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EDICIÓN | Noviembre 2014

Sincronismo político chino

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Sincronismo político chino

En el pensamiento tradicional chino, Dao es el secreto que esconde la naturaleza. Dice Lao Tzí que para comprender el Dao se debe estar libre de pasiones y apetitos. Quieto, en suprema serenidad, el que contempla verá la luz de la sombra y oirá el silencio. Más delicado que el murmullo del sol acariciando las flores es la voz del Dao. Sutil y poderoso es la causa del cambio. Quien atiende al Dao comprende el sentido y circulación del existir.

Inicio, desarrollo, y fin son una sola cosa; Dao es origen, todo y las partes. Un sabio se interesa en los principios que es donde se concentra el ser; no así el torpe, que sólo ve la exterioridad de las cosas, teme a los cambios, y lo abruman las consecuencias. Dao es impulso lineal y también eterna transformación; por eso se le representa como rotación de opuestos: Ying y Yang. Moviéndose con su eterno dinamismo, el Dao expresa el orden natural. La idea china de movimiento universal se parece al reciente descubrimiento de cómo se desplaza el sistema solar o vortex helicoidal, con el sol avanzando recto a 70.000 Km/hora, cual gigantesco cometa que arrastra el torbellino helicoidal de planetas, entre ellos la Tierra. Movimiento que se repite en misteriosa sintonía dentro de cada creatura terrestre: en las espirales del DNA, en caracolas, plantas, vainas y flores; tormentas y remolinos. Incluso el pensamiento y hasta la Historia es helicoidal. En esas rotaciones y espirales, los chinos vieron el signo más característico del Dao.

Las entidades reales, como las especies de animales, aves o insectos, se conectan al Dao según su esencia. También los humanos, pero a través de las agrupaciones naturales. Para los chinos, el clan familiar es la agrupación mínima y básica. Su estructura, organización y espíritu es el Dao de sus componentes; un círculo cerrado que resguarda y preserva de la tendencia de la Naturaleza a disolver todo los que no está en vigoroso arreglo. ¡Es la Ley de la vida! Retornar lo complejo a formas más simples; desorganizar, transformar, y volver al punto inicial.

Entonces, podemos decir que en China el liderazgo es el mecanismo de conexión con el Dao. El liderazgo es la energía grupal puesta en una dirección: toda la potencia reproductiva y de subsistencia, para contrarrestar el poder disgregador de la naturaleza. En los primeros reinos ese conector entre Dao y el grupo era el Gong (el líder). El Gong poseía el poder de congregar justamente haciendo sonar un gong (un gran bombo; después un enorme plato de bronce). Ante un peligro, una urgencia que debía resolverse de modo colectivo, el Gong llamaba a los miembros y la fuerza del llamado debía ser tan intensa como para generar un efecto visceral. Porque el Gong contrae el centro nervioso del estómago (según lo explica la medicina china o Zhōng yī). El Dao, a través del Gong, desata un desequilibrio de fuerzas y agita Ying y Yang hasta que, por medio de acciones enérgicas, el grupo alcanza un nuevo equilibrio.

Una congregación de reinos se forma, preserva y continúa de igual manera. Como en la acupuntura, redes de alianzas y acuerdos mantienen el vigor del ente político organizado. Con mayor razón se aplica a la máxima creación china: el imperio o Zhangguó. Mas, en ese caso, el líder se llama Huángdì (皇帝), el emperador, única persona que puede restaurar el orden prístino porque es Tiānzì (天子), Hijo del Cielo, garante del mayor Dao (Confucio: “El Tiānzì gobierna sobre todo lo que está bajo el Cielo”). El emperador de china siempre tuvo un carácter mesiánico; su trabajo consistía en enderezar lo retorcido y ordenar lo caótico, impulsando el avance. Mas, puede ser escalofriante saber que, según algunas formas extremas de reflexión política, como la escuela legalista, desarrollado por Xunzi (荀子), discípulo de Confucio, se recomendaba que el imperio debía poseer un marco legal de tal dureza que no solo desanimase la corrupción, corrosión que carcome el imperio, sino que extirpe la disidencia política. Ambas se persiguen sistemáticamente. Un gobierno sabio no permite tal debilidad. Es inconcebible una oposición legítima contra el Hijo del Cielo. No cabe en la mente china la idea de oposición leal. Así, es lícito todo método de control policial y espionaje. El terror al poder es la manera de obtener la obediencia y eficacia gubernativa.

La vigencia de este modo de pensar llega hasta el siglo XX, y mutatis mutandis, se hizo República. Por lo que la próxima vez que lea noticias sobre China, tenga presente cuál es la lógica para cada actuar.

 

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