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EDICIÓN | Noviembre 2014

Estrella de Belén

Por Arturo Gómez M., Ex Astrofotógrafo del Observatorio Interamericano Cerro Tololo
Estrella de Belén

Es muy común el recordar algún hecho importante de nuestras vidas cuando lo relacionamos con “algo” que aconteció en ese momento. Una canción que suena en la radio, el momento de declararle el amor a nuestra futura polola. Una fecha que indica el matrimonio o el nacimiento de un hijo. Seguro que mientras lees estas líneas, se te viene a la mente más de algún recuerdo importante de tu vida…

De igual forma, es recurrente cada año recordar, en el mes de diciembre, el nacimiento de Jesús y asociado a esa fecha, la enigmática Estrella de Belén, la que guió a los Reyes Magos hasta el pesebre en donde yacía Jesús. Cada religión tiene sus propios parámetros recordatorios, según sean sus creencias que avalarían dichos inicios.

En el caso de nuestra religión católica, siempre se habló de la Estrella de Belén; pero aquí hay que hacer algunos reparos, ya que hay ciertas cosas que no calzan. Nuestro cielo estrellado, nuestro Sol o nuestra Luna, siempre están en movimiento. Ese movimiento aparente de los astros de cordillera a mar (o de este a oeste) se debe a que nuestra Tierra tiene un movimiento de rotación sobre su eje, de oeste a este. Por eso vemos “salir” al Sol por el este, cada mañana.

Las estrellas, al igual que el Sol o la Luna, siempre están en constante movimiento en el cielo. Hay algunas estrellas, en las regiones polares del cielo, que siempre permanecen visibles durante el año, formando un círculo, llamado “estrellas circumpolares”. Pero... ¿qué fue la Estrella de Belén?

Se indica que hubo la aparición de un cometa brillante, de una estrella que explotó, una Supernova, de una conjunción planetaria entre planetas brillantes, de un eclipse de luna que vio Herodes en la fecha que mandó matar a los bebés… y así, muchos acontecimientos astronómicos que se centran en esa fecha, aún incierta, del nacimiento de Jesús.

Cuando se juntan en el cielo dos planetas brillantes, como Júpiter y Venus, es un verdadero y llamativo espectáculo para los que ven esa conjunción planetaria. Pero hay “un pero”... y es que cuando está involucrado el planeta Venus, por estar en una órbita cercana al Sol, la visión de ese planeta es de algunas horas nada más, cuando está visible hacia el poniente, es decir, hacia el mar. En cambio, cuando Venus es el Lucero Matutino, lo vemos con facilidad, solamente algunas horas antes de que salga el Sol de la mañana.

Los relatos bíblicos indican que “siguieron” durante toda la noche a esa “estrella”. Lo mismo sucede con algún cometa o alguna Supernova. Si la vemos salir por el este, después de unas ocho horas, se estaría ubicando en el cielo hacia el poniente, como lo hace el Sol y la Luna.

Aunque se ve un poco enredado el tema, está súper claro si lo lees dos veces. La duda actual, es que no hay ningún fenómeno astronómico que esté toda la noche en un punto fijo en el cielo, debido al movimiento de rotación, sobre su eje, de nuestro planeta Tierra. Lo único que se acerca a algo parecido sería una estación satelital geocéntrica. En la actualidad las hay y muchas; pero que son imperceptibles a nuestra vista, si las viéramos a ojo desnudo.

Hubo también conjunciones entre la Luna y algunos planetas brillantes. Júpiter y Saturno, el de los anillos, son dos de los planetas que también estuvieron en conjunción planetaria y que pudieron estar toda la noche visibles desde algún punto de la Tierra; pero con la salvedad de que siempre estuvieron en movimiento, de este a oeste, junto al fondo de las estrellas.

Los principales acontecimientos astronómicos para esas fechas, se centran a unos seis o cuatro años A.C. (antes de Cristo). Al menos ya hay un punto de partida. Yo los invito a todos ustedes a leer en Google, las investigaciones que se han hecho en base a la tan famosa Estrella de Belén, la que al día de hoy aún es un misterio; pero llegada la fecha de la Navidad, no dudamos en absoluto en poner “la estrella” sobre el pesebre o sobre lo más alto de nuestro pino navideño, adornado de algodón, para simular la nieve, en calurosos días de verano para nuestro hemisferio austral.

 

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