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EDICIÓN | Noviembre 2014

A prueba del tiempo

Buzines, ropa deportiva y de trabajo
A prueba del tiempo

Buzines partió hace más de dos décadas en la ciudad de Coquimbo, como una necesidad familiar, y sus dueños, el matrimonio Romero Martínez, han logrado transformarse en un complemento perfecto. Calidad, rigurosidad, pero por sobre todo compromiso con el cliente, son los principales atributos que los distinguen y los han llevado a consolidarse en el mercado regional y nacional, como una de las fábricas de ropa deportiva y de trabajo más prestigiosas del rubro.

por Pamela Tapia S. fotografía Patricio Salfate T.

Fue en el año 1993 cuando el matrimonio conformado por Patricia Martínez y Cristián Romero, decide trasladarse a Coquimbo para iniciar un nuevo proyecto de vida. Jóvenes, recién casados y sin hijos, tenían claro que no querían vivir en Santiago. Él no conocía el puerto y su esposa había venido esporádicamente de vacaciones. Ambos viajaron hasta Coquimbo, lo recorrieron, se encantaron y tomaron una de las decisiones, quizás, la más importante de sus vidas.

Cristián, de profesión biotecnólogo dental, nunca ejerció. Sus habilidades sociales para interactuar con la gente, lo llevaron desde joven a trabajar en las áreas de venta y comercio. Ella, diseñadora gráfica, lo ha acompañado en esta loca aventura, aprovechando sus conocimientos y plasmando sus más diversas creaciones en cada una de las prendas que elaboran.

En la pulcra y ordenada oficina de Cristián, damos inicio a esta historia de tesón y perseverancia. El sonido de las máquinas y el ajetreo diario de la fábrica, en pleno proceso de producción, son el telón de fondo. En este escenario, Patricia nos invita a sumergirnos en su pasado y en las añoranzas de una época en la cual se formarían los cimientos de la actual empresa.

¿Cómo fue llegar a Coquimbo?
No lo sé, creo que no tuvimos tiempo de pensarlo. En Santiago dejamos y vendimos todo. Nos vinimos con lo puesto. Éramos jóvenes y, la verdad, nos vinimos a la aventura. Era algo que queríamos y había que jugársela.

¿Cómo generaban ingresos?
Lo cierto es que había que subsistir de algún modo y como mi esposo siempre tuvo alma de comerciante, empezó a vender ropa a los sindicatos de Ferronor. Viajábamos por todo el norte. Nos íbamos con toda la ropa y regresábamos sin nada. Ahí nos comenzaron a preguntar si vendíamos buzos. Mi marido siempre decía sí a todo, llegaba y se comprometía.

¿Ustedes ya confeccionaban?
No, para nada, con suerte cuando niña le hice ropa a una muñeca. Lo que sí, ambos tenemos muchas habilidades manuales. Recuerdo muy bien que en una de esas idas a comprar la ropa a Santiago, mi marido llegó con una máquina, con telas y con moldes. Entró a la casa y me dijo: ¡esto lo vamos a hacer nosotros porque es muy fácil! Quedé perpleja y lo apoyé en su loca idea. Así empezamos a fabricar los primeros buzos deportivos para los sindicatos de Ferronor.

MERCADO ESCOLAR

La prosperidad anterior poco duraría. El pedido de Ferronor era algo estacional, y por ende, inestable. Se hacía imperioso buscar una nueva alternativa que generara mayor retorno y que no los llevara a decaer. No había ni tiempo ni espacio para la desmotivación. En ese escenario surge la idea de ofrecer buzos a colegios.

¿Cómo concretan la idea?
Una prima nos dio el dato que en un colegio grande de Coquimbo necesitaban este servicio. Recuerdo que con toda nuestra pachorra, fuimos a ofrecer nuestros productos. Y nos llevamos una gran sorpresa. La directora nos encargó la elaboración de todas las corbatas de la escuela. Y mi marido obvio dijo “sí, las fabricamos”.

