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EDICIÓN | Noviembre 2014

A tablero vuelto

Elisa Zulueta, actriz
A tablero vuelto

Si hace algunos años deslumbraba como artista revelación, hoy ya está consagrada delante y detrás de los escenarios. Lejos de la complacencia de los halagos —que han llegado y muchos— esta actriz y dramaturga no descansa en su decisión de seguir contando historias.

por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A. Agradecimiento a JustPeople

No es fácil encontrar un lugar en la semana para reunirse con Elisa Zulueta. Entre las grabaciones de la teleserie No abras la puerta de TVN y la gira por regiones con la Fundación Teatro a Mil, las posibilidades se reducen. Sin embargo, es accesible en su celular, su mail y su whatsapp.

Esperamos que vuelva de Chiloé, donde presenta la obra de teatro Gladys, en el marco de la celebración de los diez años de la Fundación Teatro a Mil, y nos reunimos en uno de sus lugares favoritos en Santiago, donde se siente parte de la casa. Saluda a quienes trabajan ahí como viejos conocidos y se dispone a tomar un café que en la espuma de leche tiene un coqueto cisne dibujado, el que celebra con entusiasmo.

Conociéndola en persona, resulta muy dócil. Lejos de andar por la vida como una figurita de la televisión o una prestigiosa dramaturga, su actitud es la de una mujer llana, sencilla y amable.

La mañana de nuestro encuentro ha estado grabando escenas como Silvana, su personaje en la producción de TVN, una joven que trabaja vendiendo tumbas en el cementerio y que se enamora de un discapacitado. “Disfruto mucho interpretando este papel, Silvana es simple, apasionada y le gusta vivir”, un rol que le ha permitido abordar el tema de la discriminación. “Aparte de mi papel, el rol que representa Felipe Orellana se ha encargado de desmitificar la victimización que hay en torno a la discapacidad. Él es el real aporte y yo me sumo de patuda”, comenta.

Aunque muchos de sus compañeros se han ido a Mega, ella sigue en TVN hasta fin de año, sin saber aún si continuará en esa casa televisiva “Es súper bueno, sobre todo para el equipo que haya competencia. Mejoran las condiciones al existir más oferta. Obviamente, me da pena no ver a mis compañeros de antes, con los que armas lazos lindos, pero sé que están bien”.

AMOR POR LAS TABLAS

A pesar de ser conocida por su trabajo en televisión, donde ha formado parte de producciones como Soltera otra vez o Socias, lo que la apasiona son las tablas. Estudió en el colegio Juanita de los Andes y luego en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Cuando comenzó a montar las primeras obras, descubrió que los derechos de los textos eran muy caros y que, además, las historias que venían del extranjero no eran siempre aplicables a la realidad chilena. Así que se lanzó a escribir y resultó.

Precisamente Gladys —una de las obras en las que ha trabajado estos días en su gira en el sur— es de su autoría. También es responsable de la dirección y de representarla junto a un elenco compuesto por Catalina Saavedra, Coca Guazzini y Antonia Santa María, entre otros. A través de ella ha podido hablar sobre la discapacidad, el abuso de poder hacia los más desfavorecidos y el rechazo social.

Es como si el tema de la discriminación te estuviera rondando…
Es que en Chile eso siempre se va a repetir. Está en nuestra historia. El que es diferente se va. No cabe. Y eso se repite también en el ambiente del teatro. Es una constante.

¿Cómo ha sido llevar la obra a provincia y en funciones gratuitas?
Hermoso. Hemos tenido excelente recepción. La gente queda feliz, reflexionando. Se sienten identificados. En el fondo se cumple el objetivo principal del teatro.

¿Ha crecido la obra en estos años?
Estamos muy afiatados. Somos una especie de familia en la vida real. Nos cuidamos mucho. Nos escuchamos. Esa relación profunda se traspasa al escenario.

Te reafirmas en tu vocación, entonces…
Sí. Es un privilegio que nuestra pega sea esta. Viajar a distintas ciudades a hacer teatro, comer rico, respirar aire limpio y mirar paisajes bellos. Que sea así nuestro trabajo, es un lujo.

LA GRABACIÓN

La idea de la gira con la obra Gladys, además de celebrar los diez años de la fundación, es acercar estas historias a personas que no siempre tienen acceso. “Se cumple con el objetivo de generar, poco a poco, la necesidad en la gente e instalar en las comunidades la importancia de la cultura”, nos dice. Y les ha ido bien, pues las obras se han presentado a tablero vuelto.

Una de las obras más esperadas ha sido La grabación, que también se ha repuesto en esta gira, y en la que representa a una joven dramaturga —como ella— que entrevista a su abuela.

Una historia inspirada en las más de cuatrocientas cartas que Marta Rivas González le escribió a su nieto, Rafael Gumucio, y que Elisa colaboró en adaptar. “Rafael es impresionante. Su cabeza, sigue siendo un misterio, es fantástica. Culto, nunca para de generar teorías, ya sea de ti, de él, del país o de los procesos. Yo sólo ayudé a darle dramaturgia a su literatura, pero el universo, el estilo, la genialidad, son sólo suyos”, aclara.

En el montaje comparte escenario con Delfina Guzmán, quien a sus ochenta y seis años, sigue ejerciendo su oficio y amando lo que hace.

¿Cómo ha sido trabajar con una actriz de su estatura?
He aprendido que la edad no existe, y que el rigor y la humildad son la clave para hacer este trabajo. Ahora sé que siempre, a pesar de los años, se puede aprender algo que puede cambiar el cómo llevas tu vida, y también que preocuparse de los tuyos es más importante que cualquier trabajo.

A propósito de esta obra, ¿cómo ves las relaciones entre abuelos y nietos?
Hay una tendencia a no pescarlos. Algo parece ser importante por segundos y después otra cosa lo es, y después otra y así. Nada dura. Y ellos son el testimonio de lo contrario. No sólo de una historia país o de la tradición oral, sino de que sólo podemos escribir la historia si nos acercamos a ellos, si los escuchamos. De esto justamente trata La grabación, una oda a la oralidad, al diálogo.

¿Estás escribiendo algo?
No por el momento. Tengo ideas trazadas sobre temas y estructuras que cuando deje de grabar voy a retomar. Necesito tener tiempo y la cabeza descansada para poder concentrarme, pero mi prioridad es retomar la escritura.

¿Se puede ser buena actriz, buena dramaturga y buena directora?

Los críticos han dicho que sí y el público también. Parecen muchos dones y todos a muy corta edad… No sé recibir piropos ni halagos. Cambio el tema rápidamente, así es que no sé qué decirte –se escucha entre risas.

 

“Es un privilegio que nuestra pega sea esta. Viajar a distintas ciudades a hacer teatro, comer rico, respirar aire limpio y mirar paisajes bellos. Que sea así nuestro trabajo, es un lujo”.

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