugar de la categoría junior. Y, como si fuera poco, está próxima a competir en el Torneo Latinoamericano en Guadalajara, y luego en el mundial que se realizará en Perú entre el 8 y 11 de enero.
¿Cómo crees que te va a ir en el mundial?
En este campeonato me gustaría estar entre las primeras, ojalá poder lograr un pódium y pelear la medalla de oro. Será difícil, pero sé que lo puedo lograr.
“Mi abuelo fue el que me enseñó a esquiar cuando tenía cinco años. Siempre lo he dicho. Sé que está muy orgulloso de mí”.