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EDICIÓN | Noviembre 2014

Alma filantrópica

Anamaría Marabolí-Smith Representante de Ciudades Hermanas Isla Grande Hawái- La Serena
Alma filantrópica

Con el corazón dividido entre Sidney, Edimburgo y Hawái, esta mujer apasionada por el arte, las etnias y los viajes, ha dejado una parte de ella en cada uno de estos lugares y, desde La Serena, ha buscado la manera de perpetuar esos vínculos afectivos. La madre, abuela, rotaria, artista, traductora intérprete y gestora de un importante hermanamiento de culturas, nos cuenta de esos lazos y de cómo “hacer algo por el otro” deja una profunda satisfacción.

por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.

Junto a su marido, Malcolm Smith —astrónomo y ex director del Observatorio Internacional de Cerro Tololo— y sus dos hijas, Paulina y Carolita, ha construido una historia de idas y venidas, de nexos entrañables y recuerdos que guarda como un tesoro. Amante de la lectura, de las matemáticas y del servicio hacia los demás, Anamaría se ha preocupado de dejar una huella en cada lugar donde ha permanecido. Afirma que no tiene uno favorito, pero al escucharla, sin duda, su experiencia de nueve años en Hawái marcó, en ella, un antes y un después.

Nació en Vallenar, pero parte de su vida la forjó en El Tofo y, luego, en La Serena. Desde su infancia, su padre, la motivó a ella y a su hermano a aprender inglés, idioma que maneja a la perfección y que, por cierto, le abrió un mundo de posibilidades. Por la distancia, debió ser internada en algunos colegios de la zona. “Siempre quise estudiar arquitectura, pero por circunstancias personales, cuando egresé del colegio, tomé otra decisión. Me arrepiento de ello, pero por otro lado, si hubiese sido arquitecta, no habría conocido a mi esposo”.

¿Y cómo se conocieron?
Cuando vivía en La Serena, la secretaria del Observatorio Tololo, que me conocía desde pequeña, me dijo que necesitaban una secretaria por media jornada. En esa época jugaba tenis todos los días y le dije que no tenía mucho tiempo (se ríe). Finalmente, me presenté a la entrevista y el director nunca me preguntó si escribía a máquina o si había hecho un curso de secretariado. Lo único que le interesaba era que hablara inglés. Me contrataron y trabajé ocho meses. En ese tiempo llegó de Inglaterra vía Tucson, Arizona, Malcolm Smith, quien formaba parte del primer grupo de astrónomos de Tololo. Me lo presentaron, salimos esa noche y después de cuarenta y cuatro años, aún estamos juntos.

NUEVOS RUMBOS

A los siete años de casados, Anamaría, Malcolm y sus hijas dejaron La Serena para emprender una nueva vida en Sidney, Australia. “Yo digo que somos como gitanos modernos, porque me encanta viajar y constatar cómo se van generando las relaciones interpersonales. Eso es fascinante”.

Y el siguiente destino fue Escocia…
En Sidney estuvimos tres años, porque a Malcolm lo trasladaron a Edimburgo. La experiencia fue espectacular, porque los escoceses son personas encantadoras. Aquí, por una motivación personal, tuve la posibilidad de aprender el lenguaje de señas y esto significó, gracias a una solicitud del Ministerio de Educación de Escocia, poder enseñar inglés a una niña sordomuda.

¿Y de Edimburgo a Hawái?
Nuestra estadía en Escocia fue de cinco años y, la verdad, me dio pena dejarla porque estaba muy entusiasmada con la oportunidad de enseñar la lengua de señas. Finalmente, en 1984, Malcolm fue nombrado director de un observatorio internacional y nos fuimos a Hawái. Vivimos nueve años en Hilo… para mí fue un sueño.

¿Cómo fue tu relación con los hawaianos?
Los siento como mi familia. Allí tuve la gran oportunidad de estudiar su cultura y me enamoré de ella, incluso, entré a la universidad a aprender la lengua, tomé clases de baile hawaiano y aprendí a hacer los lei, que son las coronas de flores.

¿Qué fue lo que te atrajo de la isla?
Conocer gente tan especial, creo que tengo algo de antropóloga porque me llama la atención, por ejemplo, sus conocimientos, las costumbres y la conciencia que tienen respecto a su entorno. Hoy, siento que Hawái es mi nicho espiritual, tengo una conexión muy profunda con este lugar.

¿Aquí desarrollaste, también, la pintura?
En Hawái tomé clases de pintura con una profesora china. El estilo se llama Gumbi, que significa detallado y minucioso, y realmente es así, porque en este cuadro (muestra su obra) me demoré cerca de media hora en hacer cada una de estas gotas de agua y son cerca de cuarenta. La pintura es con acuarela sobre tela de seda y están inspirados en la naturaleza y en fotografías.

