En una nueva entrevista con Tell Magazine, el nadador Oliver Elliot hace un repaso de lo que han sido estos últimos años de su carrera. La frustrada clasificación a Londres 2012, la opción de dejar la natación, el oro en los Juegos Bolivarianos 2013 y su desafortunado paso por Santiago 2014, son solo algunos de los temas abordados. Hoy, tras retomar el más alto nivel y acceder al Mundial de Doha, este viñamarino ya ve a Río 2016 en el horizonte.
por Tomás Moggia C. fotografía Vernon Villanueva B.
De pequeño, Oliver Elliot fue de esos niños que pasan todo el verano metidos en la piscina. No obstante, fue el destino el que lo llevó a sus primeras clases de natación, cuando los médicos le recomendaron el agua como tratamiento para un problema que padecía en su espalda. Fue así como, rápidamente, comenzó a ganar un sinnúmero de competencias que lo transformaron en una de las grandes promesas de la natación a nivel nacional, motivo por el cual fue invitado a asistir a Atenas 2004 con cientos de jóvenes de distintos países.
Tras esa enriquecedora experiencia, regresó a Chile y se juramentó volver a los Juegos Olímpicos, pero esta vez como deportista de alto rendimiento para así poder competir con los mejores del planeta. Cuatro años después, la promesa se volvió realidad al clasificar a Beijing 2008, donde se ubicó en el puesto cuarenta y uno entre casi cien nadadores en la prueba de los cincuenta metros libres.
“Tenía veintiún años. Fue una buena participación para la edad que tenía y por ser mis primeros Juegos. Hice mi mejor marca personal, récord nacional absoluto en cincuenta metros libres (22.75). Gané mi serie, lo que fue importante, porque en la televisión salió mi nombre como primer lugar, lo cual es impactante y te deja con una enorme satisfacción”, recuerda a más de seis años de la cita efectuada en China.
AL BORDE DEL RETIRO
Tras Beijing, vino la debacle. Rotativas de entrenadores, problemas con la federación, falta de lugares de entrenamiento y escaso apoyo económico determinaron una baja ostensible en el rendimiento de Oliver, quien por algunos periodos se vio obligado a entrenar por cuenta propia. Fue así como cosechó jornadas para el olvido en los Juegos Suramericanos Medellín 2010 y los Panamericanos de Guadalajara 2011. “Me quedé solo, sin ayuda, entrenador, ni nada. Estuve a punto de retirarme”, sostiene sobre aquella dura etapa de su carrera.
¿Qué te llevo a seguir adelante?
Mi papá. Es que él es súper esforzado. Todo lo que hace me lo transmite a mí. Creo que gracias a él soy tan perseverante en lo que hago. Hay veces que tengo cero apoyo y sigo porque ahí están mis padres apoyándome en lo que puedan.
Y en medio de todo ese periodo vino Londres 2012…
Yo ya estaba pensando en retirarme y no tenía en mente los Juegos Olímpicos. Estaba viendo cómo salvar mi carrera, ya que tenía veinticinco años y todavía me quedaba mucho por entregar. Justo aparecieron McDonald’s y Speedo, que me apoyaron económicamente y gracias a ellos todavía sigo nadando.
¿Fue un golpe muy duro quedar fuera de Londres 2012?
En su momento me dio mucha lata. Pensaba que debería estar ahí. Vi las pruebas que son importantes para mí y nada más. No quería saber nada. Me preguntaba por qué no estaba, pero al mismo tiempo me respondía que fue por falta de apoyo y porque me cortaron antes de tiempo. De lo contrario, perfectamente habría estado ahí. Me faltaron cuarenta centésimas para entrar.
Y tuviste tu revancha en 2013…
Ese fue un gran año. Para mí fue una revancha clasificar al campeonato mundial de Barcelona. La última opción para acceder era en mayo, en una competencia interna que hacía mi club en la Escuela Naval. Una semana antes tuve una lesión en el cuello. Estuve con tratamientos kinesiológicos y acupuntura, y un día antes de la prueba me mejoré. Llegué a competir e hice la marca, y hasta lloré porque me solté después de todas las cosas malas que me pasaron, desde los problemas con la federación hasta haber quedado fuera de Londres 2012. En Barcelona me encontré con las mismas caras de siempre, quedé tercero sudamericano y treinta y cinco del mundo.
Luego vino el oro en los Juegos Bolivarianos…
En la eliminatoria de los cincuenta metros libres clasifiqué segundo; el que me ganó fue el venezolano Jesús Casanova. Pero pensé que no me iba a vencer, porque él nunca había hecho menos de veintitrés segundos. En la final me tiré y empezó ganando él porque tiene mejor salida que yo, pero en el transcurso de la carrera lo pillé, tocamos y empatamos. Yo vi que mi carril salía primero, pero también que mi rival estaba festejando, entonces, no entendía nada lo que había pasado. Los empates son algo que se da una vez en un millón en la natación.