¿Cómo resultó eso?
Las hicimos todas a mano entre los dos. El cortaba y unía, mientras yo cocía y bordaba. En fin, no sé cómo, pero salieron. Quedaron perfectas. La dueña del colegio quedó fascinada y nos dijo que para inicios de marzo iban a necesitar buzos. Recuerdo que el modelo era muy complicado, sin embargo,  cumplimos. Estuvimos todo un año vendiendo buzos de ese colegio.

Corría 1995 y las aspiraciones del matrimonio, poco a poco, comienzan a cambiar. La idea de aumentar la familia hace eco cada vez más fuerte entre ellos. Como la planificación es algo que los caracteriza, no era una decisión al azar Económicamente y pese a que a esas alturasya vendían buzos a más colegios, no era algo seguro. Es así como por un tema de estabilidad, Cristián consiguió un trabajo en una compañía de telecomunicaciones, mientras Patricia continuó con la confección.

“En ese tiempo a mi esposo le comentaron que en el Colegio Santa Marta de Coquimbo necesitaban urgente quinientos buzos escolares. Era maravilloso, pero cómo íbamos a hacer tal cantidad. Y todo en la misma casa y yo próxima a dar a luz. Cuando nació mi hijo, Cristián tuvo que dejar de trabajar en la compañía y fue en ese momento cuando decidimos dedicarnos de lleno a la fábrica. A esa altura ya abastecíamos a cuatro establecimientos educacionales”.

¿Entonces, lograron la estabilidad que buscaban?
Lo que sucedió es que apareció la competencia. Pese a que la gente nos seguía prefiriendo por nuestros tiempos de cumplimiento, el negocio, en algún momento, empezó a decaer nuevamente. Entonces nos dimos cuenta de que había una demanda insatisfecha, que era la confección de ropa deportiva.

Y como tú dices ¡tu esposo siempre tenía un sí!
Claro, la cosa es que a mí siempre me pillaba de sorpresa y había que cumplir. Además de los buzos, hacíamos tenidas de vóleibol y básquetbol.

¿Las condiciones de trabajo seguían siendo las mismas?
No, nuestros pedidos cada vez eran más y siempre nos hemos preocupado de cumplir a los clientes, por tanto, nos vimos en la obligación de contratar a una persona y al poco tiempo sumamos otra más. Trabajábamos en nuestra casa e íbamos modernizando las máquinas, porque partimos con una de mi mamá y una overlok casera de mi suegra. Adquirimos una industrial, que de hecho aún la tenemos y es nuestra fiel compañera.

VANGUARDISTAS

Por varios años más, el matrimonio se dedicó de lleno a trabajar en lo que ya bien dominaban: los buzos de colegios. Luego, se especializaron en vestuario deportivo para natación, trekking, golf, vóleibol, basquetbol y otros.

Mientras las nuevas tendencias los obligaban a modernizarse, la familia sufrió una serie de cambios. La llegada de tres hijos más y un inminente cambio de hogar, los motivó a buscar un lugar más espacioso, tanto para ellos como para la empresa.

Es así como en el año 2001 se trasladan desde el sector de Sindempart hasta la Avenida Videla de Coquimbo, que es donde se encuentra Buzines. Actualmente, cuenta con trece personas, principalmente, mujeres de Coquimbo.

“Cuando se inician los trabajos de remodelación de la Avenida Videla, ahí casi nos matan. No teníamos acceso. Tuvimos que poner un negocio en La Serena. Estábamos mal y tuvimos que empezar a diversificar. En aquel entonces habíamos hecho algunas prendas para la minería. Así que ese fue nuestro nuevo foco”.

¿Y cómo enfrentan el problema del acceso?
Pusimos un local de venta en La Serena y nos centralizamos en la venta telefónica, por Internet y la visita a clientes. Paulatinamente, nos fuimos posicionando es ese mercado y, desde el año 2010, estamos de lleno en ese rubro.

¿Cuál ha sido la clave del éxito de este emprendimiento?
Como ya lo dije, el tiempo de entrega, contar siempre con productos, el compromiso absoluto con el cliente, la perseverancia y la tolerancia. En general, buena disposición con los clientes y nuestro equipo de trabajo.

 

“Viajábamos por todo el norte. Nos íbamos con toda la ropa y regresábamos sin nada. Así empezamos a fabricar los primeros buzos deportivos para los sindicatos de Ferronor”.

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