Raquel es bióloga y naturalista. Apasionada por la ciencia, esta mujer se ha dedicado, por más de una década, a la recolección, registro e investigación del extremo norte de Chile. Tal es su trabajo, que ha incrementado notablemente el número de especies reconocidas, contribuyendo a la ciencia botánica mundial.
Por: Soraya Valdivieso V / Fotografía: Andrea Barceló A.
Desde el acantilado costero, Raquel observa el área urbana. Su trabajo se parece al de Charles Darwin en sus andanzas por el mundo. Tal es su similitud que observaron el mismo fenómeno. Él, en su visita a Iquique en 1835, y Raquel, en 1997, cuando dejó las algas marinas por la vegetación terrestre. Charles identificó a Iquique como un lugar ubicado en una pequeña planicie de arena, rodeado de una gran muralla rocosa de dos mil pies de altura limitante con el borde costero. Le llamó la atención el hoy famoso "Cerro Dragón", la cordillera de la Costa y el pesado banco de nubes extendido sobre el océano.
Años posteriores, Raquel, sumergida en sus exploraciones subacuáticas observó que el fenómeno de El Niño afectaba no sólo al mar, sino que al desierto y la precordillera. Ese interesante episodio, que por cierto sucede una vez al año, fue la luz que encendió su corazón, cambiando el mar por el desierto.
¿Por qué un cambio tan radical?
La botánica es una rama de la biología, es la ciencia que se ocupa del estudio de los vegetales. Entre el mar y el desierto hay gran contraste; sin embargo, los tipos de vegetación están lejanamente aparentados, aunque no presenten ninguna característica en común, salvo el no poseer movilidad; la ciencia que las estudia es la misma. El cambio fue espontáneo, una cosa llevó a la otra y, finalmente, el desierto es tan apasionante como el mar.
Por otro lado, no hay muchas investigaciones sobre la flora en el desierto.
Mucha gente ni siquiera sabe que existen estos microclimas que crean una vegetación única en el planeta. Es un fenómeno maravilloso sin registro científico, no podemos dejar pasar la oportunidad de estudiar la esencia de la familia cactácea y los ecosistemas de nieblas.
Siempre he percibido la camanchaca (niebla) en la carretera por Pampa Perdiz, antes de llegar a Iquique; jamás me imaginé que era trascendental para un ecosistema específico.
En la cordillera de la costa se encuentran seis tribus como la eriosyce, haageocereus decumbens y la cumulopuntia (nombres científicos) de las cuales descienden doce géneros y diecinueve especies. Todas estas viven en condiciones de extrema sequedad, dependiendo solo de la niebla y de lluvias esporádicas producidas por el fenómeno de El Niño.
CORRIENTE DEL NIÑO
En la antigüedad los pescadores notaron que el fenómeno persistía en la época de Navidad, "del niño Dios", de ahí su denominación. Durante este trastorno, la pesca disminuye y las aguas aumentan su temperatura (entre dos a tres grados Celsius), no se sabe con exactitud qué lo provoca, pero estimula el cambio de polo magnético de la tierra, por lo cual las corrientes cambian de dirección, los peces huyen y las algas, muchas veces, se extinguen causando la "muerte del mar" (figurativamente). Por consecuencia, existe mayor evaporación del agua, lo que incrementa el contenido líquido de la neblina que se traduce en sublime camanchaca, alimento de las plantas endémicas del borde costero, esto es llamado Ecosistema de Niebla.
¿Cómo describirías un Ecosistema de Niebla?
Los ecosistemas de nieblas son verdaderas islas pobladas de cactus, las quebradas proporcionan un espacio ideal donde se desarrollan zonas ecológicamente activas. En la Cuarta Región lo llaman desierto florido, pero aquí el tamaño es reducido. Se puede apreciar, comúnmente, en los lugares de falla geográfica, donde la cordillera se introduce al mar como Punta Chipana, Punta Lobos, Punta Patache y Punta Gruesa, los vientos predominantes son sur-oeste, la niebla es acarreada y se queda allí estacionada, lo que permite que se creen los microclimas.
¿Existen tantas flores como en el desierto florido?
Sí, la mayor parte de los cactus florecen, con ejemplares multicolores muy vivos. Por otro lado, existe el clavel del aire que vive gracias a la captación de niebla, sin poseer raíces; de estos hay grandes extensiones que llegan hasta el Perú. Es una planta muy pequeña y de lejos se confunde con maleza, pero son una maravillosa especie y tienen un gran valor endémico, nadie las había estudiado profundamente hasta mi primera publicación sobre ellas.
DESIERTO VERTICAL
La labor de Raquel está ciento por ciento ligada al trabajo en terreno, subir y descender disímiles cerros, recorrer el altiplano y pre cordillera, así se lo pasa, viajando. A pesar de ser un trabajo arduo, ha persistido durante quince años y es gracias a esa pasión que logró recopilar material visual invaluable del desierto y sus maravillas. De sus tres publicaciones destaca el libro Cactus del Extremo Norte de Chile, y fue con su esposo, Arturo Kirberg Benavides, que por diez años midieron, clasificaron y fotografiaron la familia cactácea presente en la región. El libro muestra fotos de cada especie, sus descripciones y tiempo de floración, incluye los mapas respectivos, sus semillas, enfermedades, fauna asociada, comunidades en peligro de extinción y hasta la utilización que le han dado a la madera de cactus.