VÍNCULO DE HERMANDAD

Cuando Anamaría se sentía en el paraíso viviendo en las islas más norteñas de la Polinesia, debió regresar a Chile, pues su marido, nuevamente, fue trasladado para cumplir una futura misión astronómica en La Serena. El cariño y los lazos afectivos con la isla y su gente, se los llevaba en el corazón, pero al mismo tiempo con la idea de perpetuar este gran vínculo, surge la idea de crear las Ciudades Hermanas entre la Isla Grande de Hawái y La Serena.

¿En qué consiste este hermanamiento?
El objetivo es generar un intercambio en todos los ámbitos, ya sea cultural, artístico, astronómico o educativo. Me tomó varios años que las autoridades de entonces se entusiasmaran con la idea, hasta que, en 1994, se firmó el acuerdo, a través de videoconferencia, entre La Serena y la Isla Grande de Hawái.

¿Y cuáles han sido los principales logros?
En dos ocasiones, gracias al financiamiento del Observatorio Gemini, tres profesoras de La Serena viajaron a Hawái y, a su vez, profesores de la isla vinieron a nuestra capital regional. En ambos casos, visitaron diferentes colegios, donde mostraron sus respectivas culturas y costumbres. Lo bonito de esto es que una de las profesoras chilenas era del Valle de Elqui y fue tal su carisma, que unos astrónomos japoneses la invitaron a Tokio, para dar a conocer la cultura y tradiciones de nuestro país.

¿Qué acciones se han mantenido hasta hoy?
Cada vez que viajo a la isla, los alcaldes de ambas ciudades me entregan obsequios simbólicos para intercambiarlos. Para el aniversario de La Serena, el alcalde de Hawái envía siempre una proclamación y todos los años, en el mes de mayo, llamo a mi florista en la isla y le pido un arreglo floral para ponerlo en el reloj, un sitio que recuerda al tsunami provocado por el megaterremoto de Valdivia, en 1960.

¿Esto, lamentablemente, es un nexo que tenemos en común con Hawái?
Así es, esta catástrofe chilena repercutió en Hawái, con una ola que tardó cerca de dieciséis horas en llegar a la isla. La destrucción de dos áreas residenciales de la playa fue total y, desafortunadamente, fallecieron sesenta y una personas. Después de este acontecimiento, en la isla se ha desarrollado un plan educativo muy relevante para sus habitantes y turistas, incluso, en Hilo cuentan con un Museo del Tsunami, donde se dan charlas educativas y se exponen fotografías, testimonios, entrevistas y videos.

SAVING LIVES

Anamaría forma parte del Club Rotary La Serena Oriente y su marido del Club Rotary La Serena. Ambos clubes, también en un vínculo de hermanamiento, se unieron a los rotarios de San Joaquín, Hilo, El Salvador y New York, lo que significó generar un interesante proyecto educativo denominado “Tsunami - Salvar Vidas”.

¿En qué consiste este proyecto?
Es un complemento a los programas educativos sobre tsunami que existen en nuestro país e involucra a toda la comunidad. Hemos realizado diversas charlas y elaborado una serie de dípticos, donde se explica qué es un tsunami, cómo se producen, qué hacer antes y durante un sismo, sobre todo si la persona está en el borde costero.

¿Y esto surge de la experiencia vivida en Hawái?
Aprendimos de su historia, porque para el tsunami de 1960 su organización no era lo que es hoy. Una de las cosas que aprendes inmediatamente, es que todos los últimos lunes de cada mes suena una sirena que significa simulacro de alerta de tsunami. Además, las guías telefónicas tienen una página que informa cómo reaccionar ante una catástrofe. Ellos, hoy, tienen incorporado en su cultura un plan de reacción y eso es lo que buscamos nosotros con este proyecto.

¿Sientes esto como una misión de vida?
Para mí es muy importante dar a conocer esta realidad. En Chile, la palabra tsunami era desconocida y comenzamos a tomar conciencia con lo que ocurrió en el sudeste asiático y, luego, con la catástrofe del 27 de febrero. La idea no es asustarse, sino estar preparados.

¿Cómo surge esta empatía y servicio a los demás?
Esto lo aprendí gracias a mi madre. Ella siempre formó parte de un grupo de señoras que ayudaban a sectores vulnerables de esta ciudad y yo la acompañaba. Este espíritu de servicio lo mantengo hasta el día de hoy. Aquí no importa quién hace algo por el otro, lo que vale es el resultado y eso provoca una gran satisfacción.

 

“Esto (proyecto “Salvar Vidas”) es un complemento a los programas educativos sobre tsunami que existen en nuestro país e involucra a toda la comunidad”

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