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EDICIÓN | Noviembre 2014

Experiencia inolvidable

Alexandra Mora Buvinić, estudiante work and holiday
Experiencia inolvidable

En medio de sus estudios de medicina veterinaria viajó a Australia para trabajar con canguros, koalas, peligrosos reptiles y animales domésticos. Un increíble viaje que finalizó con un recorrido por el sudeste asiático, dónde conoció otros tipos de cultura y experiencias que la marcaron de por vida.

por María Inés Manzo C . fotografía Daniela López U. y gentileza de Alexandra Mora Buvinić.

Muchos son los jóvenes que están viajando a Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca y Nueva Zelanda gracias a la visa work and holiday, que facilitan las respectivas embajadas, y que permiten que jóvenes estudiantes y profesionales chilenos (entre dieciocho y treinta años, sin hijos) puedan conseguir empleos temporales mientras disfrutan de sus vacaciones, o juntan dinero para hacerlo después, en un periodo máximo de un año. Para ello, se debe cumplir con una serie de requisitos: carta de aprobación emitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que incluye tener pasaporte vigente, certificado de nacimiento, certificado de antecedentes penales, título profesional universitario, instituto técnico superior o certificado de la casa de estudios (que acredite dos años de estudios completos y aprobados), entre otros. Y un riguroso examen de inglés.

Una de estas experiencias las vivió la estudiante de medicina veterinaria de la Universidad Viña del Mar, y ex alumna del Colegio St. Margaret´s, Alexandra Mora Buvinić (24), quien tramitó su visa work and holiday para hacer su práctica profesional en Australia. Su viaje comenzó el 21 de diciembre del 2013 (duró siete meses) y tuvo la oportunidad no solo de trabajar como veterinaria, sino también de viajar por parte del sudeste asiático y sus alrededores, partiendo por Indonesia, Tailandia, Laos, Vietnam, Camboya, China y, finalmente, India. “Quería hacer algo distinto, para recordar, porque la mayoría de los estudiantes se queda trabajando en su región o viajan a Santiago. Entonces, comencé a pensar qué país era más animalista, qué animales jamás vería en Chile y me entusiasmé con Australia. El proceso para postular es largo y no muy sencillo, pero es una inversión que vale la pena hacer. Es un viaje increíble que te cambia de por vida”, nos cuenta.

KOALAS, CANGUROS Y REPTILES

Mientras esperaba su visa, Alexandra comenzó a buscar trabajo en zoológicos y veterinarias. Sin respuesta alguna, se fue decidida a Australia con toda la confianza de que allá encontraría trabajo; así llegó a Snakes Downunder Reptile Park & Zoo en Childers, donde trabajó con koalas, canguros, caimanes y muchas serpientes. “Fue un tremendo desafío porque le tengo pánico a las serpientes; tenían pitones y la segunda víbora más venenosa del mundo, pero me atreví. Había shows todos los días y tuve que aprender cómo tomarlas, ser muy respetuosa y alimentarlas con ratones”.

¿Qué te llamó la atención de estos animales salvajes?
Tener a los canguros al lado fue como cuando vi el Opera House, La Gran Muralla China o el Taj Mahal, “una emoción que nació desde la guata”. Los tuve que alimentar y acercarme para hacerles cariño. Además, en Australia hay muchos canguros silvestres y es impresionante cómo las personas cuidan a su animal nacional. Incluso hay señaléticas en las carreteras para protegerlos. Lo mismo ocurre con los koalas, que no dejan tocarlos mucho en los zoológicos, pero tuve la oportunidad de estar más cerca de ellos en el Lone Pine Koala Sanctuary. También me tocó trabajar con un caimán y para cada show debía cerrarle el hocico, creo que esa fue uno de mis desafíos más grandes.

AMANTE DE LOS GATOS

“Luego de tres intensas semanas con animales exóticos, decidí trasladarme a la ciudad de Brisbane y trabajar en la clínica veterinaria Highgate Hill Veterinary Surgery, porque quiero dedicarme a la clínica menor y especializarme en medicina felina. Soy loca por los gatos”, comenta Alexandra. Una experiencia que complementó como babysitter y housekeeping para amortiguar los altos costos de vivir en Australia.

¿Qué fue lo más complicado?
La verdad es que empecé muy nerviosa, porque el vocabulario veterinario técnico y en inglés no lo conocía. Me regalaron un libro con todas las indicaciones, pero al principio no entendía mucho y debía preguntar. Al final me fui acostumbrando y con la ayuda del doctor, que me fue guiando paso a paso, hice por primera vez una castración de gatos ¡No podía creerlo!

¿Habías hecho alguna cirugía en Chile?
Sí, soy voluntaria de la Fundación Stuka (www. fundacionstuka.cl), que ayuda a perritos en situación de calle. Se ha hecho muy conocida, pues alberga ciento veinte animales (que van rotando), los esterilizan, los vacunan, les enseñan algunas conductas básicas, los entregan en adopción y les hacen un seguimiento para ver si las familias los están manteniendo. Ahí ayudo al doctor, Ariel Navarrete, que realiza las cirugías y me toca prepararlos y sedarlos.