El valor científico de su publicación es indiscutible, ¿qué valor social se puede atribuir a la misma?
Este libro da a conocer las diecinueve especies de cactus silvestres en las regiones de Arica-Parinacota y Tarapacá, pero el propósito de haberlo impreso es sensibilizar a las autoridades y empresas regionales frente a la necesidad de desarrollar programas de conservación y forestación de nuestra flora nativa.
¿Se podría forestar el desierto?
Estoy realizando planes piloto para forestar, y claro que es posible, debemos resguardar nuestro patrimonio. El bosque de tamarugos silvestre se extinguió porque la industria salitrera lo asaltó ocupando su leña; en 1960, la CORFO se dedicó a replantar la especie en zonas específicas del desierto. Estos estudios pilotos pueden ser la clave para la conservación, estudios de impacto y sustentabilidad del medio ambiente, pues nuestras especies nativas están en peligro de extinción.
Quince años es bastante tiempo, ¿qué crees tú que han ganado con esta investigación?
Es incalculable el valor de esta investigación, no solo para Chile, sino para el mundo entero. En el cosmos de la botánica mundial nos han reconocido como los únicos estudiosos del desierto, sobre su comportamiento climático, la ecología, fitogeografía o geobotánica (distribución geográfica), etc. Hemos logrado concluir datos concretos en el ámbito de la biología y el cambio climático. Pero sobre todo, hemos notado la falta de conocimiento de los habitantes de la región, quienes en vez de contribuir se han dedicado a destruir.
¿Quiere decir que los iquiqueños hemos destruido nuestro propio entorno?
Han existido buenas intenciones, pero el trabajo se ha llevado a cabo sin consideraciones básicas, como la necesidad de la especie y la técnica de replantación o germinación. Un ejemplo de ello son los cactus llevados al parque temático en Iquique, los cuales, lamentablemente, murieron semanas después de ser replantados. En diversos poblados ha sucedido algo similar o peor, se han trasplantado numerosas especies que mueren a los días siguientes.
Entonces hay una necesidad cultural
Por sobre todo conocimiento. Estas especies son muy delicadas y para trasplantar se deben tener conocimientos científicos de terreno, clima y ambiente. No es un trabajo difícil, pero por ahorrar presupuesto han dejado cientos de especies muertas y prontas a extinguirse.
COMO UNA FLOR
Como el desierto florido es Raquel, vigorosa, única y bellísima; a la par, se debe añadir un gran porcentaje de sabiduría y conocimiento técnico, debido a que ella es la única mujer, en Iquique, que se ha dedicado puntualmente a estudiar la biodiversidad del desierto. De niña fue muy activa y una aficionada a los deportes. Hoy el trabajo en terreno, el buceo y el Pilates la sellan con una agilidad notable. Raquel usa más la bicicleta que el auto, en su casa recicla lo que puede y se dedica a la botánica en el jardín.
Es destacada ambientalista en la ciudad, provee charlas para jóvenes, trabaja para la CONAF y actualmente se dedicada en forma exclusiva a dos proyectos del Fondo de Investigación del Bosque Nativo de CONAF, sobre los cactus de Tarapacá.
¿Qué ha sido lo más positivo?
Que publiquen mis trabajos de flora nativa regional en revistas científicas chilenas y extranjeras. Estos estudios han sido reflejados en los tres libros que logrado publicar: Oasis de niebla El Niño 1997" (1999), Tillandsia del norte de Chile y extremo sur de Perú (2005) y Cactus del extremo norte de Chile (2009). A su vez, ha sido muy gratificante dar charlas en los colegios de Iquique y sobre todo en los pueblos del interior.
¿Qué significó para su trabajo profesional descubrir y registrar la Eriosyce caligophila?
Fue emocionante encontrar un cactus que aparece solo en los años del fenómeno de El Niño, es decir cada seis a diez años y que luego se "desinfla" y es cubierto por arena hasta desaparecer. Esta planta crece en el acantilado costero a 700 m, en grietas o sustrato arenoso, fue publicada en The New Cactus Lexicon, donde se cita como probable sinónimo de Eyriosyce iquiquensis. Este registro fue motivo de una publicación destacada en la revista inglesa de cactus Bradleya.
Para esta Licenciada en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Católica de Santiago y Biología Marina en la Universidad Arturo Prat de Iquique, las cosas van en serio, cualquier colaboración que un ciudadano necesite, ella está dispuesta a proporcionarla, entregar guías, información o ayuda. Todo sea por la naturaleza de nuestro país. Su última publicación puede ser visitada en www.librodecactus.blogspot.com.