Tell Magazine

Columnas » Archivo Histórico

EDICIÓN | Noviembre 2014

Gabriela Mistral y el oro de Andacollo

Hernán Cortés Olivares, académico e historiador de la Universidad de La Serena.
Gabriela Mistral y el oro de Andacollo

Nuestra poetisa y Premio Nobel de literatura, Gabriela Mistral, no fue indiferente a la fama del volcán de oro milenario de Andacollo y en su obra Recados Cantando a Chile, escribe: “El oro no sale de minas: en la montaña un poco mágica de Andacollo, el oro va por arroyos y regatos, en pepitas de mostaza o de arroz. Estas aguas milagrosas que nacen al pie de un tiempo indígena, mantenía antes a grupos de naturales que no querían violentarla por no extinguirlas; hoy dan de comer a siete mil hombres en jornadas diarias”.

Gabriela Mistral centra su atención en la tradición histórica del mineral de Andacollo, pues desde el siglo XVI, se han lavado las arenillas auríferas usando la batea y la mano de obra indígena. El oro, en este caso, proviene de los mantos de arcilla calcárea y no de las vetas incrustadas en la roca que requiere de un capital y tecnología más sofisticada para construir túneles, contrafuertes y puentes al interior de la mina. Baste recordar que para superar la gran crisis de 1929, miles de obreros cesantes se reunieron en torno a las arenas de Casuto y Andacollo para sobrevivir, al contar solo con su fuerza física.

El primer empresario minero y acaudalado hombre de negocios fue Francisco de Aguirre, quien al comenzar los trabajos en Andacollo tenía el capital más importante de la época: los pueblos de indios de Copiapó, los camanchacas de la costa de Atacama y Coquimbo, más los indígenas del valle de Elqui, de los cuales ocupa la mayor parte de ellos para sacar oro desde las quebradas del asiento minero, acumulando un fortuna extraordinaria. Pese a la confiscación y secuestro de sus bienes y encomiendas, al retornar de prisión, su fortuna continuaba siendo inmensa, hasta el año de su muerte en La Serena, en 1585.

La funcionalidad económica de la mano de obra indígena, en el caso de la minería aurífera de Andacollo, está organizada en excavadores, paleros, lavadoras, bateeros, acarreadores de arenas y agua. Como las extenuantes jornadas de trabajo comenzaban en la madrugada y se extendían hasta el anochecer, con una comida consistente en maíz, charqui, grasa, ají y vino, la recuperación era mínima. Huir de las minas era siempre una alternativa de salvación, sobre todo para quienes debían caminar 50 y 56 leguas, con sus familias, hasta llegar a Andacollo. Finalmente, el último refugio será de carácter espiritual, pedir la intercesión de la Virgen para mitigar los sufrimientos, dando lugar al intercambio de favores en reciprocidad, a través de la manda. Nace la Virgen de Los Oprimidos y Sufrientes, o el Santuario de Andacollo.

El gobernador García Ramón, ante la escasez de mano de obra en la región, propone al Rey trasladar desde Concepción y Valdivia y, durante los meses de lluvias, mil quinientos indios a Andacollo y Madre de Dios. Estos sacarían seis a ocho tomines de oro cada uno al día. El turno o demora para llevar los indios a las minas, es de ocho meses, que suman doscientos días hábiles de trabajo, pues los cuarenta y cuatro restantes son, supuestamente, de doctrina y fiestas de guardar. La producción de los quinientos indígenas sería de $600.000 oro, y el quinto del Rey alcanzaría la suma de $120.000 pesos oro. Con toda razón, Benjamín Vicuña Mackena expresa que la increíble riqueza de Andacollo fue el sostén fundamental del Reino de Chile durante el siglo XVII.

Podemos afirmar que Andacollo, durante quinientos años, fue y ha sido una fuente inagotable de metales preciosos, pues en el siglo XVIII, se intensifica la producción del cobre y también se descubren los afloramientos de azogue, dando continuidad histórica a su explotación bajo distintas administraciones y con la aplicación de eficientes tecnologías. Sin embargo, la villa de Andacollo, conformada inicialmente como un crisol de etnias venidas desde los cinco continentes, que facilitó la formación de innumerables fortunas familiares, siempre sus capitales han sido transferidos hacia los epicentros del poder nacional e internacional, manteniendo una imagen urbana de un contaminado asentamiento minero.

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+6+6   =