¿Tus prácticas cumplieron tus expectativas?
Totalmente y el inglés fue fundamental para este viaje, porque aunque a veces me costaba debía obligarme a hablarlo y aprendí mucho más. Esta experiencia reafirmó que esta carrera es para mí, por eso, cuando termine la universidad, me iré a estudiar a la Universidad de California en Davis para especializarme.

¿Por qué California?
Porque es el país más responsable en la tenencia de animales. La tecnología es mucho más avanzada, las clínicas veterinarias son casi humanas. En Australia eran más pequeñas, como en Chile, y en Estados Unidos es donde tengo un mejor futuro.

LA BITÁCORA

Terminada su segunda práctica, de dos meses, Alexandra Mora decidió hacer un viaje por el sudeste asiático, China e India. De esta forma comenzó a juntar todo el material (boletos, fotos, entradas, etc.) y al llegar a Chile hizo una completa bitácora para no olvidar ningún detalle.

Primero llegó a Indonesia y se dejó maravillar por los paisajes paradisiacos, su gente acogedora y la religión. “La mayoría es hinduista y colocan ofrendas (inciensos, plantas y flores) afuera de los restaurantes, hoteles, tiendas de ropa, etc. para la buena suerte. En el lado sur de Bali están las Gili Island´s, tres preciosas islas donde no se permiten perros ni vehículos a motor. Ahí me llamó muchísimo la atención que los gatos no tienen cola, porque era un lugar donde solo se permitían felinos”. Además, se dejó encantar por templos y la reserva natural Monkey Forest donde, como a muchos turistas, los monos le robaron parte de sus pertenencias.

El viaje continuó en Tailandia… “Algo muy importante para mí es que este fue un viaje cultural. Visité todos los templos importantes y el que más me impresionó fue el Wat Pho, más conocido como el Templo del Buda Reclinado de Bangkok. Fue uno de mis sueños hechos realidad”. Pero aquí también pasó malos momentos cuando visitó el Tiger Temple que, según sus palabras, fue una de sus peores experiencias, pues los animales se encontraban amarrados y drogados. “Todos los turistas estábamos desilusionados por el maltrato animal y la nula regulación, no recomiendo visitarlo”, agrega.

De igual forma, vivió intensos momentos como viajar doce horas en un tren desde Bangkok al norte de Tailandia, conocer a las famosas long neck collar y llegar al maravilloso Tiger Kingdom, donde pudo conocer y tocar tigres e, incluso, darle mamadera a los más pequeños. “Cuando me estaba sacando una foto con un big cat este se paró de la nada. En ese momento me tiré asustada para atrás y me dio la corriente por el cerco eléctrico. Aunque sentí mucho dolor, tuve suerte de que no me pasó nada y pude estar con estos bellos animales”.

Luego hizo un pequeño recorrido en slow boat hacía Laos y viajó con destino a Ha Long Bay en Vietnam. “Lo que más me marcó fue conocer acerca de la guerra y visitar Los Túneles de Cù Chi que los soldados usaron. También visité el Museo de la Guerra y un galpón con gente discapacitada que fue afectada por los gases naranjas. Es muy fuerte verlos, pero a la vez generan gran conciencia. Ellos venden preciosas artesanías para los turistas y es conmovedor lo que pueden lograr”.

El fin de esta enriquecedora aventura terminó en India, país que alberga sus recuerdos más impactantes. “En Nueva Delhi, un día sentí cuarenta y ocho grados de temperatura. Es un calor insoportable, la gente duerme ¿ en las calles y realmente se siente la diferencia cultural. Visité el Lotus Temple y el controversial Karni Mata, el Templo de las ratas. Fue terrible, porque se debe entrar descalzo, hay mucha suciedad y los ratones están en todos lados. Estuve en el río Ganges y vi cómo tiraban los cuerpos desde los puntos de cremación”. Pero también se emocionó cuando se encontró frente al imponente y hermoso Taj Mahal, un lugar del que se enamoró y al que promete volver.

¿Qué recomendaciones les darías a otros viajeros?
Es fundamental contar con un buen seguro médico. Hay que tener mucho cuidado con las pertenencias, no mostrarse mucho y, sobre todo, tener los documentos a mano. Pero también disfrutar estos lugares maravillosos, porque comer (ojo con no hacerlo en la calle), dormir y viajar es muy barato. Todo mochilero anda con el libro Lonely planet, que recomienda, por ejemplo, lugares culturales para visitar. Lo que más sirve es la aplicación de celular TripAdvisor, que te certifica los mejores sitios para hospedarse y comer.

 

“Es fundamental contar con un buen seguro médico. Hay que tener mucho cuidado con tus pertenencias, no mostrarse mucho y, sobre todo, tener los documentos a mano. Pero también disfrutar estos lugares maravillosos, porque comer, dormir y viajar es muy barato”.

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