¿Qué se sintió escuchar el himno nacional en el podio?
Fue súper emocionante, porque uno sabe que esa competencia es dificilísima. Se piensa en el sacrificio, en los entrenamientos, en los padres. En todas las cosas que uno hizo para llegar a una medalla de oro. Es como un premio al esfuerzo.
UNA VIDA EN EL AGUA
Tal como cuando era niño, Oliver se sigue aburriendo sin una piscina. Y es que sin el agua no sabe qué hacer. Según sus propias palabras, se trata de algo así como su ambiente ideal, un mundo totalmente diferente. Quizá sea ese su hábitat natural. No por nada es allí donde se siente libre y se conecta consigo mismo.
Pero no todo es natación y, por lo mismo, actualmente estudia psicología tras pasar un tiempo por educación física. Su intención es ser psicólogo deportivo para ayudar a futuros campeones, para que se motiven y no se pierdan en el camino, como suele suceder con muchos.
Con tres mundiales en el cuerpo (Roma 2009, Shanghai 2011 y Barcelona 2013) y unos Juegos Olímpicos (Beijing 2008), este viñamarino de veintisiete años se ha transformado en un verdadero referente dentro de la natación criolla. Un papel que quizá no pudo cumplir a cabalidad en los Juegos Suramericanos de Santiago 2014 y donde posiblemente era uno de los favoritos de la prueba. Muchos amigos fueron a verlo, algo que rara vez se da debido a que Chile alberga pocos campeonatos de esta categoría. Dedicó sus vacaciones a entrenar, pero eso no fue suficiente.
¿Qué pasó en Santiago 2014?
No me fue como todos esperábamos. Llegamos a la eliminatoria y tuve una mala salida, entonces quedé tercero de mi serie. Terminó toda la prueba y concluí noveno, por una centésima fuera de la final. No lo podía creer. Por último, si clasificaba octavo, en la tarde me reivindicaba para pelear por la medalla, pero ya no tenía nada que hacer. No queda más que seguir para adelante y no me puedo achacar porque me vaya mal.
¿Cómo sales de esos bajones anímicos?
Estoy tan acostumbrado. Llevo muchos años en esto y sé lo que es la frustración. Sé manejar esas cosas. Hay que saber aguantar. Lo único malo es que estaba en casa y la gente esperaba que me fuera bien. Eso fue lo que más me dolió. No se dio y ahí es cuando hay que proyectarse con lo que viene. Después de los ODESUR, lo primero en que pensé fue en clasificar a Doha.
Y lo hiciste…
Sí. Hice récord nacional absoluto. Esto fue en piscina corta de veinticinco metros, que es semi olímpica. Hice la marca para el mundial y se me olvidó todo lo que pasó en Santiago 2014. Además, en octubre salí tercer lugar en 50 metros libres en el Campeonato Sudamericano de Deportes Acuáticos en Mar del Plata.
Pero ahora estoy enfocado ciento por ciento en Doha.
¿Cómo ha sido el proceso de preparación para el mundial?
En estos momentos, estamos entrenando mucho y muy fuerte, con bastante trabajo físico y sesiones de agua. Estoy nadando súper rápido, pero a la vez estoy muy cansado. Pero me siento bastante bien y estoy conforme con lo que hemos trabajado. Siempre buscamos cosas nuevas para entrenar y así mejorar distintos aspectos de la natación.
¿Qué te falta pulir?
Un poco más la técnica, potencia y velocidad. Estamos preocupados de la frecuencia de brazada, porque así se avanza más. Mis entrenadores (John Riano y Óscar Rubio) están investigando la frecuencia de brazada del brasileño Bruno Fratus para llegar a realizar lo que hace él. Eso se logra con mucho trabajo físico y con pesas en el agua.
¿Tus expectativas en el mundial?
Quiero meterme en la final en cincuenta metros libres.
¿Ya piensas en Río 2016?
Tengo que tener la fe, la confianza y la fuerza de que voy a lograr la clasificación, si no pienso así estoy perdido. Pero voy por etapas, y antes de los Juegos Olímpicos está el campeonato de Rusia el próximo año, por lo que hay que hacer marca para eso. Tengo que clasificar al mundial y una vez allí hacer la marca para entrar a Río. Después, quiero prepararme un año completo para esos Juegos Olímpicos.
“Hice récord nacional absoluto. Esto fue en piscina corta de veinticinco metros, que es semi olímpica. Hice la marca para el mundial y se me olvidó todo lo que pasó en Santiago 2014. Ahora estoy enfocado ciento por ciento en Doha”.