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El paisaje como temática en la historia del Arte Chileno, ha sido abordado, desde mediados del siglo XIX, con mayores y menores resultados. Cuando lo cartográfico, se imponía por sobre lo estético, hasta que con la aparición de la fotografía a fines del mismo siglo, la pintura logró soportarse sobre sus propios códigos, de forma y color.
Quiero citar dos autores: Juan Francisco González y su obra "Parque Forestal.â y Benito Rojo Lorca y su periodo de âPinturas y Dibujosâ, del año 1971 al 2002.
Me detendré en Benito Rojo y su mirada al escenario aéreo nortino en los años 90, para hilvanar con la paleta de Juan Francisco González, quien es el moderno renovador de la pintura. Temprano anuncia un proyecto iconológico que rehúye temas y géneros manidos para optar por un ver fruitivo. Patenta una pintura de asociaciones que congrega notas de carácter dionisíaco y audacia. Acierta Gabriela Mistral cuando lo define como el que âquiso despertar la geografía espiritual de un Chile todavía colonial y la despertó bastante dejándole muchos ojos abiertos de par en parâ.
Sus pensamientos sobre el arte, la educación y la naturaleza los vierte en una famosa conferencia, en el año 1906, en la Universidad de Chile. De la educación por el arte nos viene además el beneficio de acercarnos a la naturaleza. En toda la extensión de nuestros campos y de nuestras altas montañas, hay seres en cuyos ojos inconscientes se reflejan como en la fotografía con inalterable exactitud, las escenas y los bellos paisajes de nuestro suelo. La primavera florida y el melancólico otoño no dejan en esos ojos impresión alguna que pueda traducir en un acento apreciable e inteligente. En tanto que el ojo humano sensible y educado nos transmitía una imagen para nuestro espíritu y útil al caudal de cultura que tanto necesitamos.